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ANÁLISIS

Ganadores y perdedores (aparentes) de la era Trump

A primera vista, Reino Unido e Israel destacan entre los beneficiados; UE y México, entre los damnificados. Pero podría resultar un espejismo

Donald Trump, el pasado día 31 REUTERS

Prever desarrollos geopolíticos futuros es un deporte de alto riesgo. Con el mercurial Donald Trump instalado al mando de la principal potencia del mundo, la tarea se convierte en algo casi más parecido a prácticas adivinatorias del mundo antiguo que a un ejercicio de ciencias políticas modernas. Aun así, es posible trazar un arco de reflexiones sobre quién gana y quién pierde en el atlas geopolítico con el advenimiento de este populista extremo a la Casa Blanca. El resultado es un mosaico lleno de espejismos, con aparentes victorias que tienen mucho peligro de convertirse en derrotas, y al revés.

APARENTES GANADORES

Israel. Se halla sin duda en primera línea entre los beneficiados inmediatos por el ascenso de Trump. Goza ahora de barra libre para acelerar –a un ritmo tremendo, diría el magnate- la colonización. Cuenta con el placet de la nueva Casa Blanca, y por ende con la garantía de un veto estadounidense (una tradición que los presidentes de EEUU han roto en muy contadas ocasiones) contra eventuales resoluciones de condena en la ONU. Pero la aparente victoria acarrea el gran riesgo para Israel de ver acentuado su creciente aislamiento internacional. En diciembre la actividad colonizadora israelí fue condenada por el consejo de seguridad de la ONU con 14 votos a favor, la abstención de EEUU y ninguno en contra. Palestina fue aceptada en 2012 como Estado observador de la ONU con 138 a favor, 41 abstenciones y 9 en contra. Entre los 9 figuraban (además de EEUU) Estados como Nauru, Palau, Micronesia y las Islas Marshall.

Reino Unido. Theresa May fue la primera líder extranjera recibida por Trump y Farage el primer político extranjero al que recibió tras las elecciones). Allá donde Obama respaldaba de manera muy explícita la unidad europea, el nuevo líder estadounidense es un claro partidario del Brexit, y califica la UE como un “vehículo” para la afirmación de los intereses germanos. Allá donde Obama dijo que Reino Unido tendría que “ponerse al final de la cola” para negociar un tratado de libre comercio con EEUU, Trump extiende alfombras rojas. Pero la verdad es que la relación está llena de insidias. Los brexiters sostienen querer convertir a su país en un campeón del libre comercio: lo contrario que Trump; propugnan una política exterior muy divergente de la del magnate; corren el riesgo de verse asociados y dependientes de una figura con una imagen global tóxica. May titubeó mucho antes de condenar el veto migratorio. Depender de Trump es peligroso.

China. Con EEUU en clamorosa zozobra, es evidente que la segunda potencia mundial tiene una gran oportunidad para afianzarse como alternativa estable, fiable, en la escena global. Xi Jinping ya se ha presentado en Davos como nuevo gran adalid del libre comercio. Pero, como bien saben en Washington, ejercer protagonismo global acarrea serios esfuerzos y desgastes, y es dudoso que la clase dirigente china esté preparada para asumir la primacía.

Rusia. Hace tan solo dos años el Kremlin se hallaba en un grave estado de aislamiento internacional. La alianza occidental estaba bastante unida ante el desafío ruso. Ahora no solo Moscú refuerza su influencia en Oriente Próximo, sino que tiene en Trump una oportunidad para volver a abrir un diálogo con EEUU, y afianzar así el tan anhelado estatus de potencia global con la que hay que contar y negociar. En el caso ruso, es difícil divisar elementos negativos en el advenimiento de Trump.

Los trabajadores de EEUU. Las políticas proteccionistas y el prometido esfuerzo en inversión infraestructural hacen creer a muchos que los trabajadores locales se verán beneficiados. Pero el balance final es dudoso: por un lado, la industria manufacturera tiende inevitablemente a robotizar cada vez más sus tareas; por el otro los proteccionismos a menudo frenan las economías.

APARENTES PERDEDORES

Unión Europea. La retórica de Trump y varios de sus principales colaboradores deja intuir poco menos que un deseo de desintegración de la Unión. Tanto es así, que Donald Tusk incluyó este martes las proposiciones de la nueva Administración estadounidense entre el mix de desarrollos geopolíticos que representan la primera “amenaza” a la que se enfrenta la UE. EEUU ha sido un apoyo y baluarte de la unidad de los europeos durante décadas. Su alejamiento constituye una pérdida. Pero quizá también un estímulo poderosísimo para comprender que en la escena global actual es indispensable permanecer unidos.

México. Muro físico, barreras comerciales. Amenazas de impuestos a las remesas. El horizonte mexicano no podría ser más sombrío con la llegada de Trump, teniendo en cuenta la gran dependencia económica de México de la economía del gran vecino del Norte. Líderes carismáticos podrían sin embargo aprovechar positivamente el poderoso, profundo sentimiento que la hostilidad trumpiana provoca entre los mexicanos para aunar la sociedad en un gran esfuerzo de modernización, reforma, reducción de la dependencia de EEUU y mayor y más fértil mirada hacia el resto del continente.

Oriente Próximo. Queda a años luz el discurso de Obama en la Universidad de El Cairo y su mano tendida al mundo musulmán. Entre la retórica de Obama y sus hechos hubo distancia; pero mayor parece ser la distancia entre Obama y Trump en este apartado. Muchas son las derivadas negativas que pueden afectar a la región como consecuencia de las políticas de Trump. En este caso, difícil imaginar aspectos positivos.

Estados Unidos. El daño a la imagen global del país es, probablemente, ya formidable. Gusten o no sus valores e ideas, es evidente que EEUU ha fundado en buena medida su liderazgo global a lo largo de un siglo sobre su capacidad de atracción del mejor talento del mundo al margen de su origen. Sobre la admiración por sus valores y cultura. Las grietas abiertas en este frente, a este paso, podrían resultar muy graves. Las alianzas históricas, también, ya se tambalean. Europa muestra su molestia, la ONU y el Vaticano han criticado el veto a los refugiados, se notan chispas en la relación con la OTAN o con Australia. Pero ya en el pasado el país ha demostrado saber reponerse de las dificultades, y quizá salga vacunado del virus populista antes y mejor que otros.