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El frenazo económico marca las elecciones en Ecuador

El próximo Gobierno tendrá que buscar la fórmula para afrontar una reducción del gasto público

Lenin Moreno, candidato oficialista, este jueves en un acto de campaña.
Lenin Moreno, candidato oficialista, este jueves en un acto de campaña. REUTERS

El frenazo económico que atraviesa Ecuador desde hace dos años es uno de los elementos decisivos de las elecciones presidenciales del domingo. La recesión que el año pasado golpeó a los ecuatorianos, con una caída del 3% en el primer semestre, es la causa principal de desgaste del Gobierno saliente de Rafael Correa. El próximo Ejecutivo tendrá que afrontar recortes para remontar en un ecosistema político complicado y una Asamblea que se prevé muy fragmentada. 

Lo primero que llama la atención al visitante al llegar a Quito es la autopista que comunica el norte de la ciudad con el aeropuerto Mariscal Sucre, inaugurado en 2013: una obra digna de un país del norte de Europa que costó alrededor de 200 millones de dólares (unos 187 millones de euros). Forma parte de la que Correa llamó política del “buen vivir” y que supuso un aumento exponencial del gasto. El año pasado el Estado, cuya economía tiene una fuerte dependencia del precio del petróleo, desembolsó 24.000 millones de dólares, mientras que sus ingresos no llegaron a 17.000 millones. “El Gobierno ha aplicado en 2016 una política que buscó evitar el ajuste y le permitió ganar tiempo, sobre todo porque hasta la segunda mitad de año pasado se fue endeudando”, señala el analista económico Alberto Acosta Burneo.

La corrupción atraviesa los comicios en Ecuador

SORAYA CONSTANTE

Los comicios generales del próximo 19 de febrero en Ecuador incluyen una papeleta extra: una consulta popular sobre los paraísos fiscales. La iniciativa es del presidente Rafael Correa, que la vendió como “un pacto ético” a raíz de los papeles de Panama. La cuestión es que cuando el Gobierno quiso colgarse la medalla de la transparencia estalló el caso Odebrecht, que salpicó el periodo de Correa, porque desveló que los sobornos se pagaron entre 2007 y 2016, y además se revelaron los entresijos de la trama de corrupción dentro de la petrolera estatal Petroecuador, en la que están vinculados altos cargos del Gobierno que movían los sobornos a través de empresas off shore constituidas en paraísos fiscales.

El escenario político de la consulta popular claramente cambió. La campaña alrededor del sí o el no ha sido prácticamente nula, a pesar de que diez partidos políticos y 11 organizaciones sociales se inscribieron en el Consejo Nacional Electoral para hacer publicidad y cada uno recibió 48.000 dólares. César Montúfar, candidato a la Asamblea por el movimiento Concertación, cree que todo fue “un engaño” del presidente Correa para “colarse en la campaña electoral” y que ahora resulta “irónico” que el Gobierno promueva un pacto ético.

El referéndum tiene una sola pregunta: “¿Está usted de acuerdo en que, para desempeñar una dignidad de elección popular o para ser servidor público, se establezca como prohibición tener bienes o capitales, de cualquier naturaleza, en paraísos fiscales?”. Para el consultor político Alfredo Negrete esto “es como escoger entre el bien y mal”, y la gente “por inercia votará que sí”. Pero al final del día todo será inútil porque para concretar la propuesta del Ejecutivo “habría que reformar la Constitución”, según Negrete, y esta tarea quedaría para la próxima Asamblea cuya composición todavía es una incógnita.

Las inversiones de la última década funcionaron, según los analistas, en un contexto de bonanza económica que, sin embargo, ahora pueden marcar la herencia del Gobierno. Los principales candidatos, que ayer cerraron campaña en Guayaquil, la ciudad más poblada de Ecuador y símbolo de la oposición a Correa, aplicarían recetas distintas en la próxima etapa. Acosta Burneo señala que el ex vicepresidente Lenin Moreno, aspirante del Movimiento Alianza País y favorito, con más del 30% de los apoyos, según las encuestas, intentará hacer frente al vendaval subiendo impuestos y endeudándose.

Inversión privada

“El Gobierno no va a poder seguir aplicando la misma estrategia. La realidad económica cambió y la respuesta política [del actual Ejecutivo] a la realidad económica es anacrónica”, opina Acosta Burneo.

Estima este economista que el gasto público debería reducirse cuanto antes en al menos 5.000 millones de dólares, algo que resultaría traumático. Por tanto, el delfín de Correa lo haría paulatinamente o intentaría postergarlo. En cambio, apunta, “un Gobierno de la oposición lo haría más rápido, pero trataría de conseguir fondos del FMI”. El principal candidato opositor, el empresario Guillermo Lasso, “aceleraría el ajuste económico, reduciría el tamaño del Estado, pero buscaría financiación”.

Lasso, líder del Movimiento CREO, es un político conservador y liberal en lo económico. Explica en conversación con EL PAÍS que pretende compaginar una reducción del gasto público con el crecimiento y la creación de puestos de trabajo con “un cambio de visión” de la economía. Es decir, “promoviendo alianzas público-privado” y “que la inversión en infraestructura pública la haga también el sector privado”. Una de sus propuestas de reestructuración de la economía prevé, además, pedir a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) una auditoría del sector en Ecuador.

El domingo pensarán en la economía todos esos votantes que según los analistas no representan el núcleo duro de Alianza País, alrededor del 30% de la población, y que consideran que Moreno no tiene el mismo empuje que Correa. Es decir, sectores de las clases medias urbanas que en su momento se beneficiaron del crecimiento, al menos hasta 2013, y que ahora sufren las zozobras económicas. También lo harán quienes estuvieron a punto de salir de la pobreza o llegaron a salir y que ahora vuelven a estar por debajo de ese umbral y los jóvenes. La situación económica que encara Ecuador es una de las razones por las que, según sus críticos, Correa decidió dar un paso atrás y no presentarse a la reelección. Esto es, para salvar su popularidad, aún elevada, y la gratitud de los ecuatorianos por las inversiones y la economía expansiva de sus primeros mandatos. Por esta razón, en Ecuador se vive un clima de final de ciclo. Pase lo que pase en las urnas.