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Un militar de bajo perfil es el favorito para ser el nuevo asesor de seguridad de Trump

El vicealmirante retirado Robert Harward encabeza las quinielas frente a Keith Kellogg y David Petraeus

Robert Harward, en una imagen de 2011 en Afganistán REUTERS

Robert Harward, un vicealmirante retirado de la Armada, es el favorito para ser el nuevo consejero de seguridad nacional de Donald Trump tras la dimisión de Michael Flynn. Harward, igual que Flynn, es un experimentado militar conocedor de Oriente Próximo. Pero hay una diferencia clave entre ellos: Harward tiene un bajo perfil público, alejado de la polémica y de la rigidez ideológica.

En la terna de sustitutos que baraja el presidente estadounidense están también Keith Kellogg, un general retirado del Ejército que ha asumido de forma provisional el cargo, y David Petraeus, el reconocido general que dimitió en 2012 como director de la CIA tras compartir información clasificada con su amante. De entre los tres, Harward parte con una clara ventaja para ser el elegido, según fuentes oficiales citadas por la prensa norteamericana. El nombramiento no requiere de la aprobación del Senado, lo que evita a Trump un largo debate político.

La elección de cualquiera de las tres garantiza que el puesto de consejero de seguridad seguirá en manos de un militar, manteniendo la influencia del mundo castrense en el Gobierno del republicano. Los secretarios de Defensa y Seguridad Interior son militares retirados, y el presidente sondeó activamente a Petraeus para el puesto de secretario de Estado.

El consejero desempeña un papel clave en la sombra en la formulación de la doctrina exterior y hace de enlace entre la Casa Blanca y las ramas de seguridad del Gobierno. La experiencia militar no es un requisito imprescindible. Ninguno de los dos asesores de seguridad que tuvo Barack Obama había servido en el Ejército. Algunos de los antecesores más ilustres del cargo pasaron por las Fuerzas Armadas pero durante un periodo muy breve, como McGeorge Bundy, el asesor de seguridad durante el Gobierno del demócrata John F. Kennedy, o Henry Kissinger, el consejero durante las Administraciones republicanas de Richard Nixon y Gerald Ford.

Directivo de Lockheed Martin

Harward, de 60 años y con una maestría en Relaciones Internacionales, se retiró en 2013 de la Armada. Trabaja ahora como alto directivo en la división en Emiratos Árabes Unidos del gigante de fabricación militar Lockheed Martin.

Se sabe muy poco de la opinión de Harward sobre los principales asuntos geopolíticos del mundo. Es hijo de militar y de niño estudió en Irán porque allí estaba destinado su padre antes de que la Revolución Islámica de 1979 acabara con la relación diplomática entre Washington y Teherán. Flynn abogaba por la política de mano dura con Irán y el yihadismo, y era afín a Rusia.

Harward es amigo personal de James Mattis, el secretario de Defensa, del que fue número dos, entre 2011 y 2013, cuando dirigía el Comando Central del Ejército, responsable de las operaciones militares en Oriente Próximo. El vicealmirante retirado de la Armada también tiene experiencia en el cuerpo de élite de los SEAL y como responsable de unidades en Afganistán e Irak.

Otro rasgo relevante de Harward es que conoce el funcionamiento del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, en el que trabajó unos meses durante el Gobierno del republicano George W. Bush en asuntos de contraterrorismo. Esa experiencia puede ser clave dadas las dificultades de Flynn, cuya única etapa civil en una Administración era como responsable de inteligencia del Ejército, para poner orden en el Consejo de Seguridad.

En una de sus pocas opiniones públicas, Harward dejó entrever un perfil progresista en asuntos sociales. En un artículo a finales de 2013 en The Huffington Post, cuando ya se había retirado de la Armada, defendió la incorporación de pleno de las mujeres a las Fuerzas Armadas y la promoción de la educación femenina en el mundo, elogiando la labor de la activista pakistaní Malala Yousafzai.

“Tenemos que identificar a las entidades que no apoyan la educación de niñas y aplicar herramientas diplomáticas como presión económica y política”, escribió. “Si creemos que es aceptable dar una oportunidad solo a la mitad de nuestra población, entonces alcanzaremos la mitad de nuestro potencial. En este día y era, esta no debería ser una lucha para nadie”.

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