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COLUMNA

El peligro de un Trump en Brasil

Los brasileños han empezado a rechazar a los políticos tradicionales a los que consideran “todos corruptos”

Brasil no está ajeno al peligro de que un Trump pueda llegar al poder. Toda una serie de componentes que se han dado cita en el esperado y temido resultado de las elecciones americanas están ya en germen en este país, que ya se cuenta entre los grandes del mundo.

Brasil sufre de un fuerte clima de antipolítica. Los brasileños han empezado a rechazar a los políticos tradicionales a los que consideran “todos corruptos”.

A Trump le dieron la victoria el electorado cristiano, el defensor de los valores tradicionales y conservadores de la familia y de la Patria. Y Brasil cuenta con tejido religioso masivamente cristiano entre católicos y evangélicos.

A Trump le han votado también las bolsas de electores más pobres, los desempleados, los desesperados, los que tienen miedo a todo lo que huela a izquierdas. Le votaron gran parte de los latinos, también ellos de raíces cristianas.

Le votaron quienes ya no creen en los partidos y buscan soluciones nuevas para gobernar a los pueblos. Ni siquiera su partido, el Republicano, apostaba del todo por él

La victoria de Trump, una mancha negra en la mayor democracia del Planeta, en el país más rico y poderoso del mundo, debería hacer sonar la alarma en países con una democracia más débil, también ellos en busca de un caudillo que acuda a salvarles.

Brasil no está ajeno a ese peligro. Ya empezaron a aparecer los primeros síntomas en las recientes elecciones municipales. La mezcla de esencias religiosas conservadoras con el rechazo y hasta desprecio por la política en un país fuertemente dividido ideológicamente, con la izquierda social en profunda crisis, constituyen el mejor caldo de cultivo para un Trump brasileño en 2018 o quizás antes.

Que no lo olviden en este momento de miedo y preocupación mundial con la Casa Blanca todos los brasileños que siguen apostando por la democracia como el único camino para la paz y la prosperidad.

Que no lo olviden los políticos. Que dejen de lado sus juegos peligrosos de apostar por remiendos en vez de intentar transformar la política con reformas drásticas, empezando por la indispensable y urgente reforma electoral.

Un Trump para Brasil es hoy, más que ayer, una posibilidad y un peligro que los brasileños que siguen apostando por los valores democráticos y por los derechos de las minorías y de los diferentes deben anatematizar.

Hoy. Sin esperar a mañana, que podría ser demasiado tarde.