Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Trump instala el populismo en el centro del poder de Estados Unidos

Sus grandes opositores internos en el Partido Republicano empiezan a cerrar filas en torno al presidente electo

Celebración del triunfo de Trump en Nueva York.

El Partido Republicano entró este miércoles en una dimensión inexplorada tras una campaña electoral que le ha dado la victoria, pero lo ha sumido en el desconcierto y adentrado en las aguas del populismo. Donald Trump ha ganado las elecciones con un discurso incendiario, frecuentemente xenófobo y machista, sin el apoyo de los grandes referentes del Grand Old Party. Ahora estos le deben el triunfo. En la noche electoral, el presidente electo llamó a la unidad a los conservadores. La cuestión es: ¿representa Donald Trump a su partido?

Donald Trump es una criatura políticamente inclasificable. Conservador en su política fiscal y de defensa (promete bajar los impuestos y subir el gasto militar), crítico con la globalización (quiere renegociar los tratados comerciales porque los considera perjudiciales para los trabajadores americanos) y más abierto que el núcleo duro de su partido en terrenos sociales como los derechos de los homosexuales e inflexible con la inmigración. No es un republicano en esencia, tampoco un progresista. Ni es moderado, ni es radical; Trump es Trump. Ha identificado unos problemas, ha simplificado a los villanos y propuesto soluciones inconcretas, a veces iluminadas, en la línea del populismo.

Se abren ahora un millar de incógnitas sobre cómo será la nueva Administración estadounidense, la mayor potencia del mundo. ¿Su simpatía por Rusia cambiará la postura de Estados Unidos en el conflicto sirio? ¿Apoyará a El Asad? ¿De veras construirá el famoso muro de separación con México? ¿Expulsará a los refugiados, como prometió hasta el último instante? ¿Cuántos meses de vida le quedan al Obamacare, la reforma sanitaria de Obama?

Influirá mucho el tipo de Gabinete que forme. Precisamente por su condición de outsider, por su aislamiento del partido, al empresario neoyorquino no se le asocian inmediatamente nombres posibles para determinados puestos, lo que sí suele ocurrir con los políticos de carrera y sus personas cercanas. Al candidato, hoy presidente electo, le han arropado durante la campaña figuras en los márgenes del Partido Republicano: el exalcalde de Nueva York Rudy Giuliani, que estaba desaparecido políticamente; o el expresidente de la Cámara de Representantes Newt Gingrich. Ahora suenan como posibles miembros de ese Ejecutivo. También le apoya el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, aunque está sumido en un escándalo grotesco: dos colaboradores suyos han sido condenados por provocar atascos de tráfico como castigo contra un alcalde que se opuso a Christie.

Poder conservador en el Congreso y el Supremo

En cambio, a Paul Ryan, que es la máxima autoridad de los republicanos en Washington, Trump le llegó a decir palabras gruesas. Ryan se negó a hacer campaña por él —“me pone enfermo”, dijo cuando estalló la polémica del vídeo misógino del candidato— y el empresario se revolvió públicamente, usando la red social Twitter: “Nuestro débil e inefectivo líder, Paul Ryan, tuvo una mala conferencia telefónica en la que sus miembros protestaron por su deslealtad”, replicó.

Este miércoles, sin embargo, desde su Estado, Wisconsin, Ryan elogió enormemente a Trump: “Esta ha sido una gran noche para nuestro partido y ahora debemos centrarnos en unir el país”, dijo, “gracias a Donald Trump”.

El nuevo presidente electo, que ha vivido un año y medio de campaña instalado en la polémica, con comentarios machistas o xenófobos, también llamó a la conciliación tras formalizarse su victoria la madrugada del miércoles. “Ahora es el momento de la unidad entre republicanos y demócratas”, afirmó. “Quiero decir a la comunidad internacional que defenderemos los intereses de América primero, pero negociaremos con justicia”.

Los republicanos no solo han ganado las elecciones presidenciales, sino que se han reforzado en las cámaras legislativas. Y podrá nombrar otro juez conservador en el Tribunal Supremo, que en Estados Unidos es otro poder político por su papel de intérprete de las leyes y su arbitraje sobre decisiones de los gobernantes a diferente niveles. Estados Unidos afronta un periodo conservador.

Más información