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Una tercera vía entre el ‘establishment’ y los nacionalismos

Expertos internacionales debaten en Madrid las respuestas al auge de los movimientos radicales que nacen del miedo global

Más allá de las ideas, el análisis político de los tiempos que corren ha de interpretar un nuevo factor emocional que ha regresado con fuerza. “Estamos ante un problema de aumento del miedo global. Crece la intensidad en el uso de uno de nuestros sentimientos más primarios y naturales para que hagamos aquello que quizá, en otras condiciones, no haríamos”, asegura Rafael Heiber, director y cofundador de la fundación internacional Common Action Forum (CAF), que este fin de semana ha reunido en Madrid a un elenco de 25 políticos, diplomáticos, filósofos, periodistas y académicos para responder a una pregunta: ¿Por qué el mundo se ha vuelto un lugar menos tolerante y más radical?

Debate del Common Action Forum 2016 el pasado fin de semana. CAF

Trump, los nacionalismos xenófobos, el Brexit, son síntomas de la reacción a unos líderes políticos que “se han metido en la fortaleza del status quo para que todo siga igual”. ¿Hay esperanza? Lorenzo Marsili, director de Alternativas Europeas, apunta en una dirección: “Hay una tercera alternativa al establishment y a los nacionalismos”.

“En los últimos años se ha producido una degeneración. Se ha producido una brecha”, ha asegurado en su ponencia Marsili, miembro de DiEM25, el “movimiento democrático paneuropeo” creado por el exministro griego Yanis Varoufakis. La “flexibilidad y resiliencia” de la Unión Europea ante las crisis, que un miembro del partido comunista chino alabó una vez en el pasado, se ha roto y ha dado lugar, según el italiano, al auge de los nacionalismos xenófobos. “Es un cambio político que el mundo no ha visto desde los años 30, y viene de la falta de voluntad de los líderes políticos para aceptar que hace falta un cambio estructural”.

Como en la década que precedió a la Segunda Guerra Mundial, la apelación a instintos primarios se ha convertido, según los expertos, en una parte central del discurso político: “Lo veo como una oportunidad de algunos grupos para mantener el poder, o más bien una oportunidad para otros grupos que no tendrían la posibilidad de escalar políticamente por las vías del discurso político tradicional”, asegura Heiber. Para el director de CAF, la narrativa del miedo mezcla dos circunstancias contemporáneas: la globalización —entendida como la circulación de bienes, de información y de personas—, y una caída en la calidad de vida de las clases medias de los países ricos. Es difícil, en su opinión, querer solo los beneficios de un mundo globalizado sin asumir ciertas consecuencias, y asegura que durante toda esta década y la próxima se pagarán las consecuencias de esa contradicción. “Yo creo que es exactamente el período que estamos viviendo hoy, el de la necesidad de cuestionar esa lógica de intentar mantener los beneficios de un sistema para nosotros y exteriorizar todo lo que no sea deseado”.

“Hay que buscar otro significado para Europa. Debe ser una unión de personas, no de mercados, y recuperar su fuerza moral”

David Hearst, periodista

El periodista David Hearst ha establecido un símil con otro momento histórico: “Como ocurrió con la Unión Soviética, la UE está en implosión”, ha dicho el excorresponsal jefe del diario The Guardian, quien ha vinculado los nuevos populismos europeos con los excesos del neoliberalismo: “Las desrregulaciones y privatizaciones son cosas que plantean un reto a la identidad nacional, a las cosas que atan a la gente a su tierra". Esto ha derivado en el auge de partidos como el Frente Nacional en Francia y otras fuerzas, dice, que "están surgiendo en el proyecto europeo para despedazarlo”. Hearst ha criticado que, mientras surgen estos movimientos en el continente, los líderes de la UE estén ocupados en negociar acuerdos de liberalización comercial, como el TTIP con Estados Unidos. “Hay que buscar otro significado para Europa. Debe ser una unión de personas, no de mercados, y recuperar su fuerza moral”.

América Latina

Pero los conatos de unión política también retroceden al otro lado del Atlántico. “Ahora vemos una tendencia a la desintegración”, reflexiona sobre Mercosur Celso Amorim, excanciller de Brasil con el Gobierno de Lula da Silva y titular de Defensa con Dilma Roussef, que asegura que los intentos de profundizar en la integración de Sudamérica “molestaron en muchas partes del mundo”. “No es casualidad que ahora tengamos estos movimientos conservadores en nuestra región”, dijo en referencia al ascenso al poder de Michel Temer, tras la destitución de Rousseff, y al Ejecutivo de Mauricio Mauricio Macri en Argentina; procesos que ha considerado similares con "la diferencia de que en Brasil no hubo elecciones”.

“El anti-intelectualismo de ahora está creado por los intelectuales, no por Trump. Florece ante el fracaso de los intelectuales”, ha apuntado el filósofo canadiense John Ralston Saul, quien ha asegurado que la puerta del racismo se abre “cuando se eliminan las otras opciones”. Opciones alternativas que sí vislumbra el italiano Lorenzo Marsili, para quien hay fuerzas en el continente europeo que “están intentando reconstruir el centro político y económico que ha fallado”. El director de Alternativas Europeas se ha referido a formaciones como el Partido Laborista de Jeremy Corbyn, en Reino Unido, a la formación de izquierdas polaca Razem o a Podemos en España, un país que Marsili ha destacado por su resistencia al miedo y la incertidumbre de nuestros tiempos: “España es el único país que no tiene un partido fuerte de extrema derecha, aunque sea uno de los que ha sufrido más con la austeridad”.

El miedo como baza política en la crisis de refugiados

La gestión de la crisis de refugiados es, según algunos de los expertos, un ejemplo de la utilización del miedo como baza política. “Se ha preferido construir una imagen de la migración y de los migrantes —por supuesto de sus migrantes, nunca de los nuestros— como un obstáculo o problema, utilizando el miedo y la seguridad como coartada para ello”, ha asegurado Félix Vacas, experto en derecho internacional de la Universidad Carlos III de Madrid. Para el profesor, el naufragio en aguas de Lampedusa donde murieron 250 personas en octubre de 2013 fue “el fin de la inocencia de Europa, de los ciudadanos europeos”, y el inicio de la reacción. Pero después de una primera respuesta humanitaria para buscar y rescatar a víctimas de naufragios, la UE, según Vacas, fue endureciendo su postura con el control de las fronteras, hasta que se pidió a la OTAN apoyo a la agencia de fronteras Frontex con operaciones militares.

“Después de 65 años, ningún país en Europa tiene una política de inmigración”, ha dicho el filósofo Ralston Saul, quien ha criticado que desde que el fenómeno llegó al continente en la década de los cincuenta del siglo pasado, siempre ha dependido de los ministerios de Interior, es decir, de “la Policía”. El canadiense ha incidido en que hacen falta “ministerios de Inmigración” que incidan en la inclusión y la integración. “Si no se repiensan estos conceptos, Occidente llevará el mundo al desastre”.