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EL FACTOR HUMANO

El Dr. Donald y el Señor Trump

Veamos algunos ejemplos del síndrome en algunas de las palabras que han salido de la boca o de los dedos tuiteros del Doctor Donald y del Señor Trump antes y después de las elecciones presidenciales

“No creo que haya dos Donald Trump. Creo que hay un Donald Trump”. Donald Trump en marzo de este año.

 

Robert Louis Stevenson se anticipó hace más de un siglo a la figura del presidente electo de Estados Unidos en su novela El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde. “El hombre del año 2016”, según la última edición de la revista Time, parece compartir el trastorno de personalidad múltiple que caracteriza a los dos personajes ficticios de Stevenson, cuyas dos identidades opuestas, la buena y la malvada, conviven en un mismo cuerpo.

El presidente electo de EE UU, Donland Trump. Ampliar foto
El presidente electo de EE UU, Donland Trump. AFP

“No creo que haya dos Donald Trump. Creo que hay un Donald Trump”. Donald Trump en marzo de este año.

Veamos algunos ejemplos del síndrome en algunas de las palabras que han salido de la boca o de los dedos tuiteros del Doctor Donald y del Señor Trump antes y después de las elecciones presidenciales.

Sobre el presidente Barack Obama:

Sr. T.: “El peor presidente de la historia de Estados Unidos”; “no tiene ningún problema en mentir al pueblo americano”; “un desastre total”.

Dr. D.: “Un gran honor conocerle”; “me cayó muy bien”; “un muy buen hombre”.

Sobre la educación:

Dr. D.: “No veo ningún valor en creer que la ignorancia es un buen atributo”.

Sr. T.: “Me encantan los que han recibido una educación pobre”.

Sobre la construcción de un muro entre Estados Unidos y México:

Sr. T.: “Construiré un gran muro en nuestra frontera sur”.

Dr. D.: “Hay lugares donde no se necesita un muro”; “se podrían construir verjas”.

Sobre los musulmanes:

Sr. T.: pide “una total y completa prohibición” a la entrada de los musulmanes en Estados Unidos.

Dr. D.: “Solo fue una sugerencia”.

Sobre la OTAN:

Dr. D.: “Veo la OTAN como una cosa buena”.

Sr. T.: “Creo que la OTAN es obsoleta”.

Sobre el sistema de salud público conocido como Obamacare:

Sr. T.: “Aboliremos y reemplazaremos Obamacare”.

Dr. D.: “Consideraré preservar partes de Obamacare”.

Sobre el calentamiento global:

Sr. T.: “Es un total y muy caro fraude”; “un invento de los chinos”.

Dr. D.: “Tengo la mente abierta”.

Sobre The New York Times:

Sr. T.: “Uno de los peores periódicos".

Dr. D.: “Una gran, gran joya americana. Una joya mundial”.

Sobre su rival electoral, Hillary Clinton:

Dr. D.: “Conozco a Hillary y creo que sería una gran presidenta”.

Sr. T.: “La conozco y sería un desastre como presidenta”.

Sr. T.: “Instruiré al fiscal general para que investigue a la corrupta Hillary”.

Dr. D.: “No quiero hacer daño a los Clinton; ella ha sufrido mucho”.

Esta es solo una lista muy reducida de las declaraciones de los dos Donald Trump. Existen suficientes contradicciones en su currículum verbal como para llenar un libro más largo que el de Stevenson, cuyo suspense reside en la duda que posee al lector sobre cuál de las dos personalidades de su protagonista se acabará imponiendo. Todo parece indicar a día de hoy que del mismo modo que al final de la novela el maligno Sr. Hyde se devora al desafortunado Dr. Jekyll, en el mundo real el Sr. Trump se devorará al Dr. Donald.

El secreto consiste en fijarse más en las acciones que en las palabras del presidente electo. Éstas demuestran que la mayoría de las personas que ha nominado para los puestos claves de su futura Administración se identifican más con el Sr. Trump que con el Dr. Donald. Por ejemplo, ha elegido a un hombre que niega el fenómeno del calentamiento global como jefe de la Agencia de Protección Medioambiental; a una defensora de la educación privada como secretaria de educación pública; a un conocido racista y halcón en inmigración como ministro de Justicia; a un opositor al salario mínimo como secretario de Empleo; a un propagandista de la extrema derecha blanca como su principal asesor en la Casa Blanca; a un hombre que retuiteó la grotesca acusación de que Hillary Clinton dirigió una red pedófila como asesor de Seguridad Nacional. (Una historia en la revista The New Yorker anunciando que Trump habría nombrado a Joaquín el Chapo Guzmán como jefe de la Agencia Antidroga (DEA) fue una broma.)

Sin embargo, antes de declarar que el Sr. Trump ha devorado por completo al Dr. Donald queda por ver a quién elige como secretario de Estado. Uno de los candidatos a la jefatura de la diplomacia estadounidense ha sido su nuevo mejor amigo, con el que cenó hace poco en un lujoso restaurante neoyorquino, Mitt Romney, el mismo Romney que Trump definió durante la campaña electoral como “un idiota celoso” que “no tiene ni idea”.

Lo más probable es que el patológicamente imprevisible presidente electo nos siga dando sorpresas, que el Dr. Donald y el Sr. Trump sigan disputándose la primacía a lo largo de los cuatro años del mandato que les tocará compartir. Lo cual no es motivo para dudar de que la revista Time acertara el miércoles al nombrarle “el hombre del año”, ni de que el New York Times se equivocara al publicar una columna sobre Trump el día después titulada “el loco del año”.