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El incierto futuro de las manos exportadoras de México

Los trabajadores de las maquiladoras vislumbran el difícil trayecto de la industria en la presidencia de Donald Trump

Empleados de una maquiladora en Ciudad Juárez

Ciudad Juárez es un manojo de zozobra. Su crecimiento ha dependido durante décadas de la industria de la manufactura, pero al próximo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no le gusta lo que pasa allí. Cientos de fábricas ensamblan productos para exportar al país del norte a un precio bajísimo y, según él, los mexicanos que trabajan en esas maquiladoras tienen los trabajos que los industriales estadounidenses han perdido. La noticia de que Trump ha sido elegido presidente ha sido la conversación de los últimos días en las líneas de ensamblaje en Juárez. La incertidumbre está latente sobre el impacto que las decisiones del presidente de un país, que no es el suyo, puede tener en sus vidas.

En esta ciudad fronteriza de 1,3 millones de personas, el 60% de los habitantes trabajan en una maquiladora. Todos los días a las 15.30, decenas de autobuses hacen una coreografía que se ve por toda la ciudad: trabajadores con uniforme llegan a las fábricas para hacer el relevo de turno a los que llegaron a las seis de la mañana. Elizabeth Venegas, de 40 años, sale de la planta donde ensambla motores para electrodomésticos. Toda su vida ha trabajado en la maquila y ha visto los altibajos de la industria, pero nada como lo que la última elección del presidente de Estados Unidos ha provocado. “La gente está asustada porque nos sabemos qué va a pasar con Trump como presidente. Dicen que va a llevarse las maquilas a Estados Unidos, esperemos que no”, dice.

La campaña de Trump ha prometido a la clase trabajadora estadounidense negociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) para evitar que México siga incentivando el crecimiento de la manufactura en su lado de la frontera. El republicano lo describió como “el peor tratado comercial de la historia”, aunque todas estas fábricas consigan que los productos se vendan en Estados Unidos a un precio competitivo. “No entiendo cómo tanta gente votó por él”, comenta Venegas, que también teme por la seguridad de los suyos que migraron a ese país.

Tomás Gutiérrez, de 46 años, no cree que las amenazas de Trump puedan ser reales, pero no niega que los murmullos en las naves industriales sobre el futuro de la maquila en Juárez lo ponen nervioso. El dólar está más caro y sabe que eso, en algún punto, puede llevar a las empresas a bajar la velocidad de la marcha. “Cuando la producción baja en las maquilas descansamos dos días y trabajamos tres en una semana. Los días que no venimos a trabajar nos los pagan al 50%. Y lo que escucha uno es que con este señor como presidente puede haber menos trabajo”, comenta.

Menos trabajo es un lujo que Juárez no se puede dar, allí se fabrica el 22% de los productos de manufactura que se exportan al extranjero y México envía el 80% de sus exportaciones a Estados Unidos. Durante la noche y el día el silbido del tren se escucha mientras la máquina atraviesa la ciudad, unos minutos después se detiene para esperar que le dejen entrar a El Paso (Texas). Los trenes no dejan de llegar a Estados Unidos con mercancía, ganado, verduras y productos químicos, cerca de allí, la aduana revisa los cargamentos que también llegan en camiones.

En Ciudad Juárez hay 12 parques industriales con 330 plantas de manufactura. Este año ha sido excepcional y en las puertas de casi todas las fábricas hay letreros que anuncian vacantes. Dice Julio César Parilla, de 28 años, que así se ha mantenido la industria en los últimos años. Él no tuvo problemas cuando llegó hace tres años desde Torreón (Estado de Coahuila) para conseguir un empleo —que paga en promedio cuatro dólares al día— y que le ayudó a continuar con su vida después de que en su ciudad natal, donde trabajaba como chófer, se extinguieron las oportunidades entre el fuego cruzado del narcotráfico. Después de ver aquello, Parrilla es de los que cree que Trump puede parecerse a la epidemia de violencia que lo obligó a emigrar antes. “Si se llevan la maquila, mucha gente se va a quedar sin trabajo y de esto vivimos y comemos”.