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El choque entre Trump y Obama sobre Israel enturbia la transición en EE UU

El presidente electo critica la abstención de EE UU en una resolución de la ONU contra Israel

Trump, el pasado día 16 en Orlando (Florida).

Ya no hay disimulo ni esfuerzos para mantener la apariencia de armonía. La normalidad institucional en el traspaso de poder en Estados Unidos se rompió el miércoles cuando el presidente electo, Donald Trump, acusó al todavía presidente Barack Obama de ponerle “obstáculos” y pronunciar “declaraciones incendiarias”. La ruptura se escenificó también en el discurso del secretario de Estado, John Kerry, defendiendo la política de Obama ante Israel frente a las descalificaciones del Gobierno israelí y del propio Trump. La Casa Blanca recuerda que en EE UU hay un solo presidente y que, hasta que Trump ocupe el cargo a partir del 20 de enero, este es Obama.

Unas horas después de esa acusación, Trump aseguró que había acercado posiciones con Obama. "Me llamó. Tuvimos una muy buena conversación sobre cosas generales. Fue una llamada muy bonita y creo que cubrimos mucho territorio", dijo el republicano a los periodistas en su resort de Mar-a-Lago en Florida.

En un discurso en Washington, la mañana del miércoles, uno de los últimos antes de abandonar el cargo, Kerry señaló que las políticas del Gobierno israelí complican la futura negociación de una paz que incluya la coexistencia de dos Estados, uno israelí y otro palestino. Rechazó la teoría, expuesta por el Gobierno israelí, según la cual la Administración Obama orquestó la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada el viernes, en condena de los asentamientos israelíes en territorio ocupado. EE UU se abstuvo.

El discurso, que refleja una tensión poco habitual entre los Gobiernos de EE UU e Israel, es un ejemplo de los gestos tardíos de la Administración Obama que quedarán invalidados con la llegada de Trump al poder. Trump, coordinado con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, intentó sin éxito la semana pasada abortar la resolución.

En un mensaje en la red social Twitter, publicado este miércoles, anticipó que todo cambiará a partir del día que jure el cargo: “No podemos seguir permitiendo que se trate a Israel con este desprecio y falta de respeto total. Solían ser grandes amigos de EE UU, pero ya no. El principio del final fue aquel horrible acuerdo con Irán, ¡y ahora esto (ONU)! Mantente fuerte, Israel, el 20 de enero se aproxima rápido”.

La transición presidencial es siempre uno de los momentos más delicados de la democracia estadounidense, dos meses y medio en el que conviven a la fuerza un presidente que se va y otro que llega, en el que deben ocuparse centenares de cargos clave en la administración y en el que el peligro es el vacío de poder, o la duplicidad.

Si los presidentes en cuestión son figuras tan dispares como Obama y Trump, el riesgo es mayor. La primera potencia mundial proyecta estos días una imagen extraña, con dos presidentes que envían mensajes opuestos y uno, el presidente electo, descalificando en público, e intentando sabotear las iniciativas de quien es todavía el presidente legal.

“Estoy haciendo lo que puedo para no tener en cuenta las muchas declaraciones incendiarias y obstáculos del Presidente O. Pensaba que sería una transición suave - ¡NO!”, escribió Trump en otro de sus mensajes en Twitter.

No está claro a qué respondía este mensaje. Quizá a una entrevista en la que Obama dijo que, de haber sido él el candidato demócrata en las elecciones del 8 de noviembre, habría derrotado a Trump. O a una velada crítica del presidente saliente al nacionalismo y la xenofobia de su sucesor durante un discurso en Pearl Harbor (Hawái) el martes, cuando dijo: "Aquí recordamos que incluso cuando el odio arde con más fuerza, incluso cuando el impulso del tribalismo es más primario, debemos resistir lo que nos lleva a demonizar a los que son diferentes”.

O quizá sea una reacción a todo esto: la irritación ante un presidente, Obama, que mantenido un respeto exquisito por las formas pero no ha ocultado su disgusto con las maneras y las ideas de Trump, y que, como demuestra la abstención en la resolución de la ONU, no ha renunciado a seguir gobernando hasta el último día de su mandato.

Tras la victoria de Trump en las elecciones del 8 de noviembre, Obama insistió en ofrecer toda la colaboración posible a Trump y expresó el deseo de que su presidencia fuese un éxito. Al mismo tiempo, Trump se declaró repetidamente admirado por la figura de Obama y explicó que varias veces este le había ofrecido su consejo. 

Detrás de la aparente armonía se fraguaba la crisis casi desde el mismo momento en que, dos días después de la jornada electoral, Obama recibió a Trump en la Casa Blanca. Las diferencias entre ambos son demasiado extremas para que pudieran mantener la sintonía. Trump llevaba años propagando el bulo racista según el cual Obama no había nacido en EEUU. En la campaña, Obama dijo que Trump no estaba capacitado para ser presidente.

Las primeras tensiones salieron a flote hace dos semanas cuando se filtraron nuevas informaciones sobre el papel de Rusia en la campaña electoral. Según los servicios de espionaje de EE UU, la Rusia de Vladímir Putin interfirió en la campaña robando y distribuyendo correos electrónicos del equipo de la demócrata Hillary Clinton, la rival de Trump en las elecciones. Y esta operación de sabotaje tenía por objetivo favorecer la victoria de Trump, según estas informaciones. Trump reaccionó despreciando a la CIA para exculpar a Putin. The Washington Post adelantó este miércoles que la Administración Obama prepara sanciones y otras medidas punitivas contra Rusia, país con el que el presidente-electo quiere mejorar las relaciones.

La abstención en el Consejo de Seguridad de la ONU que condenaba los asentamientos de Israel agravó la disputa. Trump, coordinado con Netanyahu, maniobró para evitar el voto, y presionó a Obama para que EE UU no se abstuviese e incluso llamó por teléfono al presidente de Egipto, Abdelfatá Al Sisi, patrocinador original de la resolución.

El tercer episodio que ha enfrentado a ambos presidentes es más mundano, pero seguramente es el que ha colmado la paciencia de Trump. “El Presidente Obama dijo que cree que habría ganado contra mí. Es lo que debería decir pero yo digo ¡DE NINGUNA MANERA!”, reaccionó Trump en Twitter a la entrevista reciente de Obama.

El enfrentamiento entre Trump y Obama va más allá de episodios puntuales. En la política hacia Rusia o hacia Israel o el cambio climático, Trump plantea un giro brusco, y Obama intenta blindar algunas de sus iniciativas antes de abandonar el poder. Al equipo de Trump le disgusta que Obama tome decisiones de calado en el periodo interino de dos meses y medio entre una y otra presidencia.

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