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Donald Trump recrudece su ataque a los servicios de inteligencia

En su primera rueda de prensa en seis meses, el presidente electo no deshace las sospechas de conflicto de interés

Donald Trump intensificó este miércoles la guerra contra los servicios de inteligencia de Estados Unidos, el país que liderará a partir del 20 de enero. En una rueda de prensa, el presidente electo dijo que era “escandaloso” que estas agencias permitieran la filtración de rumores sobre supuestos documentos comprometedores en manos de Rusia. La filtración, avisó, es “una mancha tremenda” para estos servicios. “Era algo que la Alemania nazi habría hecho, y hacía”, dijo. Los vínculos de Trump con Rusia y los conflictos de interés entre sus empresas y su futura función pública amenazan con lastrar el inicio de la presidencia.

Donald Trump, en su primera rueda de prensa en seis meses en Nueva York el miércoles 11 de enero de 2017. FOTO: AFP

Era su primera rueda de prensa en seis meses, poco más de una semana antes de que se convierta en el presidente número 45 de Estados Unidos. En la Torre Trump de Nueva York la expectación era máxima. El presidente electo compareció acompañado del vicepresidente electo Mike Pence y sus hijos Don Júnior y Eric, además del equipo de abogados encargado de avalar sus decisiones para deshacer las sospechas sobre sus conflictos de interés.

Trump, que además de constructor de rascacielos y fallido empresario de casinos fue estrella de la telerrealidad, escenificó la comparecencia como un reality show, con el drama, las digresiones, la confusión, los exabruptos propios de un espectáculo de este tipo. Hablaba a ratos en tercera persona de sí mismo. Bromeaba sobre su alergia a los gérmenes para negar que hubiese participado en orgías en Moscú. Descalificó a periodistas y medios de comunicación y negó la palabra a uno de los periodistas de uno de estos medios, CNN. Aclaró pocas dudas y terminó citando con el estribillo de su reality show El aprendiz: You're fired, "estás despedido".

“Sobre el pirateo, creo que fue Rusia”, dijo Trump, en la primera admisión clara, por su parte, de la responsabilidad de este país en el intento de sabotaje de las elecciones del 8 de noviembre. Los servicios de inteligencia estadounidenses creen que ayudar a Trump era el objetivo del robo y difusión de correos electrónicos del equipo de la candidata demócrata Hillary Clinton. El presidente ruso, Vladímir Putin, controló la operación, según estas fuentes.

Las conclusiones, divulgadas en diciembre, abrieron un enfrentamiento entre el presidente electo, que se negaba a aceptarla, y la llamada comunidad de inteligencia, irritada por las burlas y ataques del próximo comandante en jefe.

El caso se complicó unas horas antes de la rueda de prensa, cuando se conoció que los jefes del espionaje de EE UU han transmitido a Trump una información no verificada pero potencialmente muy dañina para el futuro presidente. En un documento, entregado a Trump el viernes, constan detalles escabrosos que podrían comprometer a Trump y que Rusia podría usar para chantajearle. El informe también señala contactos entre el equipo del presidente electo y agentes rusos durante la campaña electoral.

Ninguna de estas alegaciones, que llevaban meses circulando por Washington pero nadie había publicado al ser imposible de demostrar, está refrendada por fuentes públicas ni pruebas concluyentes, y de hecho contienen algunos errores de bulto. Medios estadounidenses apuntan que el documento es obra de un exagente británico que lo elaboró para grupos políticos contrarios a Trump durante la campaña.

La CNN abrió el fuego el martes al revelar que los servicios secretos habían informado a Trump de la existencia del informe. Fue la filtración de esta noticia en la CNN, y la publicación de supuesto informe en Buzzfeed, lo que desató la ira de Trump contra los periodistas de estos medios, y contra los servicios de inteligencia que supuestamente quieren perjudicarle.

“Creo que fue escandaloso, escandaloso que las agencias de inteligencia permitieran que saliese información que resultó ser falta, un bulo”, dijo Trump. Antes, en la red social Twitter, escribió: “Nunca se habría debido permitir a las agencias de inteligencia que filtrasen estas noticias falsas al público. Un último disparo contra mí. ¿Vivimos en la Alemania nazi?”

Toda comparación con la Alemania nazi siempre es delicada en el debate político, pero que la utilice el próximo presidente para describir su propio país y golpear a sus espías muestra lo insólito de los Estados Unidos de Trump, que en la campaña tuvo el apoyo del Partido Nazi de EE UU.

El miércoles por la noche el director de inteligencia nacional, James Clapper, dijo en un comunicado que habló con Trump para comunicarle su pesar por las filtraciones. Ambos coincidieron en que eran "extremadamente corrosivas y dañinas para la seguridad nacional".

Clapper, responsable de coordinar las agencias de espionaje estadounidenses, insistió en que el documento filtrado no fue elaborado por las agencias y dijo que no creían que fuese fiable. Pero confirmó que, como adelantó CNN, estas informaron al presidente electo de su existencia.

El caso ha introducido en EE UU el término ruso kompromat, el material comprometedor —de carácter sexual, por ejemplo— destinado a dañar a un adversario. Si el kompromat, en este caso, existe, o es ficticio, sus efectos pueden ser los mismos. El presidente electo, que jaleó las filtraciones sobre Clinton, que propagó mentiras y desafió a la CIA, ve ahora como todo esto se le gira en contra. Y se prepara para asumir el cargo con parte del establishment de la inteligencia —parte fundamental del aparato de seguridad nacional— enfangado en luchas internas.

Conflictos sin resolver

El otro problema que afronta en este convulso traspaso de poderes es la sospecha de que sus empresas puedan beneficiarse de su poder político. Publicar sus declaraciones fiscales, como llevaban décadas haciendo los candidatos presidenciales, arrojaría luz sobre estos asuntos, pero el presidente electo volvió a negarse a hacerlo.

La rueda de prensa debía servir para resolver el problema del conflicto de interés. La solución es ceder la gestión de las empresas a Don Jr. y Eric y congelar acuerdos internacionales. La abogada Sheri Dillon explicó en la rueda de prensa que Trump donará al Departamento de Tesoro los pagos de extranjeros en hoteles de Trump. Se trata de evitar violar la cláusula constitucional que impide al presidente recibir pagos que puedan parecer sobornos.

"Lo que el presidente electo ha anunciado hoy no cumple con los estándares que sus mejores nominados [a cargos en la administración] están cumpliendo y que todos los presidentes en las últimas cuatro décadas han cumplido", dijo Walter Schaub, director de la Oficina de Ética del Gobierno.

El arreglo no resuelve el principal problema con el conflicto de interés: Trump seguirá siendo el propietario del grupo y cualquier beneficio acabará siendo un beneficio para Trump o su familia.

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