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Obama promete una transición pacífica como garantía de la continuidad democrática

El presidente estadounidense pide a Trump que sea un presidente para todos

El presidente saliente de Estados Unidos, Barack Obama, prometió este miércoles una transición “pacífica” hacia su sucesor, el republicano Donald Trump, pese a reconocer abiertamente, una vez más, que no es ni de lejos la persona que deseaba que le sucediera en la Casa Blanca. Pero es importante hacer ese gesto, subrayó, como una muestra de que la democracia sigue funcionando a pleno ritmo en un país que entrega “más fuerte y mejor” que el que recibió ocho años atrás.

El presidente, Barack Obama, en la Casa Blanca
El presidente, Barack Obama, en la Casa Blanca EFE

“La transición pacífica del poder es uno de los sellos distintivos de nuestra democracia y, durante los próximos meses, vamos a demostrárselo al mundo”, dijo un serio Obama. Es lo que hizo su predecesor, el republicano George W. Bush, hace ocho años, recordó, y es lo que hará él ahora cuando, el 20 de enero, entregue la presidencia, de nuevo, a otro republicano.

Al fin y al cabo “todos queremos lo que es mejor para este país”, dijo Obama. “Por eso confío en que este increíble viaje en el que estamos embarcados continuará. Y tengo ganas de hacer todo lo que pueda para asegurarme de que el próximo presidente tiene éxito en esta tarea”.

Pero aunque hará lo que tiene que hacer personal y hasta políticamente, Obama reconoció que no será fácil. Es consciente de que Trump podría arruinar su legado tanto en política exterior —desde el pacto con Irán a los convenios comerciales internacionales o la normalización de relaciones con Cuba— como en proyectos domésticos tan personales como su reforma sanitaria.

Poco antes de que se conociera el inesperado resultado de las elecciones del martes, Obama había grabado un vídeo asegurando que, pasara lo que pasara, “el sol saldrá en la mañana”. Lo recordó unas horas más tarde, en esta mañana del día después en la que sin embargo al sol le costaba asomarse entre las nubes que cubrían Washington y buena parte de la Costa Este de Estados Unidos. En sentido literal y figurado. Todo el equipo de la Casa Blanca se mostraba este miércoles atónito ante la victoria de Trump, un hombre que durante meses y años fue objeto de chanzas y bromas entre esas paredes. En poco más de dos meses, Trump se instalará en esa misma residencia presidencial con su mujer Melania y al menos su hijo menor, Barron, y se sentará en el Despacho Oval para dictar los destinos de Estados Unidos.

Al igual que hiciera poco antes desde Nueva York la candidata derrotada —y la apuesta de Obama—, la demócrata Hillary Clinton, el todavía presidente, entre sus palabras conciliadoras, envió un mensaje urgente a uno de los rivales presidenciales más divisivos e irrespetuosos de la historia reciente: que no deje atrás a los que no lo acompañaron hasta la Casa Blanca, que el país siga siendo un país para todos.

“Lo que este país necesita es un sentido de unidad, de inclusión, un respeto por nuestras instituciones, nuestro modo de vida, el respeto de las leyes y el respeto entre las personas”, subrayó Obama. “Espero que [Trump] mantenga ese espíritu durante esta transición. Y, desde luego, espero que sea esa la forma en que comience su presidencia”, agregó.

 

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