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ALAIN JUPPÉ | Aspirante a candidato de la derecha para las presidenciales

“Bajaré impuestos y haré una dura reforma laboral”

"Si los europeos nos dividimos seremos vasallos de los imperios que se reafirman como Rusia o China"

El próximo presidente de la República Francesa será Alain Juppé (Mont-de-Marsan, 1945), según coinciden todos los sondeos. Reúne todos los tópicos del político francés de posguerra. Diplomado inspector de finanzas en la Escuela Nacional de Administración (ENA), la incubadora de los jerarcas de Francia, ha acumulado cargos políticos relevantes toda su vida: diputado, alcalde, varias veces ministro, jefe de Gobierno, presidente de su partido… Y, como muchos políticos franceses, arrastra una condena; en su caso de 14 meses por empleos ficticios en el Ayuntamiento de París cuando era la mano de derecha del entonces alcalde, Jacques Chirac.

Alain Juppe, el lunes durante la entrevista.
Alain Juppe, el lunes durante la entrevista. LE SOIR

Alcalde de Burdeos desde hace diez años, Juppé aspira a ganar el próximo mes las primarias frente a seis competidores —incluido Nicolas Sarkozy— y ser el candidato de Los Republicanos al Elíseo el año que viene. Se considera el único capaz de ganar holgadamente a la ultraderechista Marine Le Pen en la recta final de la carrera. Lo afirma en esta entrevista, realizada el lunes pasado en su elegante cuartel general, en el distinguido distrito VI de París, ante periodistas de seis diarios europeos, uno de ellos EL PAÍS.

Pregunta. Usted y el resto de candidatos en las primarias de Los Republicanos se detestan.

Respuesta. ¿Conoce usted un solo país en el que los miembros de un mismo partido se adoren?

“Soy el mejor posicionado para ganar ampliamente a Marine Le Pen

P. ¿Piensa que es el único candidato capaz de ganar holgadamente a Marine Le Pen?

R. Es un argumento que puede hacer reflexionar a muchos electores que no quieren ver llegar al poder al Frente Nacional. Sí, hoy soy el mejor situado para superar a Le Pen en la primera vuelta de las presidenciales y ganarle ampliamente en la segunda.

P. ¿Cuáles son los principales problemas de Francia?

R. No soy tan ingenuo como para pensar que Francia nada en la felicidad. Hay grandes dificultades. El paro, por ejemplo (ronda el 10 %), es muy elevado y el Ejecutivo actual ha perdido toda la credibilidad. Francia no va bien, pero el papel de un responsable político no es transmitir pesimismo, sino compartir confianza y optimismo.

P. Sus propuestas de reformas son similares a las de François Hollande. Los franceses volverán a protestar en las calles.

R. No, no. Mis medidas son radicalmente opuestas a las de Hollande. Él empezó machacando a impuestos a empresas y particulares. Cuando se percató del fracaso, hizo lo contrario de lo que había dicho en campaña. ¿Dijo que haría una reforma laboral? No. De ahí que la opinión pública y los suyos propios digan: nos ha traicionado.

No es aceptable que se haga en suelo francés la selección de personas que Gran Bretaña quiere aceptar o no

P. ¿Quiere usted una reforma laboral más dura?

R. Habrá que hacerlo. Lo explicaré bien en campaña: propongo un contrato indefinido, asegurado, en el que figurará desde el comienzo las condiciones en caso de ruptura. Si los franceses me eligen, habrán apoyado eso. Ningún sindicato tendrá legitimidad para bloquearlo.

P. ¿Cuáles serían sus primeras medidas como presidente?

R. Bajaré los impuestos en 28.500 millones: 60 % para las empresas y 40% para los particulares. El impuesto de sociedades es del 38 % y, en Irlanda, del 16 %. Propongo bajar ese impuesto de inmediato al 30 % y, para las pequeñas y medianas empresas, al 24 %.

P. ¿Cuál será su respuesta ante el terrorismo?

R. Debemos mejorar los servicios de información, aumentar las plantillas policiales o endurecer algunas penas.

P. Algunos le acusan de ser blando con el islamismo radical. Con el velo, por ejemplo.

R. El velo no tiene nada que ver con el islamismo radical. Mire las calles. ¡No vamos a impedir a las mujeres llevarlo! No hay que dictar leyes que somos incapaces de hacer cumplir. Pero estoy contra todo lo que debilite, degrade, menoscabe a la mujer. El velo integral debe ser prohibido en lugares públicos como ya ocurre en Francia. Y el burkini es algo totalmente humillante para las mujeres.

P. ¿Cuál es su mensaje a los británicos tras el Brexit?

R. Un mensaje claro: habéis votado y respetamos vuestra decisión. Ahora hay que materializarla rápidamente. No debemos perder tiempo en gestionar todas las consecuencias de la decisión, porque no se puede estar dentro y fuera. No se puede estar fuera y pretender participar en las decisiones que afectan a los que están dentro. No se trata de castigar a Gran Bretaña, sino de ser coherente. Por otra parte, Francia mantendrá una cooperación bilateral estrecha, sobre todo en el terreno militar.

P. ¿Diría usted que el Brexit tiene alguna ventaja?

R. Bueno, en Defensa siempre ha habido un bloqueo británico. Puede que ahora cambie todo. Hay que ver qué países están interesados en una cooperación reforzada: Francia, Alemania, Italia, España, Polonia, Suecia…

P. ¿Cómo lograr esa reconstrucción de Europa que usted propugna?

R. Tenemos que preguntarnos sobre los puntos en común que tenemos. Creo que hay unos valores, una cultura y una civilización europeas. Propongo una gran conferencia con intelectuales, artistas, políticos…para reflexionar sobre cuál es hoy la identidad europea. Si nos quedamos cada cual por un lado, será un desastre. Seremos estados vasallos de grandes imperios que se están reafirmando, como Rusia, China y otros.

Cuando Francia haga sus reformas estará en igualdad de condiciones con Alemania

P. ¿Y prescindir de quienes no quieran sumarse?

R. No se trata de sacrificarlos, sino de respetar su decisión. Si ellos dicen que no comparten los mismos valores, son libres de hacer lo que quieran. No les vamos a imponer nada. Vamos a una Europa de varios círculos.

P. ¿Estará entre esos valores comunes la solidaridad ante oleadas migratorias?

R. Es absolutamente urgente superar la situación actual. No hemos dado a los organismos de Schengen, y especialmente a Frontex, los medios financieros, humanos y jurídicos para cumplir su misión. Parece que esto va a cambiar y ya tenemos una policía especial de fronteras. Hay que ser claro: si no estamos preparados para ese tipo de controles, cada país recuperará sus fronteras y habrá una regresión histórica.

P. ¿Apoya el reparto de migrantes por países?

R. A condición de que sean controladas las fronteras.

P. ¿Cómo resolver el problema de Calais?

R. No se puede tolerar lo que ocurre allí. Lo primero que hay que hacer es denunciar los acuerdos (franco-británicos) de Touquet. No podemos aceptar que se haga sobre suelo francés la selección de personas que Gran Bretaña quiere aceptar o no. Es Gran Bretaña la que debe hacer su trabajo.

P. Por tanto, la frontera debe estar al otro lado del canal de la Mancha.

R. Por supuesto. No se puede responder que eso muy complicado porque los británicos no quieren. Hay que abrir el debate y lograr un nuevo acuerdo con Gran Bretaña.

P. El liderazgo europeo se hunde. ¿Aportará usted un nuevo impulso?

R. Hoy Francia no pesa simplemente porque no ha sido capaz de hacer las grandes reformas estructurales que necesita: la de las pensiones y la laboral. El día que las hagamos reconquistaremos la credibilidad y estaremos en igualdad de condiciones que Alemania.

P. ¿Qué hay que decir a Vladímir Putin?

R. Que la anexión de Crimea se nos ha atragantado porque no es conforme a las reglas internacionales. Que los acuerdos de Minsk no funcionan y que las sanciones no se levantarán hasta que se respeten. Que queremos conocer su objetivo en Siria, si quiere mantener a Bachar el Assad en el trono…

P. ¿Apoya la participación de Francia en la guerra de Siria?

R. Sí. El Estado Islámico (ISIS) nos ha declarado la guerra y tenemos que defendernos.

P. ¿Le preocupan las elecciones estadounidenses?

R. Desde luego. Las declaraciones de Trump denotan un desconocimiento de Europa y del mundo. Su aislacionismo y proteccionismo llevarían al mundo a situaciones del pasado: cada cual se replegaría sobre sí mismo y aumentaría el nacionalismo.