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Austria frena el avance populista y elige a un presidente progresista

El ultranacionalista Norbert Hofer felicita al independiente Alexander Van der Bellen

Los partidarios de Alexander Van der Bellen celebran la ventaja del candidato independiente en los sondeos en Viena.

Los austriacos han rechazado situar en la jefatura del Estado a un ultraderechista. El candidato progresista Alexander Van der Bellen logró este domingo un apoyo en las urnas de en torno al 53% frente a menos del 47% del aspirante del ultranacionalista FPÖ, Norbert Hofer, según los avances del recuento. El candidato derrotado admitió la victoria de su contrincante nada más hacerse públicos los primeros sondeos. Tras una larga campaña que ha dividido al país en dos, el nuevo presidente apeló a enterrar las diferencias.

Los austriacos han apostado por un presidente progresista y europeísta y lo han expresado en las urnas con mayor claridad de la esperada. Las encuestas vaticinaban una elección muy reñida después de que el pasado mayo el independiente y exportavoz de Los Verdes se impusiera por tan solo 31.000 votos (50,3%) al candidato ultra (49,7%). La elección fue anulada por irregularidades en el recuento denunciadas por el partido de Hofer y se repitió este domingo con el mismo ganador. El FPÖ perdió la segunda oportunidad de situar a uno de los suyos en la presidencia por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial y firmó la primera derrota de un movimiento populista europeo tras el Brexit y la elección de Trump en EE UU.

Hofer adelantó en un mensaje en Facebook su felicitación al nuevo presidente. “Me hubiera gustado cuidar de Austria”, escribió. Su jefe de filas, Heinz-Christian Strache, se lanzó poco después a denunciar la “campaña del miedo” supuestamente desatada contra su candidato. “Hofer quería un cambio positivo y el sistema se ha impuesto”, afirmó. Aunque no ha conquistado la presidencia, el FPÖ ha mostrado de nuevo su fuerza en las urnas y se muestra confiado en dar la batalla en unos futuros comicios generales.

El discurso tradicional contra la inmigración y la élite política dominante ha afianzado a los ultranacionalistas y la crisis de los refugiados, que ha llevado a Austria casi 90.000 peticionarios de asilo en 2015 y otros 37.000 en lo que va de año, le ha dado el impulso definitivo. Hofer, de 45 años y número dos del partido, se ha presentado como el defensor del ciudadano de a pie frente al establishment, y ha captado el malestar y los temores de muchos ciudadanos por la crisis económica y migratoria. La incapacidad del Gobierno de coalición de socialdemócratas (SPÖ) y democristianos (ÖVP) de sacar adelante reformas que impulsen la recuperación y reduzcan el paro ha caído en el terreno abonado por la ultraderecha, que ha logrado en la carrera presidencial su mejor resultado.

Hofer, que apuesta por un acercamiento a los países del este europeo frente a los grandes de la UE y critica las sanciones a Rusia, confiaba en el viento de cola de la victoria de Donald Trump, al que su partido recibió como un símbolo del declive definitivo del establishment.

Cerrar heridas

La elección ha dividido a Austria en dos bandos y las primeras declaraciones del nuevo jefe del Estado, economista de 72 años, se dirigieron a cerrar esa herida. “Mi deseo es que cuando la gente me vea por la calle o en el metro, piense: 'Ahí va nuestro presidente, no el presidente”. Con una imagen desde el principio más presidenciable que la de Hofer, del que los votantes del FPÖ esperaban mano dura frente al Gobierno, el candidato independiente ha asegurado que cumplirá con el papel tradicional como jefe de Estado que representa al país en el exterior y busca tender puentes. El resultado indica que así lo ha percibido una mayoría de los votantes, que han optado por elegir a un jefe del Estado que promete “sensatez frente a los extremos”.

Las advertencias de Van der Bellen contra las consecuencias de elegir al candidato del FPÖ, un partido que considera un peligro para la democracia y para la permanencia de Austria en la UE, también han surtido efecto en una parte del electorado al que asustaba la idea de un presidente ultraderechista. El presidente electo destacó anoche en la televisión austriaca que su victoria demuestra que “se pueden ganar unas elecciones con un mensaje proeuropeo”, informó Efe. “Es del mayor interés para Austria, para los trabajadores y el empleo, ser un miembro de la UE. Un miembro importante y que coopera de forma positiva”, añadió.

Convertido en la esperanza progresista de una Europa sacudida por el avance populista, no tardaron en llegarle las felicitaciones. “Los austriacos se han decantado por Europa y la apertura”, afirmó el presidente francés, François Hollande, en un comunicado. El primer ministro francés, Manuel Valls, también celebró la victoria de Van der Bellen y aseguró que “el populismo no es una fatalidad para Europa”. El ministro de Economía y vicecanciller alemán, Sigmar Gabriel, admitió que el triunfo de Van der Bellen supone “un alivio” para toda Europa y una victoria “de la sensatez” frente al populismo, escribió en Twitter. Tanto Francia como Alemania afrontan elecciones el próximo año en un escenario de auge del ultraderechista Frente Nacional y la xenófoba Alternativa para Alemania, respectivamente.

El Gobierno de coalición entre socialdemócratas y democristianos, en el que en los últimos meses los desencuentros han derivado en rumores sobre un posible adelanto electoral, también interpretó el resultado como un respiro. “Es muy importante ahora que nadie se sienta como un perdedor. Todos somos austriacos”, resaltó el canciller, el socialista Christian Kern.

Bulos, sospechas y ataques en la llamada “elección del odio”

La campaña electoral por la presidencia austriaca ha durado casi un año y se ha endurecido con el paso del tiempo hasta quedar embarrada. Varios medios la han descrito como la “elección del odio” por la cantidad de mensajes denigrantes e insultantes que han circulado sobre los aspirantes.
Del independiente Alexander Van der Bellen se han difundido rumores de que estaba enfermo, hasta tal punto que acabó por mostrar un examen médico para desmentirlo. También se ha replicado una imagen suya con un perro en las montañas junto a otra en posición similar de Adolf Hitler. El candidato ultranacionalista, Norbert Hofer, se ha quejado de burlas a su discapacidad parcial —camina con bastón tras un accidente de parapente—, de mensajes que lo llaman nazi e imágenes con la cruz gamada sobre su cara.
Más allá de las redes, en las que los dos han dado la batalla para atraer votantes, los propios aspirantes a la jefatura del Estado se han lanzado dardos envenenados. Hofer ha llamado espía a Van der Bellen y le ha lanzado como si fuera un pecado capital que sea “comunista”, lo que este desmiente. El FPÖ, partido de Hofer, no ha dejado de insinuar que su oponente tiene problemas de memoria y lo ha presentado como un abuelo olvidadizo que no podrá con el cargo.
En las últimas semanas, una destacada dirigente de la formación ha lanzado sin pruebas la “sospecha” de que el padre de Van der Bellen era simpatizante nazi.
Los de Van der Bellen, mientras, han insistido en vincular al contrincante con una cofradía de extrema derecha que rechaza la separación de Austria y Alemania.

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