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Trump veta la entrada de refugiados e inmigrantes de varios países musulmanes

El presidente firma un decreto que prohíbe durante 90 días la entrada desde Siria, Irán, Sudán, Libia, Somalia, Yemen e Irak

El presidente Donald Trump decretó este viernes el cierre temporal de las fronteras de Estados Unidos para los inmigrantes de siete países de mayoría musulmana y para refugiados de todo el mundo. La decisión, anunciada en el Pentágono, llega dos días después de que el nuevo presidente ordenase la construcción de un muro en la frontera con México para frenar la entrada de inmigrantes indocumentados latinoamericanos. Ambas medidas cumplen promesas electorales de Trump.

Trump y Mattis, al llegar este viernes al Pentágono CARLOS BARRIA (REUTERS) Reuters-Quality

El decreto establece una prohibición indefinida a la entrada de refugiados de Siria. La guerra civil en este país ha dejado casi cinco millones de refugiados. De estos, EE UU ha acogido a unos 12.000, según los últimos datos disponibles.

También prohíbe durante 90 días la entrada de extranjeros de varios países. No los detalla, pero el decreto remite a otro texto que se aplica a Siria, Irán, Sudán, Libia, Somalia, Yemen e Irak. El veto podría ser indefinido para aquellos países que no entreguen información migratoria requerida por EE UU, lo que puede afectar especialmente a Irán dado que no mantiene relaciones diplomáticas con Washington.

En una entrevista con Christian Broadcasting Network, Trump explicó que dará prioridad en la solicitud de refugio a cristianos sirios. La preferencia para los cristianos y la exclusión de los musulmanes podría interpretarse como una medida discriminatoria contraria a los valores constitucionales, según organizaciones de derechos civiles como la ACLU. El decreto sólo se refiere a minorías religiosas, sin especificar la confesión.

La prohibición a la inmigración de países musulmanes durará tres meses, y el veto a los refugiados de otros países que Siria, cuatro. La restricción, que tiene efecto inmediato, no afecta a los visados diplomáticos y se aplicará mientras se efectúa una revisión completa de los programas migratorios. El decreto rebaja a 50.000 el máximo número de refugiados que se aceptarán este año fiscal, casi la mitad que el año anterior.

El veto es más severo que el que se había filtrado en un borrador esta semana, que hablaba de una prohibición de un mes, no de tres, a los visitantes de determinados países.

Trump visitó el Pentágono para firmar esa orden ejecutiva o decreto y un memorando sobre el presupuesto militar que culminan una primera semana intensa en la presidencia. Ambas tiene que ver con uno de los temas que centró su campaña electoral: el peligro —no demostrado— que la entrada de refugiados e inmigrantes musulmanes representa para EE UU.

La solución de Trump es, como ante la inmigración, echar el cerrojo hasta que EE UU mejore sus sistemas de control. El presidente quiere “mantener a terroristas islamistas radicales” fuera de EE UU, según dijo en un acto solemne en el Pentágono en el que el general James Mattis juró el cargo como secretario de Defensa. “Solo queremos a aquellos que apoyen a nuestro país y que quieran profundamente a nuestra gente”.

En la lista de la prohibición temporal de visado no figuraría Arabia Saudí, país de procedencia de 15 de los 19 terroristas que atentaron con EE UU con aviones comerciales el 11 de septiembre de 2001. Tampoco incluiría a Emiratos Árabes Unidos y Egipto, el país de procedencia de otros tres de los terroristas. Los tres países son estrechos aliados de seguridad de Washington en Oriente Próximo.

Trump vinculó el veto a la inmigración con la memoria a los cerca de 3.000 muertos en los atentados del 11-S en las Torres Gemelas en Nueva York, el Pentágono, a las afueras de Washington, y Pensilvania. “Los honraremos no solo con nuestras palabras sino también con nuestras acciones, y eso es lo que estamos haciendo hoy”, dijo.

El objetivo, según reza el texto, es "proteger al pueblo estadounidense de ataques de extranjeros admitidos en Estados Unidos". El texto recuerda cómo algunos de los terroristas del 11-S lograron visados. La orden ejecutiva justifica el veto en el hecho de que, tras los atentados de 2001, "numerosos" ciudadanos nacidos en el extranjero han estado relacionados con ataques terroristas en EE UU. La realidad es que algunos de los últimos atentados en el país los han cometido ciudadanos de origen extranjero pero nacidos en EE UU, como el tiroteo de Orlando el pasado junio.

Organizaciones progresistas y de defensa de los derechos humanos criticaron el decreto. “Excluir a la gente según su nacionalidad -para lograr, de hecho, un veto basado en la religión- va en contra del tejido moral de nuestra nación y de nuestros intereses de seguridad nacional”, dijo, en un comunicado, la presidenta del Center for American Progress, Neera Tanden.

La prohibición no es una decisión sin precedentes aunque el contexto sea distinto. Tras el 11-S, el Gobierno del republicano George W. Bush paralizó temporalmente el programa de acogida de refugiados. La ley vigente permite a un presidente suspender la entrada de cualquier inmigrante cuando considere que “va en detrimento de los intereses de Estados Unidos”.

Trump ha repetido varias veces que con la Administración Obama era “casi imposible” para los cristianos de Oriente Próximo entrar en EE UU, mientras que los musulmanes tenían las puertas abiertas. Se trata de un bulo. Según datos del Pew Research Center, en 2016 EE UU admitió casi el mismo número de cristianos (37.521) que de musulmanes (38.901).

Al principio de su campaña para la Casa Blanca, Trump prometió vetar la entrada de musulmanes a EE UU. En contra de las acusaciones del republicano, EE UU ya somete a las personas que buscan refugio a controles estrictos que pueden prolongarse años.

Registro de extranjeros ‘radicalizados’

El decreto no establece la creación de un registro de musulmanes en Estados Unidos, una idea que Donald Trump había propuesto como candidato y que podría ser ilegal por discriminar a una religión. Pero el decreto da pasos en esa dirección y pueden interpretarse como guiños islamófobos. Ordena que en 180 días se haga público un registro con información sobre el número de extranjeros en EE UU acusados o sentenciados por delitos terroristas. También de los que se “han radicalizado” en la ideología terrorista tras entrar al país o han cometido ataques a mujeres.

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