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ANÁLISIS

Medio llena, medio vacía

La creencia generalizada es que Correa dejará pasar un mandato para volver en 2021

Rafael Correa, durante una rueda de prensa en Quito, el 22 de febrero. REUTERS

Ecuador, el país partido en dos por la raya que delimita los hemisferios norte y sur, ha celebrado unas elecciones presidenciales que con pulcritud hemisférica dejan la botella medio llena, medio vacía, y que se dirimirán en segunda vuelta el 2 de abril. Se enfrentaban un delegado del presidente Correa, Lenín Moreno, tan afable y contemporizador como su jefe es abrasador y seguro de sí mismo, y Guillermo Lasso, dirigente de una oposición a la que el correísmo ha dejado maltrecha.

La botella medio vacía habla del desgaste tras 10 años en el poder de Correa, que contrasta su última victoria en 2013 por 35 puntos de diferencia sobre su rival, con el limitado triunfo de Moreno (39%) contra Lasso (28%). Y medio llena porque el partido oficialista, Alianza PAÍS, retiene la mayoría absoluta en la asamblea y su candidato estuvo a medio punto de ganar ya en la primera.

Los números explican por qué el presidente renuncia a intentar una nueva reelección, que el analista Simón Pachano califica de “fin de la fase caudillista” del correísmo. Entre 2007 y 2013 el precio medio del crudo fue de 75 dólares el barril, con algún pico de más de 100, y hoy apenas llega a 50 dólares. Durante ese tiempo, Quito recibió por encima de 77.000 millones en concepto de exportaciones petrolíferas, el triple que los siete años anteriores, y el gasto público pasó del 21% del PIB al 43%. Pero las previsiones del FMI son para este año de una caída del 2,7%, tras decrecimientos en torno al 2% en 2015 y 2016. Ante ese panorama de inmanejable petrodependencia, Correa anunciaba que se retiraría a descansar a Bélgica con su esposa, que es de esa nacionalidad.

La creencia generalizada es la de que el presidente dejará pasar un mandato para volver en 2021 como salvador, todo ello contando con la victoria de Moreno que, sin embargo, no estaría hoy tan clara si la oposición lograra agrupar sufragios. Pero incluso con la victoria del banquero Lasso, Correa habría contado con regresar todavía mejor acogido tras una recaída neoliberal, que agravaría las desigualdades que el oficialismo solo ha aliviado. Y en una versión aún menos favorable, el expresidente gobernaría por poderes desde Bruselas apoyándose en su delegado bis, el vicepresidente Jorge Glas, más adquirido que nadie a su persona. Pero esa botella medio vacía siembra hoy la duda en el campo gubernamental.

Rafael Correa ha operado desde lo que se califica de autoritarismo competitivo, con márgenes de pluralismo y libertad de expresión limitados de manera arbitraria pero existentes, y un progreso económico real, aunque con agujeros negros de corrupción. Y esa obra, de la que está muy orgulloso el presidente, es la que vería en peligro con una victoria de Lasso; por ello amenaza hoy con quedarse y promover por medio de un artefacto legal llamado “muerte cruzada” nuevas elecciones, si la oposición cree que Ecuador vuelve a ser de su propiedad. El Correa-fundador no descarta un Correa bis, mañana mismo y no dentro de cuatro años.

La creencia generalizada es que Correa dejará pasar un mandato para volver en 2021

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