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Alemania elige a Steinmeier, un pragmático ‘antitrump’, como presidente

El socialdemócrata, antiguo ministro de Exteriores y candidato fracasado a la cancillería, llega a la jefatura del Estado con el apoyo de la gran coalición

Frank-Walter Steinmeier, nuevo presidente federal de Alemania, vota en la Asamblea Federal celebrada el domingo en Berlín.
Frank-Walter Steinmeier, nuevo presidente federal de Alemania, vota en la Asamblea Federal celebrada el domingo en Berlín. EFE

Al documentarse para escribir la biografía de Frank-Walter Steinmeier, Lars Geiges se entrevistó con antiguos colegas de fútbol o compañeros de piso a la búsqueda de una anécdota sabrosa. No la encontró. “De joven no se metía en política ni destacaba demasiado. Lo especial en él es que no tiene nada especial”, asegura el autor del libro. Steinmeier, un socialdemócrata pragmático con larga experiencia política y fama de meticuloso en las negociaciones, fue elegido este domingo con un amplísimo apoyo como presidente federal. En tiempos convulsos, Alemania opta por un jefe del Estado muy popular y anclado en el centro del establishment político.

La votación celebrada en el Bundestag muestra hasta qué punto Steinmeier es una figura de consenso más allá de las barreras partidarias. El ministro de Exteriores durante las dos grandes coaliciones de Angela Merkel obtuvo el sí del 75% de los miembros de la Asamblea Federal, un órgano formado por los 630 diputados y un número igual de enviados de los Estados federados. Entre estos, había figuras como el seleccionador de fútbol, Joachim Löw, una conocida drag queen o la hija de una víctima de la banda neonazi NSU.

Apoyaron a Steinmeier la mayoría de representantes socialdemócratas, democristianos, verdes y liberales. Solo Die Linke (La Izquierda), los ultraconservadores antiinmigración de AfD y dos pequeños partidos presentaron candidatos alternativos. La elección supone un golpe para Merkel, que a solo siete meses de las elecciones se vio obligada a apoyar a un destacado dirigente del partido rival. "¿No es maravilloso que Alemania se haya convertido para muchas personas en el mundo en un ancla de la esperanza", dijo en su breve discurso de aceptación. Steinmeier suspenderá su militancia en el SPD como señal de la independencia a la que le obliga el nuevo cargo.

El presidente en Alemania, con funciones principalmente representativas, dispone sobre todo de un instrumento: la palabra. Con sus discursos, el jefe del Estado puede dejar su impronta en el debate público. Así lo hicieron antecesores como Richard von Weizsäcker, que en 1985 se refirió a la derrota del nacionalsocialismo como una “liberación” para Alemania; o Christian Wulff, cuando dijo que el islam era parte del país. El nuevo presidente no destaca por una oratoria especialmente brillante, pero sí por un discurso claro contra el populismo, a favor de la responsabilidad alemana en la resolución de conflictos internacionales y por una red de contactos en todo el mundo tejida a lo largo de ocho años de jefe de la diplomacia.

Steinmeier se mudará al Palacio de Bellevue en una coyuntura internacional extremadamente complicada. “Es el hombre adecuado en el momento adecuado”, asegura el excanciller Gerhard Schröder, su mentor primero en la política regional y más tarde al nombrarlo ministro de la Cancillería. Steinmeier sopesa sus palabras al milímetro, como mostró en una entrevista con EL PAÍS en la que alertaba sobre el riesgo de que la crisis ucrania derivara en una nueva guerra fría. A cada pregunta que recibía, tardaba en responder unos segundos para sopesar qué expresiones usar para tratar de rebajar la tensión.

No es un político que suela dar grandes titulares. Por eso sorprendió su dureza con el presidente de EE UU, Donald Trump. Antes de que resultara elegido, definió al magnate como “un predicador del odio”; tras las elecciones dijo que el resultado no era el deseado por la mayoría de alemanes. Y recientemente le ha atacado por su defensa de la tortura. En sus críticas a Trump, Steinmeier representa una vez más el sentir mayoritario de la clase política alemana. Así quedó claro el domingo, cuando, en la ceremonia de votación, el presidente del Parlamento alertó contra los peligros del aislacionismo y del “nosotros primero”, en una clara referencia al presidente de EE UU. Una gran ovación siguió a estas palabras con la mayoría de representantes de la Asamblea Federal —incluida la canciller Merkel—, puestos de pie. Mientras, los miembros de AfD permanecían sentados y sin aplaudir.

Pocos hombres han llegado a la presidencia de Alemania con la experiencia política de Steinmeier. Como jefe de la Cancillería de Schröder, fue uno de los cerebros de la Agenda 2010, el paquete de reformas que restringió el Estado de bienestar y que ha marcado los últimos años del país. Este es, a ojos de los sectores izquierdistas, el pecado original de los socialdemócratas y de figuras como Steinmeier. “No es un abogado de la gente corriente ni de la justicia social”, le reprocha Sahra Wagenknecht, de Die Linke. El momento más duro de su carrera llegó en 2009, cuando, como candidato a canciller, condujo al SPD al peor resultado de su historia moderna. En esta legislatura, su popularidad ha aumentado entre unos ciudadanos que aprecian sus esfuerzos por rebajar tensiones en Ucrania mientras trata de tender puentes con la Rusia de Putin.

“En los grandes asuntos de estos años —crisis del euro, refugiados, terrorismo— no hay grandes diferencias entre Steinmeier y Merkel. Esta política centrista defendida por los grandes partidos ha dado alas a los movimientos populistas, que se presentan como la única alternativa”, concluye Geiges, el biógrafo del nuevo presidente.