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Los motines carcelarios apuntan a un conflicto entre grupos criminales en Brasil

Las autoridades temen que el pacto de convivencia entre las dos mayores bandas criminales, en vigor desde hace décadas, se ha roto

Captura de vídeo donde se ve a los prisioneros sentados en el patio de la prisión de Franco da Rocha

Desde hace décadas las dos mayores bandas criminales de Brasil, el Comando Vermelho (CV) de Río de Janeiro y el Primeiro Comando da Capital (PCC) de São Paulo, han convivido en las cárceles y en las calles del país. Les ayudaba a ello un pacto, gracias al cual llegaron a aliarse en varias ocasiones y operar como un consorcio criminal capaz de comprar armas y drogas en Paraguay, Colombia y Bolivia. Pero tres peleas registradas en tres Estados diferentes entre la noche del domingo 16 de octubre y el lunes 17 son, para las autoridades, señal de que la paz ha terminado.

Mercenarios contra un traficante

G. A.

Este 22 de junio, la banda de São Paulo realizó una operación casi digna de una película para acabar con el traficante Jorge Rafaat Toumani, de 56 años, conocido como el rey del tráfico en la frontera entre Brasil y Paraguay. Coordinaron a más de 100 mercenarios, que utilizaron hasta ametralladoras del calibre 50 —capaces de derribar un helicóptero— y fusilaron a Rafaat en plena calle. Para el padre Valdir Silveira, coordinador nacional de la Pastoral Carcelaria, la desavenencia entre las facciones puede estar relacionada con el control de las rutas de la droga. “Lo que determina las sociedades en el crimen es el control del comercio de drogas, es una cuestión de fuera de las prisiones”, afirma.

En la prisión de Monte Cristo, en la ciudad de Boa Vista (Roraima, en la frontera de Brasil con Venezuela), al menos 10 reclusos pertenecientes al CV murieron cuando un grupo del PCC invadió su pabellón con armas. Según el Sindicato de Funcionarios de Prisiones de Roraima, al menos siete presos fueron decapitados y quemados, lo que dificultó la identificación de los cuerpos.

El conflicto tuvo lugar durante el horario de visitas —momento más importante y supuestamente protegido en el código no escrito de los internos—, lo que indicaría una profunda división entre las facciones. Horas después, en una prisión de Porto Velho (Rondônia), un motín semejante acababa con ocho muertos. En São Paulo también se produjo un motín en la prisión de Franco da Rocha, que permitió la fuga de entre 200 y 300 reclusos. No se tiene información sobre muertos o heridos.

Guerra en las calles

“Se han declarado la guerra”, anunció el lunes Uziel de Castro, secretario de Justicia de Roraima. “Percibimos la ruptura del acuerdo en el ámbito nacional”. La socióloga Camila Nunes Dias, que investiga la violencia para la Universidad de São Paulo, apunta que las dos facciones se estaban amenazando desde julio, en enfrentamientos puntuales dentro del sistema penitenciario. “Hubo varios intentos de evitar la ruptura definitiva, pero después de lo que ha sucedido este fin de semana, ya no es posible”, prosigue. “Los dos grupos quieren expandirse por el resto del país y llega un momento en que empiezan a estorbarse”.

Ahora existe el temor de que la violencia se expanda a otras prisiones y que llegue también a la calle. Las dos facciones están presentes en todo Brasil y, según los especialistas, un enfrentamiento abierto entre ellas podría conllevar un aumento significativo de la violencia en todo el país.

“Es un momento de tensión y de expectativa sobre cómo va a repercutir la ruptura de esa alianza”, opina Luiz Fábio Paiva, profesor de Ciencias Sociales de la Universidad de Ceará. “Las ramificaciones de una guerra pueden llegar a la calle sobre todo en el Estado de Ceará, donde existió una pacificación patrocinada por su acuerdo de convivencia”. Hace 10 días, varios reclusos de cárceles controladas por el CV en São Paulo habían pedido el traslado a otras unidades por temor a verse atrapados en el fin de la paz.

En los últimos años, el PCC ha fortalecido su presencia en algunas de las más importantes rutas del tráfico internacional de drogas y armas. El grupo es responsable de los principales cargamentos de cocaína de Colombia y Bolivia, así como de la llegada de marihuana que procede de Paraguay.

El CV dejó de dominar estas rutas tras la entrada en prisión de Luiz Fernando Costa, alias Fernandinho Beira-Mar, en 2001 en Colombia. En aquella época, Beira-Mar compraba la cocaína a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). La guerra continúa hoy abierta.