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Un análisis grafológico identifica al expresidente polaco Walesa como el espía comunista Bolek

El abogado del expresidente afirma que las evidencias que señala que recibió dinero por informar son falsas

Lech Walesa, en un acto en Cracovia en 1980.

¿Lech Walesa o el espía Bolek? Una nueva investigación ha vuelto a señalar al expresidente polaco y premio Nobel de la Paz como informador del espionaje comunista en la década de 1970. En el análisis del Instituto de la Memoria Nacional de Polonia (IPN), un organismo público que investiga los crímenes del nazismo y el comunismo, varios grafólogos y expertos forenses identifican a Walesa, líder del sindicato Solidaridad y héroe de la lucha contra el comunismo, con Bolek, un agente que a finales de los setenta fue captado por la inteligencia del régimen. Según estos expertos, la firma de Walesa está en varios recibos en los que acepta dinero a cambio de confidencias sobre sus compañeros de los astilleros de Gdansk. El abogado de Walesa ha asegurado que las evidencias pueden ser falsas, como tantos otros documentos que se ha demostrado que falsificó la policía comunista en esa época.

El jefe de la comisión que persigue los delitos contra Polonia (que forma parte del Instituto), el fiscal Andrzej Pozorski, ha asegurado que “no hay ninguna duda” de la colaboración del Nobel con la policía comunista. Según Pozorski, Walesa (o Bolek) recibió por sus servicios entre el 5 de enero de 1971 y el 29 de junio de 1974 un total de 11.700 zlotys —el equivalente a cinco salarios medios de la época—. Como Walesa (1943) se había negado a enviar muestras de escritura a los grafólogos, los expertos compararon numerosos documentos manuscritos de Walesa disponibles en los archivos oficiales: un permiso de construcción, una petición de pasaporte, documentos de identidad, con los recibos de la policía comunista, según explicó Pozorski.

Los recibos forman parte de una serie de documentos que el IPN recopiló el año pasado. En ese momento, el Instituto ya anunció que tenía evidencias escritas que señalaban a Walesa como informador. Una revelación que volvió a sacudir a la sociedad polaca, pese a que esa no era la primera vez que el nombre del líder de Solidaridad se veía envuelto en acusaciones de espionaje y colaboracionismo con el régimen comunista. Los recibos forman parte de una serie de documentos incautados el año pasado a la familia del último ministro del Interior del régimen comunista, Czeslaw Kiszczak.

Historiadores como Slawomir Cenckiewicz y Piotr Gontarczyki , ya habían afirmado que Walesa espió para la policía del régimen en un momento en el que atravesaba una situación económica complicada por la represión de la dictadura, antes de convertirse en líder de Solidaridad. Lo que no se había revelado es que el Nobel (galardonado en 1983) recibiese dinero por sus servicios.

Walesa siempre ha negado que actuase como espía para la inteligencia comunista y ha rechazado tajantemente que recibiese dinero por cualquier tipo de información. Sí había admitido que firmó bajo presión un compromiso para convertirse en informador; algo que nunca llevó a cabo. De hecho, el expresidente (1990-1995) fue declarado inocente en el año 2000 de cualquier vinculación al espionaje. Algo de lo que le ha acusado recurrentemente el partido ultraconservador y nacionalista Ley y Justicia (PiS), actualmente en el poder. En 2009, Walesa llegó a denunciar, incluso, al líder de esa formación y entonces presidente del país Lech Kaczynski (fallecido en 2010 en un accidente de avión) por afirmar en repetidas ocasiones que colaboró con la policía comunista.

Lech Walesa en un una movilización en Gdansk en 1983. AP

El tema ha vuelto a estar en el foco público desde que el PiS volvió al poder a finales de 2015. Ley y Justicia y su actual líder Jaroslaw Kaczynski —hermano gemelo de Lech y primer ministro en la época de la denuncia de Walesa—, quien también fue un activista contra el comunismo, culpan a Walesa de promover que Polonia haya perdido su identidad nacional católica en la transición democrática. Así, cualquier sugerencia de que el país permanecía bajo influencia comunista a pesar de haber derribado el régimen totalitario en 1989 refuerza su teoría.

Mientras, el presidente del IPN, Jaroslaw Szarek, asegura no está claro el papel de Walesa como informador y el cómo ello pudo influir en cientos de decisiones cuando lideraba Solidaridad e incluso tras la caída del comunismo. “Esta cuestión queda por determinar”, afirmó en una rueda de prensa en la que aseguró que el organismo que dirige no pretende “eliminar” a Walesa y su papel de la historia de Polonia.

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