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El general Flynn ocultó al FBI parte de su conversación con el embajador ruso

El ex consejero de Seguridad Nacional se podría enfrentar a una acusación penal si se demuestra que mintió

Imagen del 22 de enero de 2017 de Michael Flynn en la Casa Blanca. EFE

La caída del teniente general retirado Michael Flynn aún no ha terminado. Tras haber perdido la confianza del presidente Donald Trump, ahora le puede tocar responder ante la justicia de sus actos. En su interrogatorio del pasado 24 de enero a manos del FBI, el entonces consejero de Seguridad Nacional negó haber discutido con el embajador ruso, Sergey Kislyak, las sanciones al Kremlin. Esta versión ofrecida a los agentes federales, revelada por The Washington Post, entra en flagrante contradicción con las grabaciones de dicha charla obtenidas por los servicios de contraespionaje estadounidenses. Y en caso de demostrarse que Flynn mintió al FBI, se le podría acusar de perjurio. La última palabra, con todo, la tiene el Departamento de Justicia, que en un principio, duda de dar el paso. Considera, según la CNN, que no hubo mala fe en su conducta.

El procesamiento del defenestrado consejero de Seguridad Nacional aumentaría el voltaje del escándalo. Aunque los expertos consideran que las posibilidades de juzgarle son muy escasas, permitiría a un fiscal indagar la oscura trama rusa. También supondría un mazazo para Trump, quien hoy mismo defendió la honestidad del general y sólo le reprochó no haberle comunicado adecuadamente la conversación al vicepresidente, Mike Pence. Una mentira que llevó al segundo hombre más poderoso de la Casa Blanca a negar en público que se hubiesen tratado con el embajador Syslak las sanciones de Obama a Rusia.

El nudo gordiano del conflicto fue una conversación mantenida a finales de diciembre, al tiempo que Obama anunciaba la expulsión de 35 diplomáticos rusos por las interferencias del Kremlin durante la campaña electoral. La llamada tenía como fin aplacar la respuesta de Vladímir Putin a las sanciones. Flynn, en aquel momento sin un cargo oficial, aunque en el Gobierno en la sombra, dio a entender al embajador que si Rusia se moderaba, les sería más fácil reequilibrar las relaciones cuando llegasen al poder el 20 de enero. Tras esta conversación, el presidente ruso decidió no tomar ninguna represalia contra Estados Unidos.

Flynn negó durante semanas el contenido de su charla. Pero la grabación, supuestamente tomada por el contraespionaje estadounidense, echó al traste su defensa. El Departamento de Justicia tuvo noticia de lo ocurrido y, a través de la fiscal general interina, Sally Q. Yates, alertó a la Casa Blanca de que el general retirado estaba faltando a la verdad y que era susceptible de chantaje por parte de Rusia. Un riesgo enorme dada la entidad del cargo que ocupaba y su contacto con los principales secretos de Estado.

Al conocer los hechos, Trump no tomó ninguna medida ni informó a su vicepresidente. Es más, al poco tiempo el presidente fulminó a la fiscal Yates por negarse a defender el polémico veto migratorio. Solo dos semanas después, al revelar The Washington Post parte de lo sucedido, Flynn cayó fulminado. Oficialmente su cese se debió a la pérdida de confianza. Ahora, puede acabar en el banquillo.