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Trump cuestiona el compromiso de Estados Unidos con la OTAN

El republicano condiciona la defensa de sus socios a que aporten más dinero a la organización

Donald Trump, este miércoles, en la convención republicana de Cleveland.

Si el candidato republicano Donald Trump gana las elecciones presidenciales del próximo noviembre, los días de Estados Unidos como aliado leal de sus socios europeos pueden estar contados. En Cleveland, donde el jueves por la noche se clausura la convención del Partido Republicano, Trump dijo que, si es presidente, no se sentirá obligado a defender a los países de la OTAN en caso de ataque exterior, como prescribe el tratado de la organización. Las declaraciones evidencian el abismo que le separa de las tradiciones más arraigadas de su partido, de la economía a la política exterior.

La convención termina con dudas sobre la capacidad de Trump para unir a un partido que le ve con escepticismo. El discurso del senador Ted Cruz, el miércoles en hora de máxima audiencia, expuso las divisiones. Cruz, rival de Trump derrotado en las elecciones primarias, se abstuvo de pedir el voto para el candidato, lo que desató sonoros abucheos entre los delegados. Las amenazas de Trump a la OTAN abrieron otra falla.

La obligación de la defensa mutua es el núcleo de la OTAN, lo que le da sentido en última instancia. Un ataque contra un miembro es un ataque contra todos. Desvincularse de esta obligación rompe con casi siete décadas de implicación de EE UU en la seguridad europea. Y rompe con el internacionalismo militar del Partido Republicano. Este es a fin de cuentas el partido de Eisenhower, Reagan y Bush padre, políticos que situaron el vínculo transatlántico en el centro de su política exterior.

“Hay muchos miembros de la OTAN que no pagan las facturas”, dice Trump en una entrevista con The New York Times, en alusión a las bajas contribuciones de varios al presupuesto de la organización, en comparación con las de EE UU.

Cuando el Times le pregunta si, en caso de un ataque de Rusia, los estados bálticos, que son miembros de la OTAN, pueden confiar en que EE UU acudirá a su ayuda, responde: “¿Han cumplido con sus obligaciones con nosotros? Si cumplen con sus obligaciones con nosotros, la respuesta es sí.”

“¿Y si no?”, repregunta el Times. “Bueno”, responde Trump. “No digo ‘si no’. Digo que ahora hay muchos países que no han cumplido sus obligaciones con nosotros”.

El miércoles, en su discurso a la convención, el número dos de Trump, el candidato a la vicepresidencia Mike Pence, dijo: "Donald Trump reconstruirá nuestras fuerzas armadas y estará junto a nuestros aliados”. Trump le desmiente.

En la misma entrevista, Trump amenaza con retirar a Estados Unidos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, o NAFTA en sus siglas inglesas) con México y Canadá. "Si no logro un cambio [en el tratado], saldría de Nafta inmediatamente", dice.

No es la primera vez que Trump expresa dudas sobre la OTAN. Pero la claridad con la que formula las amenazas, y el hecho de que lo haga en la convención que hace inevitable su candidatura, multiplica el impacto. La posibilidad de que Trump sea presidente, que hasta hace unos meses pocos tomaban en serio, es real.

“No tiene un conocimiento sofisticado de la política de seguridad americana, así que sigue sus instintos y dice estas tonterías. Ahora que es el nominado no puede haber más tolerancia con esto”, dice en Cleveland Mike Murphy, exasesor de políticos republicanos como John McCain y Mitt Romney, candidatos presidenciales en 2008 y 2012 respectivamente. “Potencialmente puede convertirse en un problema”. Según Murphy, “socavar la alianza de la OTAN reflejará el mal criterio de Trump y le dañará”.

Trump conecta con una parte del electorado harto de intervenciones militares. “Si vamos a enviar nuestros chicos y chicas a otros países para luchar para otras personas y defender la libertad de estas personas, deberían asumir los costes”, dice en Cleveland David Jones, delegado de Maine. “No debería ser una carga para el contribuyente americano”.

El argumento de Trump es que EE UU gasta demasiado protegiendo a países ricos y que estos podrían sufragar ellos mismos la factura. No se refiere sólo a los europeos, sino a los aliados asiáticos, otro de los pilares de la política exterior norteamericana desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Son países, dice Trump, “con una riqueza inmensa" “Estamos hablando”, añade, “de países a los que les va muy bien. Entonces, sí, estaría absolutamente preparado para decirle a estos países: ‘Felicidades, os defenderéis solos”.

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