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Nueva detención en ‘Cumhuriyet’, una de las últimas voces contrarias a Erdogan

Todos los directivos de este diario de de centro-izquierda y laico han sido arrestados

Un lector con un ejemplar del diario 'Cumhuriyet' el pasado 1 de noviembre. AFP

Sabía que en su patria le esperaba la cárcel. Pero, aún así, regresó. Quizás para acallar las voces de aquellos adeptos al gobierno que lo acusaban de escapar de la Justicia, que vociferaban que solo huyen los cobardes y los culpables. Tal y como estaba escrito de antemano, apenas aterrizó, procedente de Berlín, el vuelo 1728 en el Aeropuerto Atatürk de Estambul, un furgón de policía esperaba en la pista para llevarse detenido a Akim Atalay. Era el último de los directivos y empleados del diario Cumhuriyet, en este caso el presidente del consejo editorial, en ser apresado.

Sobre Atalay pesaba una orden de arresto de la Fiscalía de Turquía que lo acusa, como al resto de sus compañeros, de colaborar con la cofradía del clérigo Fetulá Gülen, a la que se atribuye el fallido golpe de Estado del pasado 15 de julio, y con el grupo armado kurdo PKK, dos organizaciones no solo enfrentadas entre sí, sino contrarias al ideario del periódico, de centro-izquierda turca y laico. “Se trata de una operación política contra Cumhuriyet. Ninguna de las acusaciones responde a los preceptos legales”, criticó el abogado del rotativo, Bahri Belen.

Cumhuriyet nació en 1924, un año después de que en Turquía se fundase la República, y precisamente eso significa su nombre. Fue el valedor de las profundas reformas modernizadoras emprendidas por Atatürk en las primeras décadas del nuevo régimen y durante los setenta se convirtió en el estandarte de la izquierda. Ya en los noventa y en la pasada década se alzó contra el crecimiento del movimiento islamista —que ahora gobierna el país—. Y nunca fue barato el precio que hubo de pagar por sus posicionamientos: siete periodistas y columnistas del diario fueron asesinados entre 1979 y 1999.

En los últimos años, se ha convertido en la bestia parda de Erdogan al publicar numerosas exclusivas sobre los tejemanejes del hombre que dirige Turquía desde su trono presidencial, como el envío ilegal de armas a Siria o el traslado de yihadistas a través de suelo turco con escolta oficial. Tanto llegó a tocarle las narices este periódico, que apenas rebasa los 70.000 ejemplares al día en este país de 74 millones de habitantes, que Erdogan lo amenazó: “Pagarán caro por ello”.

Cumhuriyet se ha enfrentado por ello a numerosos juicios y el pasado 31 de octubre fueron detenidos 13 empleados de la cabecera: incluyendo su director, Murat Sabuncu, varios directivos y el dibujante Musa Kart, que se encuentran en prisión provisional. Otros dos columnistas quedaron en libertad bajo fianza por razones de edad y estado de salud y dos contables fueron liberados sin cargos.

“¿Me puede pasar con alguien de la dirección?”. La voz de la operadora de Cumhuriyet adquiere este viernes un tono irónico: “Veremos con quien le pongo, de la dirección no queda nadie”. Responde, finalmente, la columnista Ayse Yildirim: “El Gobierno trata de silenciar a Cumhuriyet porque nosotros vamos tras las verdades, y la verdad les incomoda. Pero no van a lograr amedrentarnos, porque no hemos hecho nada ilegal. Todos los procesos abiertos contra nosotros se basan en las noticias que hemos publicado. Y eso es periodismo, no un delito”.

El Gobierno justifica su presión al diario progresista en que “ha sido tomado por los gülenistas” (es cierto que algunas noticias, como la del envío de armas, estaban basadas en fuentes que se cree ligadas a dicha cofradía) y que su objetivo es “retornárselo a sus legítimos dueños: los kemalistas” (seguidores de Atatürk). Pero resulta que, en una de esas cabriolas kafkianas a las que es aficionada Turquía, el fiscal que lleva el caso contra Cumhuriyet también está siendo investigado por gülenista.

El de Cumhuriyet es solo el último de una larga cadena de golpes asestados a las voces críticas con Erdogan. Clausurados la práctica totalidad de los medios kurdos y gülenistas; metido en vereda el grupo Dogan (Hürriyet, Posta, Kanal D, CNN-Türk...) que era el mayor de la oposición; y con Cumhuriyet contra las cuerdas, solo restan el diario kemalista Sözcü (287.000 copias diarias) y los más pequeños Birgün y Evrensel, ambos izquierdistas. “No tenemos miedo, pero por supuesto estamos preocupados. Cada día nos despertamos preguntándonos si nuestro diario habrá salido de imprenta porque, mediante las leyes del estado de emergencia, en cualquier momento nos pueden requisar la edición o intervenir el periódico —explica Ibrahim Varli, coordinador de ediciones de Birgün—. Erdogan llevaba tiempo intentando manipular a la sociedad y cambiar el régimen. Pero antes debía suprimir a todos los grupos que se le han opuesto y para ello está utilizando el golpe como excusa. Por algo dijo que el golpe era un regalo divino”.