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Peña Nieto sobre el muro de Trump: “Atenta contra nuestra dignidad”

El presidente de México rechaza las pretensiones del magnate republicano y busca establecer un diálogo basado en el respeto

Enrique Peña Nieto en un acto en Los Pinos el pasado lunes. JOSÉ MÉNDEZ (EFE) Atlas

El muro con el que sueña Donald Trump empezó a construirse esta mañana. El futuro presidente de Estados Unidos, fiel a sí mismo, aprovechó su primera conferencia de prensa en meses para pisotear a su vecino del sur y reiterar que no sólo erigirá lo antes posible la divisoria, sino que la obra será pagada por México. El anuncio, que disipa los sueños de aquellos que creían que la proximidad al poder moderaría a Trump, desató una ola de indignación al sur del río Bravo. El propio presidente de México, Enrique Peña Nieto, habitualmente cauto en sus respuestas a Washington, salió a la palestra y rechazó con firmeza el órdago de Trump.

“En ningún momento aceptaremos nada en contra de nuestra dignidad como país, ni de nuestra dignidad como mexicanos. No son negociables principios básicos, como nuestra soberanía, el interés nacional y la protección de nuestros connacionales. Es evidente que tenemos algunas diferencias con el próximo gobierno de Estados Unidos, como el tema de un muro, que México, por supuesto, no pagará”, afirmó Peña Nieto.

En su alocución, el presidente también rechazó las continuas invectivas proferidas por Trump contra las empresas estadounidenses que tercerizan en suelo mexicano. Unas amenazas, acompañadas del anuncio de castigos fiscales, que han logrado que gigantes como Ford den marcha atrás a su proyecto de invertir 1.600 millones de dólares en San Luis Potosí, o que Fiat Chrysler considere una “locura” ampliar su industria en México.

En su defensa de los intereses nacionales, Peña Nieto hizo públicos tres objetivos que espera lograr en la negociación más difícil de su sexenio: mantener libre el flujo de remesas, que las repatriaciones de indocumentados se hagan de forma ordenada y humanitaria, y que Estados Unidos evite el tráfico de armas y persiga el dinero del narcotráfico. Una lista de buenos deseos ante los que Trump, hasta la fecha, no ha mostrado ninguna sensibilidad. Por el contrario, el magnate republicano no ha dejado de vapulear a su vecino con medidas ultraproteccionistas como el anuncio del desmantelamiento inmediato del Tratado de Libre Comercio, piedra angular de una economía que dirige el 80% de sus exportaciones a Estados Unidos.

Ante este maremoto, el deseo de la Administración mexicana es abrir un cauce negociador capaz de soportar las intemperancias del futuro presidente de Estados Unidos. Para ello, Peña Nieto ha puesto al frente de la diplomacia a Luis Videgaray, el hombre que preparó la visita de Trump a México. El fracaso de aquella reunión, convertida por el republicano en un acto de campaña, le hizo caer en desgracia. Pero el triunfo electoral del magnate le rescató del olvido y revalidó su tesis de que era mejor negociar con el adversario que darle la espalda. Designado secretario de Asuntos Exteriores a principios de año, se le ha confiado la casi imposible misión de establecer un diálogo estable. A su favor cuenta con su enorme proximidad con Peña Nieto, de quien es el principal valido, pero también con una valiosa conexión con el influyente Jared Kushner, yerno de Trump y uno de los más influyentes consejeros de la nueva corte imperial.

La tarea no es fácil. La propia insistencia de Trump en que el muro lo pagará México lo demuestra. El multimillonario, con su instinto de escualo, ha descubierto un filón con sus ataques a los mexicanos. Gran parte de sus electores apoyan esta humillación gratuita. Empobrecidos por años de crisis y posiblemente asustados por su caída en la escalera social, la ven como un resarcimiento frente a un posible competidor. Trump juega con este sentimiento, como demostró en su comparecencia al afirmar sin empacho que México “sacó provecho de Estados Unidos” y que por eso atrajo a las compañías estadounidenses a su suelo.

De ahí también su insistencia en que México pague el muro. Algo de lo que difícilmente se escapará la Administración de Peña Nieto y la que le suceda. El mismo Trump dio la pista de cómo lo logrará al señalar que no ha de ser un reembolso directo, sino que le basta que proceda de un simple gravamen fiscal. Una medida que los expertos consideran posible y ante la que México no puede oponer resistencia.

Será un golpe político sin apenas parangón y que culminará un periodo de enorme inestabilidad. El presidente de México ha iniciado su último año pleno bajo una tormenta que nadie cree que vaya amainar. Zarandeados por Trump, el peso y la inversión extranjera han entrado en barrera. Las arcas públicas, debilitadas por la crisis del petróleo, no dejan de menguar, y la violencia callejera ha aflorado con inusitada fuerza ante la subida del precio de la gasolina.

En este escenario, Peña Nieto se encuentra cada vez más solo. En sus días ya pesa más el pasado que el futuro. Su partido, como el resto, se prepara para la sucesión en las elecciones presidenciales de 2018. La cuenta atrás ha empezado, y él y su ministro Videgaray apenas disponen de tiempo. Lejos de poder preparar su legado para historia, la historia les ha puesto frente a su mayor reto. Un muro que separa mucho más que una frontera.

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