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El enroque de Fillon desbarata la operación para forzar su relevo

Los Republicanos tratan de mostrar unidad en medio de graves divisiones y le brindan apoyo unánime

François Fillon en la sede de los Republicanos en París, este lunes.

La derecha francesa dio este lunes un acelerón en su desbocada carrera hacia el suicidio electoral que le auguran las encuestas. La negativa de su deteriorado candidato François Fillon a dimitir ha impedido su relevo natural por el ex primer ministro Alain Juppé, segundo en las primarias y al que los sondeos auguraban un brillante resultado en las presidenciales. La cúpula accidental del partido ha escenificado por la noche un cierre en falso de la crisis y ha respaldado “por unanimidad” al debilitado Fillon.

La jornada comenzó con el moderado Juppé tirando la toalla tras afirmar que se siente incapaz de unir a una derecha “radicalizada” por el “obstinado” Fillon, al que no dijo apoyar. Diez horas después, sin embargo, el Consejo Político, integrado por los aspirantes de las primarias y los jefes de filas en el Parlamento, ha acordado “por unanimidad” respaldar al candidato Fillon, según ha dicho el convocante y presidente del Senado, Gérard Larcher.

Bernard Accoyer, secretario general del partido que se había alejado de Fillon estos días, ha asegurado que la campaña quedaba “relanzada”. La escena de aparente unidad se ha producido después de que el criticado candidato insistiera ante los reunidos por enésima vez que no piensa dimitir, por lo que exigió a todos que cierren filas con él como ganador de las primarias.

La llamada a la unidad sonó a clausura forzada de una crisis con pruebas de una profunda división  que augura una guerra fratricida ahora o después del anunciado desastre electoral.

Hasta el domingo, el posible relevo más probable era Juppé, lanzado a aceptar el testigo. Incluso había buscado el apoyo del expresidente Nicolas Sarkozy, el jefe de la otra gran familia dentro de la formación conservadora. “Recibí llamadas pidiéndome el relevo. Me han hecho dudar. He reflexionado”, ha dicho este lunes en una solemne declaración desde su alcaldía de Burdeos.

Fue la noche del domingo cuando se percató de que no sería capaz de unir al partido. Se dio cuenta tras observar las imágenes de la concentración convocada por Fillon en París con sus adeptos y tras escuchar su discurso y declaraciones. El candidato se enrocó, se negó a dimitir, una condición indispensable para que Juppé aceptara el reto.

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“Nadie puede impedirme ser candidato. No es el partido quien va a decidir; no va a ser en los pasillos donde se va a arreglar nada”, reiteró Fillon. Añadió que es su “programa radical” el que apoyaron los votantes en las primarias, y no el del perdedor Juppé, templado y centrista. Una candidatura “improvisada”, sostuvo Fillon, llevaría al fracaso.

Juppé se ha retirado dejando clara la división. Ha acusado al candidato de “radicalizar” a sus votantes, le ha llamado “obstinado”, le ha afeado que diga ser víctima de un compló, le ha echado en cara haber tirado por la borda el tesoro electoral del que disponía —“tenía un bulevar delante”— y, sobre todo, se ha negado a decir que le apoya. “¡Qué lío!”, ha dicho para describir la situación de la derecha.

El peligro de ese cisma ya asomó el domingo en París en la concentración de 40.000 seguidores del inmovilista Fillon que reforzaron su legitimidad. Muchos manifestantes aseguraban que, si Juppé fuera el nuevo candidato, ellos no le votarían.

“Una parte del centro nos ha abandonado. El núcleo de los militantes de Los Republicanos se ha radicalizado”, argumentó ayer el alcalde de Burdeos para señalar que él ya no se considera en condiciones de lograr “la necesaria unidad alrededor de un proyecto federador”. “Es demasiado tarde”.

La iniciativa de Juppé ha dejado al expresidente Nicolas Sarkozy, resucitado políticamente con esta crisis, como el único dirigente capaz de gestar un arreglo. Sarkozy anunció que quería tener una reunión con Fillon y Juppé “para encontrar una vía de salida digna y creíble a una situación que no puede prolongarse”. Colaboradores directos suyos pidieron este lunes a mediodía a Fillon que él mismo designara un sustituto.

El tiempo apremia: el día 17 concluye el plazo para que cada candidato presente ante el Consejo Constitucional los 500 avales de cargos electos. Fillon ya ha presentado más de 1.500.

En el Consejo Político convocado “para analizar la situación”, los participantes han visto de nuevo a Fillon cerrado en banda. “No hay plan B”, insistió. En contra de lo previsto, la posibilidad de que Fillon renunciara se alejó quizás definitivamente pese a las presiones para que se fuera y la avalancha de desafecciones entre colaboradores y dirigentes. Han dimitido su director de campaña, su tesorero y su portavoz.

Algunos de los desafectos volverán a incorporarse a la campaña, pero muy probablemente otros no lo harán. “Triste orgullo”, ha resumido en un tuit lo ocurrido Gilles Boyer, el extesorero de Fillon y fiel escudero de Juppé.

A las dos izquierdas irreconciliables parecen sumarse ahora las dos derechas irreconciliables que deben mantener las formas. El más beneficiado, una vez más, resulta ser el reformista exministro Emmanuel Macron, que se asienta como favorito al Elíseo. La llegada de Juppé le hubiera restado apoyos centristas.

Macron asegura observar a distancia este “teatro” que demuestra, dice, que tuvo razón en no participar en unas primarias que pueden acabar eliminando en la primera vuelta a la derecha y a la izquierda clásicas. Un inédito experimento de compleja digestión para Francia.

El miedo al fraude anula el voto por internet

El precedente de las acusaciones a Rusia y otros países de manipular elecciones como las de EE UU ha puesto en guardia a Francia. El Gobierno ha anulado la opción de que los votantes en las 11 circunscripciones en el extranjero puedan ejercer su derecho a través de sistemas informáticos en las elecciones legislativas de junio.

Lo anunció ayer en un comunicado Matthias Fekl, secretario de Estado de Comercio Exterior y de los Franceses en el Extranjero, quien aseguró que ha tomado la decisión "teniendo en cuenta el nivel de amenaza extremadamente elevado de ciberataques que podrían afectar al desarrollo del voto electrónico".

Las legislativas se realizarán en las mismas condiciones que las presidenciales, sin voto informático. Dirigentes de diversos partidos han desaprobado la medida, dado el número de votantes en el extranjero -más de la mitad- que usaron Internet en 2012. La crítica más significativa ha venido de Axelle Lemaire, exsecretaria de Estado de Digitalización, ahora en el equipo del socialista Benoît Hamon.

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