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Batalla de estereotipos en la alcaldía de Londres

El laborista Khan, hijo de un conductor de autobús paquistaní, será el primer alcalde musulmán de una capital occidental, si vence el día 5 al conservador y millonario Goldsmith

Los candidatos a alcalde, Sadiq Khan, en primer plano, y Zac Goldsmith.
Los candidatos a alcalde, Sadiq Khan, en primer plano, y Zac Goldsmith. AP

Un médico italiano pregunta por las políticas de vivienda. Un trabajador social holandés, sobre las propuestas para combatir la desigualdad. Una estudiante rumana vuelve a la vivienda. Sadiq Khan, candidato laborista a alcalde de Londres, asiente con la cabeza y apunta notas en su cuaderno. Al final, toma la palabra:

-¿Sabéis por qué Londres es la mejor ciudad del mundo? Por vosotros. Por su capacidad para atraer e integrar talento de todo el mundo.

Destacada la virtud, Khan procede a enumerar los problemas que acechan a la gran ciudad global. “El enloquecido mercado inmobiliario está expulsando a las clases medias de la ciudad”, señala. “El transporte público es el más caro de toda Europa. La contaminación provoca 10.000 muertes prematuras al año. Esta es la capital de la plutocracia planetaria, el lavadero global de dinero turbio. Londres se está ahuecando”.

Su contrincante, el conservador Zac Goldsmith, recibía también a votantes de otros países europeos la noche anterior. Su retrato de la ciudad es, a grandes rasgos, el mismo. La diferencia era el contexto. El acto de Sadiq Khan era en una vetusta aula de anatomía de una universidad. El de Zac Goldsmith, en un hotel cinco estrellas.

Londres se enfrenta a unos desafíos colosales. La ciudad pide política a gritos. Y sin embargo, en las elecciones a la alcaldía del próximo jueves, los londinenses no elegirán entre dos modelos políticos. Tampoco entre dos personas. Elegirán, más bien, entre dos estereotipos.

En ausencia de proyectos estrella que emocionen a los electores, las propuestas de los dos candidatos con posibilidades para ser el próximo acalde Londres no difieren mucho entre sí. Pero sus perfiles no pueden ser más distintos.

Sadiq Khan, de 46 años, es el hijo de un conductor de autobús paquistaní. Zac Goldsmith, de 41, es el multimillonario heredero de una dinastía de banqueros. Khan creció en una vivienda social; Goldsmith, en una mansión. Khan estudió en un colegio público; Goldsmith, en el elitista Eton. Khan boxeaba en el gimnasio del barrio; Goldsmith practica el críquet.

Khan es un musulmán practicante –nunca ha bebido alcohol- que defendió el matrimonio homosexual y trabajó como abogado pro derechos humanos antes de obtener su escaño por su barrio de Tooting, en el sur de la ciudad, en 2004. Goldsmith es un judío no practicante, que dirigió una revista ecologista y obtuvo su escaño por Richmond, en el oeste de la capital, en 2010. The Spectator definió a Khan como “un social demócrata de centro izquierda”. The Guardian a Goldsmith, como “un poco liberal y un poco libertario”.

Si las encuestas no fracasan, Sadiq Khan se convertirá cómodamente el próximo jueves en el tercer alcalde electo de la historia de Londres. A la rareza que constituye en estos días ser un laborista en el poder, Khan añadiría la de ser el primer alcalde musulmán de una capital occidental. Y el primero perteneciente al colectivo étnico de “británico no blanco”, que hoy representa el 55% de la ciudad.

La elección de un musulmán como alcalde de Londres –el tercer mayor mandato político personal de Europa, después de los presidentes de Francia y Portugal- enviaría un poderoso mensaje a un continente golpeado por el terrorismo islamista. Un mensaje de normalidad desde la triunfante megaurbe multiétnica.

Pero no será por la celebración de esa tolerancia y esa integración por lo que se recuerde esta campaña. Si acaso, lo será por una turbia pelea personal entre ambos candidatos.

Goldsmith ha acusado a Khan de radical, por compartir tribuna con extremistas islámicos. Khan ha acusado a Goldsmith de islamofobia. Y una campaña que prometía debatir sobre el urgente reto de la escasez de vivienda, acabó centrada en la raza y la religión.

Otro tema inevitable ha sobrevolado la campaña. Un asunto ajeno a las competencias de la alcaldía pero que supone otra de las diferencias entre los dos candidatos. Es el referéndum del próximo 23 de junio sobre la permanencia del país en la Unión Europea.

Khan es un europeísta convencido y Goldsmith -cuyo padre fue un ferviente euroescéptico fundador en los años 90 del Partido del Referéndum- es partidario del Brexit. Por eso muchos querrán ver en estas elecciones una antesala de la consulta que se celebrará un mes y medio después.

Eso es algo que puede haber distanciado al candidato tory de su jefe y primer ministro, David Cameron, que encabeza la campaña por la permanencia en Europa y que no ha desempeñado un papel activo en la contienda por Londres. Aunque las malas lenguas van aún más lejos y señalan que Cameron puede haberse resignado a perder la capital, algo que tendría el deseable efecto colateral de reforzar en su puesto de líder de la oposición a Jeremy Corbyn, un contrincante que los tories confían en que nunca podrá llevar al laborismo al poder.

Tampoco Khan, que dirigió la campaña de Ed Miliband contra su hermano David, se ha apoyado mucho en su actual jefe, Jeremy Corbyn. Khan fue uno de los 35 diputados laboristas que nominó a Corbyn, un socialista de la vieja escuela, como candidato al liderazgo “para enriquecer el debate”. Algo que los tories se han cansado de repetir durante la campaña, aunque él ha insistido en que no votó por él y ha dejado claro que no es de cuerda. Apenas han compartido actos de campaña y solo aparecen juntos en ciertos pasquines de los tories.

Desde que existe la ciudad eligió por primer vez alcalde en el año 2000, la carrera por Londres siempre ha sido más de personas que de partidos. El laborista Ken Livingston, primero, y el conservador Boris Johnson, después, han sido políticos heterodoxos en sus partidos pero con un innegable carisma personal. Y aún así, la última vez que se enfrentaron, en 2012, la participación fue de apenas un 38%. La abstención es la esperanza del equipo de Goldsmith para dar la vuelta a las encuestas. El reto de Khan, por su parte, es lograr que la gente no se quede en casa.