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Peña Nieto: “Ante Trump no puedo quedarme de brazos cruzados”

El presidente de México sale a la palestra ante el aluvión de críticas por la visita relámpago del candidato republicano

El presidente de México, Enrique Peña Nieto.

Se marchó Donald Trump y México quedó en llamas. La visita relámpago del candidato republicano a la tierra que ha pisoteado una y otra vez, no gustó a nadie. Excepto en el propio Gobierno, las críticas fueron unánimes y obligaron al presidente Enrique Peña Nieto, en horas críticas, a salir a la palestra. “Los postulados de Trump representan una enorme amenaza y no puedo quedarme de brazos cruzados. Mi obligación es defender a los mexicanos”, se justificó en una inusual entrevista televisada.

Trump fulminó cualquier atisbo de esperanza. Fiel a sí mismo, a las pocas horas de terminar la reunión con Peña Nieto, se despojó de sus ropajes de hombre de Estado, abandonó la retórica del “diálogo constructivo” que había blandido ante Peña Nieto y en un multitudinario mitin en Phoenix (Arizona) volvió a su esencia. Muro, deportaciones masivas, odio al indocumentado. “México pagará el muro. Al 100%. Todavía no lo saben, pero pagarán por el muro”, remachó frente una audiencia enfervorecida.

El golpe retumbó en México. El discurso de Trump supuso la estocada final para la arriesgada diplomacia de Peña Nieto. Si alguien pensó que se había logrado tender un puente con el histriónico magnate, el acto de Arizona borró cualquier esperanza. Trump volvía a ser Trump. Ni había pedido disculpas por sus insultos ni cejaba en sus delirantes planes. México había sido una mera extensión de su campaña electoral.

El resultado fue demoledor. El equipo de Peña Nieto se quedó sólo en su defensa de la visita. A la mañana siguiente, en el universo fractal de la prensa mexicana, las críticas a la reunión eran unánimes. Por haberle invitado o por la oportunidad perdida al tenerle cara a cara. Daba igual. Ninguna voz reconocida quiso recoger el testigo presidencial. Y las encuestas flash marcaban que la visitaba era abrumadoramente rechazada.

“El presidente mexicano no tuvo el valor de decirle a Trump lo que él y los mexicanos pensamos, lo que nos hemos cansado de decir en México. Peña perdió una oportunidad de oro para hablar en nombre de su país y de su gente. Pagará su omisión en el arco de la disminuida presidencia”, escribió el intelectual Héctor Aguilar Camín. “Fue una invitación innecesaria, inútil y a destiempo. Los mexicanos estamos tremendamente enojados con Trump. El mero hecho de que Peña lo reciba, le dé la mano, aparezca en Los Pinos con él y que Trump lo llame su amigo, hará que lo poco que le queda de popularidad a Peña se desvanezca”, indicó en una columna el exsecretario de Relaciones Exteriores, Jorge G. Castañeda.

La andanada, a la que se sumó la oposición en pleno, desencadenó la reacción del presidente. Lejos de esperar a que las aguas volvieran a su cauce, Peña Nieto salió a la palestra. En un momento delicadísimo de su presidencia, con la violencia en ascenso, la economía estancada y su popularidad a la baja, el mandatario intentó retomar la iniciativa. Para ello, en un gesto muy poco habitual, concedió una entrevista televisiva a la prestigiosa periodista Denise Maerker.

En la conversación, el mandatario reconoció a las claras que el candidato republicano era “una amenaza para el futuro de México” y que en la reunión le había expresado el agravio de los mexicanos. “Yo le hice saber a Donald Trump sus posiciones indignantes. Sus postulados pueden representar una amenaza, pero no estoy dispuesto a quedarme de brazos cruzados. Quien asume la responsabilidad de defender a los mexicanos es el presidente”. En su alegato, Peña Nieto insistió en que creía haber logrado un “cambio de tono” en Trump y un reconocimiento por su parte de la “importancia de México”.

- ¿Pero no fue un error?, le inquirió la periodista.

- Hay que encarar los riesgos a los que se enfrenta México, zanjó Peña Nieto.

Aislado en su propia tierra, el presidente vio llegar una bocanada de aire desde el norte. La campaña de la candidata demócrata, Hillary Clinton, aprovechó la visita de Trump para lanzar sus obuses contra el republicano. “Trump no sólo se atragantó [ante Peña Nieto] sino que le propinaron una paliza en esa habitación. Lo que vimos de Trump fue un hombre que no tiene el coraje de abogar por las promesas intolerantes cuando no se encuentra frente a un público amistoso”, dijo John Podesta, director de campaña de Clinton. México, sin duda, ya forma parte de la contienda electoral estadounidense.

Por qué lo invitó

Una de las incógnitas abiertas por el atropellado viaje de Trump a México es el motivo por el que Enrique Peña Nieto le invitó. ¿Por qué arriesgarse tanto? ¿Por qué darle pábulo a su enemigo político número uno? En su reacción a las críticas, el presidente publicó en El Universal un artículo específicamente dedicado a esta cuestión. El texto, un repaso de los principales contenidos de la reunión privada, justifica la invitación en que “cuanto más grandes son las diferencias, más se necesita el diálogo”. “Había cosas que Trump debía saber en voz del presidente de México, empezando por el sentir de los mexicanos”, afirma.

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