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El deshielo entre Cuba y Estados Unidos cumple dos años bajo el mazo de Trump

La mejora de relaciones iniciada por Obama y Raúl Castro pende de un hilo por la entrada del magnate a la Casa Blanca, amenazador con La Habana

Obama y Raúl Castro en La Habana en marzo de 2016.
Obama y Raúl Castro en La Habana en marzo de 2016. AFP

Este sábado 17 de diciembre se cumplen dos años de la alocución coordinada en la que Barack Obama desde Washington y Raúl Castro desde La Habana dieron por concluida la Guerra Fría entre la Cuba aún socialista y los Estados Unidos.

Pero este segundo aniversario del deshielo no cuenta con el optimismo de los tiempos de aquel anuncio o siquiera del primer aniversario, porque el garante del pacto, Obama, cederá su puesto el 20 de enero a Donald Trump, que ha prometido echar por tierra el legado del primer presidente negro, Cuba incluida.

“Liquidaré el acuerdo”, ha dicho Trump. Vagamente ha expresado que quiere renegociar el acuerdo con La Habana y exigir más en derechos humanos, un flanco que a Obama le ha valido críticas que lo acusan de blando, si bien el presidente llegó a hacer un sólido alegato en favor de la democracia en la propia capital cubana ante la plana mayor del régimen en su vista de marzo.

Las remesas, liberadas por Obama, están ayudando a sostener la economía cubana

Trump es un nubarrón que se cierne sobre el proceso justo cuando se abre más espacio con el fallecimiento de Fidel Castro, a quien se le debía un respeto ideológico que disuadía a la dirigencia cubana de aumentar la zancada reformista, de por sí corta por el temor de la nomenclatura a perder el control de la transición.

El asesor de Obama para Cuba, Ben Rodhes, declaró esta semana que tumbar los avances “dañaría al pueblo cubano, a sus emprendedores y a las familias que dependen de las remesas”, pues Obama eliminó el límite de envío de dinero, que supone ya 3.000 millones de dólares anuales para la isla.

Con la normalización de relaciones el flujo de cubanos y de sus capitales entre Estados Unidos y la isla ha aumentado y supuesto un flotador económico para Cuba en tiempos de nuevas penurias económicas. Venezuela se cae y La Habana no cuenta con la billetera caraqueña de antaño, por lo que los restaurantes, hostales y demás pequeños negocios que pone la gente con dinero de los emigrados están ayudando a mantener la microeconomía.

Eso converge con un aumento sólido del turismo, que debería acelerarse aún más una vez reiniciados los vuelos directos de Estados Unidos a Cuba.

Siempre y cuando Trump no suelte el mazo.

Nadie sabe lo que hará. Analizando su gabinete se llega a hipótesis contradictorias. Puede pensarse que adoptará la vieja línea dura con Cuba porque en su equipo de transición ha incluido al cubanoamericano Mauricio Claver, un lobbista a favor de sostener el embargo. Pero también cabe pensar que vea en Cuba una buena posibilidad de negocios. Trump es ante todo un empresario y ha nombrado como Secretario de Estado, jefe de la diplomacia, a Rex Tillerson, presidente de la petrolera ExxonMobile, con reputación de pragmático.

Cuba pasa por un instante muy delicado por el estancamiento económico, la emigración de jóvenes y el enevejecimiento demográfico

Los sondeos indican que la opinión pública americana favorece el deshielo, con tres cuartos de los consultados a favor, según encuesta de Pew Research.

Los intereses empresariales americanos son otro elemento clave. Cadenas hoteleras, fabricantes de maquinaria de construcción, compañías de cruceros, aerolíneas y otros sectores tienen negocios en marcha o en proyecto con Cuba y harán oír su voz en Washington para que continúe la normalización. Esta semana el presidente de Google, Eric Schmidt, firmó en La Habana un acuerdo para mejorar los servicios de su compañía en la isla, y se espera que en breve trascienda algún trato de General Electric con el Gobierno cubano.

El presidente Castro, impulsor de las reformas hacia una economía más abierta bajo partido único, y su equipo se mantienen a la espera de que Trump tome el mando. Mientras tanto, digieren la muerte del líder histórico dando muestras inequívocas de que en su horizonte no está abrir la mano a la oposición política, con detenciones cortas de figuras de la disidencia y otra más severa, la de Danilo Maldonado, arrestado y encarcelado por dibujar tras el fallecimiento de Fidel un grafiti en una pared del hotel Habana Libre con la leyenda “Se fue”.

Con el relevo de timón anunciado para 2018, el vicepresidente Miguel Díaz-Canel como favorito para suceder a Raúl Castro, el ejecutivo se encuentra en un instante muy delicado por el estancamiento económico, la incesante emigración de jóvenes, que crece por miles cada año, y el envejecimiento demográfico.

Cuba ve marchar con melancolía los tiempos de avenencia de Obama y aguarda con real ansiedad a conocer los designios de la Administración Trump.