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Argentina ya tiene su primer perro clonado por encargo

Una familia de Buenos Aires paga entre 60.000 y 100.000 dólares por una copia genéticamente idéntica de su mascota, muerta este año

El perro clonado, al poco de nacer. BIOCAN | EPV

“No puedo olvidarte” es, tal vez, la frase más trillada e inexacta de las que se mencionan en cuestiones del amor. Sin embargo, existe un método que puede saciar esa necesidad, a pesar de tratarse de un sentimiento perentorio. Una familia argentina así lo entendió y ordenó la clonación de Antony, el perro que los acompañó hasta principios de este año, cuando murió de viejo. El costoso y lento proceso oscila entre los 60.000 y 100.000 dólares y, según lo relatado por los especialistas a EL PAÍS, el resultado es un animal que “tiene el mismo tiempo de vida que cualquier otro perro”. Está previsto que próximamente se haga también con gatos.

La familia, que prefirió mantener en reserva su identidad, se contactó con la firma argentina BIOCAN, única representante en América Latina de Sooam Biotech Research Foundation, un laboratorio de Corea del Sur que presume de haber realizado 1.000 clonaciones exitosas. El proceso en cuestión se llama Somatic Cell Nuclear Transfer (SCNT) y consiste en la extracción del núcleo de una célula somática –en el caso de Antony, un pedazo de su piel-, que luego es transferida al óvulo al que se le suprime su material genético. El embrión logrado se introduce en una hembra que lo gesta en forma natural.

El perro cuando tenía unos pocos días de vida. BIOCAN

Sooam Biotech Research Foundation fue creada por el científico coreano Hwang Woo-Suk. Hwang protagonizó a finales de 2005 un enorme escándalo científico tras revelarse falso su anuncio de que había clonado embriones humanos. El comité que investigó sus actividades concluyó en cambio que sí había llevado a cabo con éxito la clonación del primer perro. El científico fue condenado a dos años de cárcel, pero la pena fue suspendida.

“El can es el animal más humanizado del planeta, al punto que convive con nosotros, duerme con nosotros, come con nosotros, lo llevamos de vacaciones y entiende el idioma del país en el que se lo cría. Si el amor es el mismo, esto no cambia nada. Esto no va contra nadie ni estamos reviviendo a nadie. Hacemos un gemelo del anterior y le damos la posibilidad a la familia de volver a tenerlo”, afirma a EL PAÍS Daniel Jacoby, director de BIOCAN. “No alteramos ningún ciclo natural de la vida. El can fallece, no es que nosotros lo resucitamos. Hacemos un proceso genético para que salga un can idéntico al anterior, con las mismas características físicas y la parte conductual se la da la misma familia que decidió la clonación”, detalla el especialista.

Antony llega a Argentina la próxima semana. BIOCAN

En palabras de Jacoby, el proceso parece más simple de explicar que de realizar, aunque ya se hicieron más de 1.000 clonaciones de perros en todo el mundo. Estados Unidos, Canadá, Japón, Rusia, India, China y Australia son los países que más se han subido a esta moda. “Un veterinario se encarga de extraer el tejido epitelial (de la piel) y ese material lo llevamos al laboratorio de la Facultad de Agronomía para que se realice la reproducción celular. Una vez que las células están formadas se depositan en tubos con nitrógeno líquido, se las envía a Corea del Sur, donde se eligen las mejores células para iniciar el proceso de clonación. En total obtenemos 24 muestras; 18 las enviamos y las 6 restantes lo colocamos en un banco de células por cualquier inconveniente”, explica Jacoby.

“Estamos congelando muchas células de animales vivos. Algunos propietarios esperan que el animal muera para iniciar el procedimiento. Esto es peligroso porque en un porcentaje no se puede aislar material útil. Desde hace algún tiempo ofrecemos el servicio de preservación genética de mamíferos. La ventaja es que el material criopreservado se mantiene en forma indefinida”, agrega al diario Clarín Daniel Salamone, director del Laboratorio Biotecnología Animal e Investigador principal de INPA-CONICET. El fue quien recibió la muestra de Antony.

El proceso demanda casi un año de trabajo y Jacoby se esperanza con que en un futuro cercano se abaraten los valores que hoy oscilan entre los 60.000 y 100.000 dólares. “Las familias siguen todo el procedimiento en forma especial y a veces hasta los invitamos a Corea”, el lugar donde nace su nueva/vieja mascota. La entrega se hace en el país donde vive el cliente y el can viaja en vuelos especiales, de ser necesario, con jaulas presurizadas. “Hubo unos cuantos pedidos más a partir del caso de Antony. Llamaron para preguntar y sacarse dudas dueños de diversos tipos de perro, desde un pitbull hasta un caniche toy”, revela Jacoby, quien ya piensa en abrir el mercado a los gatos.