Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
ANÁLISIS

El Gran Bus Rojo | La triste imagen de una gran tragedia

Un autobús con 28 millones de pasajeros como metáfora de la crisis en Venezuela

El Gran Bus Rojo | La triste imagen de una gran tragedia

Explicar a extranjeros - y a muchos venezolanos- lo complejo de la crisis venezolana siempre ha sido un reto. Además de elementos recientes y perversos, la crisis tiene, por supuesto, causas y explicaciones históricas. La crisis es sistémica en el sentido que abarca y disloca de forma inexorable a toda una sociedad. Es dramática por el sufrimiento inenarrable que padecen quienes viven en Venezuela y también quienes se han visto forzados a emigrar en búsqueda de nuevas oportunidades o como forma de evadir la violencia endémica y la represión de un Estado con crecientes visos criminales. En sus fauces han caído también centenares de inversores y empresas extranjeras que una vez tuvieron gran éxito y fe en el país.

 Intentando simplificar la explicación, y sobretodo explicar por dónde y hacia dónde vamos, comencé a utilizar en el 2009 la metáfora del país como un gran bus rojo; muy grande, mal pintado de rojo-revolución, con 28 millones y tanto de almas a bordo, con todo tipo de desperfectos mecánicos y un sinfín de malos hábitos y prácticas a bordo.

 Este bus estuvo conducido hasta hace poco por un carismático chofer; ensimismado y ebrio de poder. Fue sustituido a su muerte por un inculto hombre cuya profesión no podría haber sido otra que la de chofer de bus. Trágico y destructivo traspaso de mando que validó y reforzó la metáfora.

 El resultado de tal cúmulo de mala circunstancias no puede ser otra que terminar como amasijo de metal y víctimas en el fondo del abismo. Fondo que no terminamos de tocar a pesar de todas las proyecciones. Pasajeros y espectadores comparten una gran y definitiva incógnita: ¿qué tan profundo puede ser este barranco? Si unos u otros lo supiéramos, podríamos predecir el momento preciso del impacto y las consecuencias finales de esta agotadora crisis.

Este bus estuvo conducido por un carismático chofer y fue sustituido a su muerte por un inculto hombre cuya profesión no podría haber sido otra

 Le he pedido a Roberto Weil, gran artista y caricaturista venezolano, exiliado como consecuencia de la censura que hoy impera en Venezuela, ayuda para plasmar esta fatal metáfora en una imagen. Aquí el resultado. El conductor que pisotea la Constitución que fue obra magna de su predecesor, los militares que han sido una suerte de cómplices bajo lo que se denomina unión cívico-militar, la corrupción, el narcotráfico, la represión, la violencia, la resitencia de unos pasajeros que no abandonan la ruta democrática, las colas que definen hoy el diario vivir, las muertes por falta de medicamentos y cómo omitir la tortura y las mazmorras. No podía faltar PDVSA, la empresa que permitió financiar lo bueno y lo malo ayer y hasta hace poco; en fin un mosaico que hoy brindamos a modo de explicación y sobretodo a modo de alerta. No basta con cambiar el chofer de este bus, hay que entender porque es que terminamos como país en el fondo de tan profundo barranco.

 

Más información