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El Plan Cóndor a la inversa: devuelven los restos de las primeras víctimas identificadas

Los familiares de dos argentinos y dos paraguayos reciben 40 años después los restos de cuatro represaliados por el gran proyecto latinoamericano de represión

El titular de Memoria Histórica de Paraguay, Rogelio Goiburú, prepara los féretros de las primeras víctimas del Plan Cóndor identificadas
El titular de Memoria Histórica de Paraguay, Rogelio Goiburú, prepara los féretros de las primeras víctimas del Plan Cóndor identificadas

El plan Cóndor fue diseñado por las dictaduras latinomericanas de los 70 para asesinar a quienes luchaban contra ellas y se escondían en otros países. 40 años después, las democracias de Argentina, Uruguay y Paraguay, uno de los epicentros del macabro proyecto, acaban de iniciar una especie de plan Cóndor a la inversa: un plan para restituir los restos de los desaparecidos que van identificándose poco a poco en el país de Alfredo Stroessner (1954-1989). Los cuatro primeros, dos argentinos y dos paraguayos, fueron entregados a sus familiares en Asunción el viernes como el inicio de una nueva etapa de la historia latinoamericana.

A la militante italoargentina Rafaela Filipazzi y al músico y bibliotecario del Congreso argentino José Agustín Potenza los secuestró la Policía paraguaya y uruguaya cuando estaban hospedados en el hotel Hermitage de Montevideo, en junio de 1977. Sus restos fueron encontrados en una comisaría de Asunción, donde fueron torturados.

A Miguel Ángel Soler, exsecretario general del Partido Comunista Paraguayo, la policía secreta de la dictadura de Stroessner lo secuestró en 1975 en Asunción. Murió poco después mientras lo desmembraban con una motosierra.

A Cástulo Vera Baez, agricultor, futbolista y activista paraguayo (comunista según algunos, liberal para otros) lo encerraron en varias ocasiones hasta que en 1977 terminó detenido en el Departamento de Investigaciones de Asunción, donde fue torturado por la policía hasta la muerte y enterrado junto a los demás mencionados en fosas en la Agrupación Especializada de la Policía Nacional paraguaya, en plena capital.

Filipazzi, Potenza, Soler y Báez integran la lista de al menos 50.000 personas asesinadas, 30.000 desaparecidas y unas 400.000 encarceladas durante la vigencia del plan, según está documentado en el “Archivo del Terror”, el sumario de documentos que la policía paraguaya guardaba en Asunción sobre ciudadanos detenidos en todos los países implicados. Ahora, los cuatro pasan a la historia como los primeros identificados de los 30 esqueletos hallados en fosas abiertas durante de la dictadura más larga de Sudamérica.

Sus restos, identificados en septiembre de 2016 gracias a la colaboración del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), fueron restituidos este viernes a sus familiares en un acto público en Asunción en el Centro Cultural del Congreso paraguayo El Cabildo.

“No se puede explicar tantas emociones encontradas. Por un lado siento un dolor inmenso porque nuestros desaparecidos ya no están con vida. Pero también una gran alegría, una gran satisfacción por haberlos encontrado”, cuenta a EL PAÍS el responsable de las búsquedas de los restos y titular de la estatal dirección de Reparación y Memoria Histórica (DRMH), Rogelio Goiburú, hijo del militante opositor a la dictadura paraguaya Agustín Goiburú, desaparecido en 1977.

Silvia Beatriz Potenza, hija de Agustín Potenza, explica que se quedó “muda” cuando el equipo argentino de antropología forense la llamó para anunciarle la identificación de su padre: “Yo ya le sabía muerto pero quería contestar y no me salió una palabra hasta que empecé a llorar”. “Esta búsqueda tiene que alentar a más gente. Mi madre lo buscó hasta el último día de su vida. Le guardaba dinero para cuando volviera. ¿Quién iba a creer que si vos donás una gota de sangre van a encontrar a tu papa desaparecido hace 40 años?”, reflexionó.

En presencia de los familiares de los desaparecidos y de un centenar de activistas y amigos, cuatro árboles de lapacho fueron plantados en la Plaza de los Desaparecidos de Asunción, aledaña al Palacio de Gobierno, en el centro de la capital. Cada uno con un cartel de madera al lado con el nombre, nacionalidad, año de detención y desaparición, y fecha de identificación.

El embajador de Argentina en Paraguay, Eduardo Zuain, presente en el acto de restitución junto a los embajadores de Uruguay e Italia, felicitó a Goiburú y a su equipo y pidió “un mayor compromiso” de los Estados en las búsquedas. “Así como las dictaduras lograron una eficiente coordinación para practicar la mayor violación de derechos humanos que se ha producido en esta parte del mundo, hoy tres de nuestras democracias se combinan para lograr memoria, justicia y reparación”, aseguró.

La Comisión de Verdad y Justicia de Paraguay documentó 425 casos de personas ejecutadas o desaparecidas durante la dictadura militar, por lo que continúan los trabajos de recolección de muestras de sangre de familiares y de búsqueda e identificación de restos, explica Nuri Quinteiro, integrante del Equipo Argentino de Antropología Forense. “Para esto es muy importante continuar con la búsqueda y difundir el gran trabajo que hace el equipo de la Dirección a cargo de Rogelio Goiburu. Es necesario que la gente sepa que se está trabajando día a día para lograr más identificaciones y tratar de reconstruir la historia”, sentencia. El plan Cóndor a la inversa acaba de comenzar.

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