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Washington le dice bye bye a su panda Bao Bao

Regresa a China uno de los referentes de la “diplomacia del panda”

Bao Bao, uno de los osos panda estrella de Washington
Bao Bao, uno de los osos panda estrella de Washington AP

Washington está a punto de perder a uno de sus residentes más queridos: Bao Bao, la osa panda gigante que ha sido los últimos años una de las atracciones principales del zoo de la capital estadounidense, está haciendo sus maletas para mudarse a China.

Y no, esto no tiene nada que ver ni con el veto migratorio de Donald Trump ni con su agresiva retórica contra Pekín, algo más moderada ahora tras su reciente conversación telefónica con el presidente chino, Xi Jinping, aunque su marcha suponga la pérdida de uno de los vínculos más indiscutidos entre los dos países.

El traslado de la popular panda forma parte de un acuerdo entre el Smithsonian’s National Zoo y la Asociación China de Conservación de Vida Salvaje, por la que todos los osos panda nacidos en el zoo de Washington deben ser enviados a China antes de que cumplan cuatro años.

Bao Bao, el primer panda nacido en esta institución desde 2005 que logra sobrevivir, celebra su cuarto cumpleaños el 23 de agosto. Para esa fecha, debería ya estar completamente aclimatada en su nuevo hogar, el Centro para la Investigación y la Reproducción del Panda Gigante en Chengdú.

Pero que su partida fuera una crónica anunciada no la hace menos dolorosa. Desde su nacimiento, Bao Bao ha sido uno de los iconos (animales) de Washington. Su vida, cual Show de Truman, ha sido minuciosamente registrada por la panda cam, la cámara que el zoo tiene instalada en el recinto que Bao Bao compartió primero con su madre, Mei Xiang, y donde dio sus primeros pasos, hasta que recibió su propio habitáculo —los pandas son animales solitarios, subraya el Smithsonian— en marzo de 2015. Sus retozos en la nieve durante la gigantesca tormenta que paralizó Washington hace un año han sido vistos ya por más de seis millones de personas.

Más allá de la cuteness o síndrome de ternura extrema que despierta el peludo animal, los pandas de Washington han servido en las últimas décadas para afianzar la relación bilateral con China que la llegada de Trump a la Casa Blanca vuelve a hacer tambalear. La diplomacia del panda se remonta a la visita del presidente Nixon a China en 1972 que sirvió para restablecer las relaciones entre Washington y Pekín. Durante una cena ofrecida por el primer ministro chino, Zhou Enlai, la primera dama estadounidense, Pat Nixon, expresó su “amor” por los pandas. “Le daré algunos”, respondió Zhou y, poco después, partían los dos primeros pandas rumbo a Washington.

En 2013, la entonces primera dama, Michelle Obama, le dio personalmente la bienvenida a Bao Bao en un mensaje en el que celebró el nacimiento de la panda como un “símbolo de los lazos entre las naciones” china y estadounidense y del “brillante futuro de una especie” hasta hace poco en peligro de extinción. Cuando, dos años después, nació el hermanito de Bao Bao, Michelle Obama se llevó hasta el zoo a la primera dama china, Peng Liyuan, que acompañaba a su esposo en una visita oficial en EE UU, para anunciar el nombre del nuevo residente peludo de Washington, Bei Bei.

Es poco probable que la nueva primera dama, Melania Trump, se desplace hasta el Washington que ha eludido hasta ahora solo para despedir a Bao Bao antes de su partida, fijada para el 21 de febrero. Pero los residentes capitalinos sí están dispuestos a darle un adiós caluroso al panda que ha conquistado sus corazones, y el zoo ha dispuesto todo un calendario de celebraciones para que Bao Bao se marche por la puerta grande. Será responsabilidad de su hermano Bei Bei que esa puerta diplomática no se cierre.

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