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La UE recibe a Trump con críticas y preocupación tras aparcar la dureza

Los jefes de Estado y de Gobierno de la UE, reunidos en Malta, optan por expresas críticas y "preocupación" con el nuevo Gobierno de EE UU

Ante el proteccionismo, el aislacionismo y los continuos ataques de un Donald Trump que trata de dividir a Europa, la UE eligió ayer una respuesta pragmática y de perfil bajo. Los líderes de la Unión, reunidos en la cumbre informal de La Valeta (Malta), optaron por rebajar el tono. Firmeza alemana con un punto de delicadeza que se aleja de las reacciones airadas de los últimos días: Europa expresó críticas y “preocupación” con las actitudes del nuevo inquilino de la Casa Blanca, pero evitó las respuestas viscerales. “No veo a Trump como una amenaza”, resumió el jefe de la Comisión, Jean-Claude Juncker.

Theresa May, primera ministra británica, este viernes en La Valeta (Malta).
Theresa May, primera ministra británica, este viernes en La Valeta (Malta). Getty

Europa no se creó para llevarnos al cielo, sino para salvarnos del infierno, suelen decir los diplomáticos. La Unión elegía ayer entre tres vías para responder a los excesos de Donald Trump. La vía Donald Tusk, más visceral: Estados Unidos es una amenaza a la altura de Rusia y el Estado Islámico. La vía Angela Merkel, de firmeza: colaboraremos con Washington, pero desde nuestros valores. Y la vía blanda de Mariano Rajoy, la de los partidarios de evitar las críticas a Trump, de proteger los intereses propios; de esperar y ver. Los líderes de la UE, reunidos en Malta en una cumbre informal, optaron por la vía Merkel, aunque con un tono muy rebajado: nadie quiere una confrontación con el nuevo inquilino de la Casa Blanca. “Quizá [Trump] no sea una amenaza, sino un desafío”, declaró el presidente del Consejo Europeo, que se vio obligado a templar gaitas.

Nadie en las capitales siguió a Tusk —convertido en “el Donald de Europa”, según sus propias palabras—, tras una semana en la que varios países expresaron a las claras su incomodidad con el tono agresivo del presidente del Consejo. Tan solo el presidente francés, François Hollande, calificó de “inaceptables” las presiones de Trump sobre Europa. Pero Hollande está de salida. España, Italia y Polonia, además de Finlandia, pedían mayores dosis de pragmatismo, con una aproximación más cercana a las palabras de la canciller Merkel.

Paradójicamente, Merkel y Alemania han sido el blanco favorito de Trump en Europa en las últimas semanas. El presidente norteamericano lleva meses tratando de dividir a Europa y ha lanzado varios dardos con destino a Berlín. Apoya el Brexit. Vaticina el final del euro. Critica que la UE sea un mero “vehículo de Alemania”, que mantiene la moneda europea infravalorada para beneficiar sus exportaciones. Nada de eso parece inquietar a la canciller, que ante la prensa europea armó el discurso que se impone para los próximos tiempos. “Tenemos intereses comunes y habrá cosas que la UE y Estados Unidos puedan seguir haciendo juntos, como la lucha contra el terrorismo internacional; y habrá también tareas en las que no coincidimos y que Europa tendrá que hacer en solitario, como apostar por los acuerdos comerciales internacionales, cooperar más con África y las áreas de origen de la migración e invertir más en defensa”, dijo. Ese pragmatismo, en fin, se impone por goleada. “La UE, como España, quiere tener las mejores relaciones posibles con Estados Unidos. Defendiendo siempre sus valores con personalidad”, afirmó el presidente español, Mariano Rajoy.

El eufemismo preferido

La cumbre de Malta tenía que servir para reducir los flujos migratorios por el Mediterráneo central, desde Libia hacia Italia. Tenía que fijar una posición común de cara a la Declaración de Roma, acerca del futuro de la Unión en el 60º aniversario del club. En los pasillos del centro de prensa de La Valeta, sin embargo, todo el trasiego estaba relacionado con Trump. La “nueva Administración norteamericana” es el eufemismo preferido por los eurócratas para evitar referirse explícitamente al teatral mandatario estadounidense, que en tan solo unos días ha protagonizado un cambio de régimen fulminante en el Atlántico Norte. El mundo está patas arriba con esa mezcla de proteccionismo, aislacionismo, nacionalismo y declaraciones que funcionan como aguijones balísticos de la posverdad. Europa ha optado por ponerse de perfil; por dejar que el tiempo modere el ruido y la furia de esas primeras semanas.

Está por ver que eso suceda, pero de momento se impone el mantra de hablar de Estados Unidos “con preocupación” pero “sin antiamericanismo”, según el presidente maltés, Joseph Muscat. Hace poco más de 30 años, el periodista estadounidense John Reston escribía en The New York Times que mientras para los europeos la diplomacia era un ejercicio de compromisos recíprocos, para Ronald Reagan era una lucha de ganadores y perdedores.

Trump, como Reagan, no cree en las medias tintas: cree en los muros y en los océanos; cree en los líderes fuertes y autoritarios y desconfía de poderes blandos como el de los europeos. De momento, juega a exponer las debilidades de la Unión: en breve se sabrá si esa forma tan europea de responder con la cabeza fría, y no con las tripas, es la adecuada.

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