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Juncker avisa de que Londres pagará una factura “muy cara” por el ‘Brexit’

El presidente de la Comisión Europea augura años de negociación con Reino Unido

Jean-Claude Juncker, la semana pasada en Estrasburgo. epv / EMMANUEL DUNAND AFP / REUTERS

Bruselas comienza a fijar posiciones ante el inicio inminente del proceso de divorcio con Reino Unido. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ha abandonado este martes el mutismo mantenido hasta ahora para advertir a Londres de que se enfrenta a “una factura muy cara” al salir de la UE. A la costosa separación se sumarán unas negociaciones largas para acordar la nueva relación entre Londres y sus exsocios. “Acordar la futura arquitectura de la relación entre Reino Unido y la Unión Europea nos llevará años”, ha vaticinado.

Juncker se ha presentado ante el Parlamento federal belga como “la persona no belga que mejor conoce Bélgica” y ha pronunciado un discurso centrado en las crisis que aquejan al proyecto comunitario. Consciente de que el país que alberga el corazón de la UE mantiene una de las posiciones más duras respecto al Brexit,el presidente de la Comisión se ha animado a lanzar un desafío a Londres. “Los británicos tienen que saberlo, lo saben ya, que no habrá descuento ni coste cero. Los británicos deben respetar los compromisos en los que ellos participaron. Así que la factura será, por decirlo un poco vulgarmente, muy cara”, ha abundado.

La elección de ese estilo tan poco diplomático revela que la Comisión se prepara ya para una dura confrontación con el Gobierno británico. La primera ministra, Theresa May, activará el proceso en las próximas semanas, antes de finales de marzo.

Londres recela de los pagos

Los 60.000 millones de euros que calculan los expertos comunitarios representan una cantidad relativamente modesta en comparación con la verdadera factura que puede derivar del Brexit (pérdidas de exportaciones y de inversión para toda Europa, principalmente para Reino Unido). Pero el presupuesto de la UE representa un símbolo que los británicos pelearán con fuerza. Como ejemplo de que el proceso no será fácil, las grandes líneas que la primera ministra británica, Theresa May, presentó hace unos días al Parlamento británico sobre el Brexit recogen que no habrá más “grandes contribuciones” al Presupuesto europeo.

Con esa referencia a la factura, el líder comunitario aludía a unos datos no oficiales que cifran en unos 60.000 millones la parte británica correspondiente a partidas comunitarias ya comprometidas y aceptadas por todos. También incluyen los derechos de pensión de los funcionarios europeos. La partida incluye tres elementos. En primer lugar, proyectos ya comprometidos pero cuyos pagos no han sido asignados (por ejemplo, iniciativas de largo plazo como el lanzamiento de satélites). En segundo lugar, los derechos de pensión de los funcionarios europeos (Londres insistirá en que solo cubran a los británicos que se retiren, pero la Comisión considera que no se puede diferenciar por nacionalidades). En tercer lugar, esa cantidad incluye garantías sobre préstamos que otorga, entre otros, el Banco Europeo de Inversiones.

Aunque un portavoz de la Comisión ha eludido esta mañana precisar las cifras, fuentes comunitarias destacan que el cálculo está bien fundado (aunque el número definitivo pueda ser algo diferente). Para aligerar la factura, el Ejecutivo británico exigirá descontarse el valor de los activos comunitarios (por ejemplo, los edificios de las instituciones), pero la Comisión objeta esa demanda.

Ese ajuste de cuentas amenaza con convertirse en el principal foco de conflicto del proceso. Bruselas, que negociará en nombre de los 27 socios restantes, puede presionar a Londres para que abone cantidades ya comprometidas. Pero si las cifras exceden las expectativas británicas, la UE también se arriesga a que Reino Unido abandone el club de manera abrupta, sin hacer frente a sus obligaciones. Al mismo tiempo, a Londres le interesa un divorcio relativamente amistoso si desea forjar una relación futura con la UE. “No se puede construir ninguna relación sin una separación ordenada”, ha asegurado el portavoz comunitario.

No ser ingenuos

Con su mensaje al Parlamento belga, el jefe del Ejecutivo de la UE ha incidido en una idea ya lanzada por el exembajador británico ante las instituciones comunitarias, que dejó su puesto en enero por desavenencias con Londres por la gestión del Brexit. Se trata del largo proceso que puede avecinarse para fijar un nuevo marco de relación entre Londres y Bruselas. Ese exembajador, Ivan Rogers, pronosticó que firmar un acuerdo comercial con el club comunitario costaría años, como ocurre con cualquier otro pacto comercial que negocia Bruselas (el de Canadá, que acaba de aprobar el Parlamento Europeo, tardó siete años en cerrarse). Por eso Juncker ha animado al resto de socios a “no ser ingenuos” a la hora de negociar.

Para contrarrestar el desafío de sus palabras, el presidente comunitario ha instado a abordar ese diálogo “no con el corazón lleno de hostilidades, sino sabiendo que el continente debe mucho a Reino Unido”. Y ha lamentado la decisión del Brexit: “Ver partir a un país que es un verdadero actor europeo me entristece”.

Los Veintisiete preparan ya una cumbre

Europa espera desde hace ocho meses el pistoletazo de salida del Brexit, que el ex primer ministro David Cameron se comprometió a activar después del referéndum de salida y que finalmente llegará en marzo. La Comisión Europea y el Consejo Europeo —representa a los Estados miembros— tienen ya casi listas las líneas de actuación que presentarán a Reino Unido una vez Theresa May envíe la carta para pedir formalmente la desconexión de la UE. Esas líneas comunes de los Veintisiete se condensarán en un documento político, con líneas generales que incluyen la necesidad de pactar primero el proceso de salida de Londres y después la nueva relación. El texto defenderá el respeto a los derechos adquiridos, según las fuentes consultadas.

Bruselas trabaja con dos escenarios temporales. El primero, que May notifique la salida la semana después de la cumbre que celebrarán los jefes de Estado y de Gobierno el 9 y 10 de marzo. El mismo día que se envíe la carta, la Comisión remitirá a los Estados miembros esas líneas de negociación que deben presentar a Reino Unido para iniciar el diálogo y que primero deben aprobar los líderes de los socios restantes. El presidente del Consejo, Donald Tusk, ha comunicado ya varias fechas tentativas para que los presidentes y primeros ministros puedan acomodar en sus agendas una cumbre a 27. La primera es entre el 6 y 7 de abril, según fuentes consultadas en la Comisión y en el Consejo.

Pero la notificación británica también puede demorarse hasta finales de marzo. Los socios europeos han pedido informalmente a Londres que aleje la fecha lo más posible del 25 de marzo, cuando se conmemorará el 60º aniversario del Tratado de Roma, que dio origen a la Unión Europea de hoy. Los Veintisiete intentan que esa celebración no quede deslucida por el impacto de ese arranque del Brexit, el primer abandono de un país del proyecto comunitario. Así que confían en que se produzca antes, aunque también podría relegarse a los últimos días de marzo. En ese caso, la cumbre en la que los Veintisiete darían su primera respuesta no se produciría hasta finales de abril.

Pese a todo, la imagen de un Reino Unido que se aleja a pasos agigantados de sus todavía socios quedará cristalizada en la cumbre de Roma. A ese encuentro, en el que la UE intentará trazar su futuro, no acudirá May, a pesar de que en un principio estaba previsto que asistiera porque se trata de una celebración del proyecto al que todavía pertenece su país. La primera ministra fue invitada, pero declinó asistir porque Reino Unido no participará del futuro del club comunitario, explican fuentes diplomáticas en Bruselas.