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LA DEMOLICIÓN DEL OBAMACARE

Los republicanos lanzan su plan para acabar con la reforma sanitaria de Obama

“Es tiempo de terminar con la pesadilla”, afirma el presidente Donald Trump

El presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan, en el Capitolio en Washington. En vídeo, el congresista Greg Walden defiende el plan sanitario republicano.

El mayor legado de Barack Obama empezó anoche su viaje al pasado. En una exhibición de poderío, los republicanos presentaron su esperado plan para desmontar la reforma sanitaria del presidente demócrata. Dirigido a reducir gasto público, el proyecto conservador congela el programa para los más desfavorecidos (Medicaid), establece techos de gasto para los fondos federales, elimina los impuestos finalistas, y sustituye los subsidios públicos a los seguros sanitarios por desgravaciones fiscales. Un giro drástico, aunque no completo ni inmediato, que busca enterrar uno de los grandes avances sociales de las últimas décadas en Estados Unidos. “Es tiempo de acabar con la pesadilla”, tuiteó el presidente Donald Trump.

La demolición será controlada. Los intereses en juego son demasiados para una destrucción masiva. Primero, porque 22 millones de personas ya han contratado un seguro sanitario gracias al denominado Obamacare. Y segundo, porque una liquidación súbita de la fiscalidad que lo sustenta aumentaría el déficit federal en 353.000 millones de dólares en 10 años.

A este peligro se añade el miedo de los republicanos a arrasar zonas de su electorado que se benefician de la reforma. El mismo Donald Trump, tan beligerante en las redes, ha señalado una y otra vez en los debates que no quiere que nadie pierda la cobertura y siempre se ha mostrado evasivo a la hora de explicar cómo reformaría el sistema.

Los republicanos más moderados también muestran resistencias y algunos núcleos ya han hecho público que votarán contra cualquier plan que suponga una merma de las prestaciones actuales. “La reforma no puede hacerse al coste de una disrupción en el cuidado sanitario de las personas más vulnerables y enfermas del país. Cualquier cambio en el Medicaid debe llevarse a cabo cumpliendo con sus necesidades”, han afirmado en una carta cuatro senadores conservadores.

Bajo este horizonte, los demócratas se aprestan a la batalla. Son minoría en ambas cámaras, pero saben que el tránsito será largo. El proyecto debe ser revisado por dos comités antes de su aprobación por la Cámara de Representantes y luego ha de entrar en las hogueras del Senado. Son muchos meses de digestión e inmensas las sensibilidades las afectadas, lo que les dará tiempo para planear bien sus ataques.

En el bando republicano hay unanimidad en el deseo de poner fin a la reforma sanitaria de Obama. Pero no tanto en el camino a seguir. Los conservadores viven abrumados por la enorme deuda de Estados Unidos, superior a los 20 billones de dólares, e insisten en que el coste per cápita sanitario no ha hecho más que aumentar sin necesariamente mejorar la calidad.

Lo que no han resuelto con precisión es cómo desmontar ese sistema que odian tanto y evitar al mismo tiempo que la población pierda prestaciones consolidadas. Atrapados por esta contradicción, el plan presentado huye de las cifras y ni siquiera calcula los costes y ahorros. Solo fija líneas maestras, todas ellas muy generales y con ambigüedad suficiente como para intentar contentar a todos los conservadores. En este afán, la nueva arquitectura mantiene con vida dos de las medidas más populares del Obamacare: los jóvenes podrán disfrutar de la cobertura sanitaria de sus padres hasta los 26 años; y las aseguradoras seguirán teniendo prohibido negar tratamiento o cobrar más a aquellas personas con problemas médicos previos.

Los cambios más profundos se dan en la clausura del sistema y sus fuentes de financiación. El desarrollo del Medicaid, el programa destinado a los más desfavorecidos, quedará congelado en 2020 y se establecerá un techo a los fondos federales. También se eliminarán las multas a los que no contraten los seguros sanitarios, y los subsidios para adquirirlos, que ahora se otorgan en función de la renta, se sustituirán por desgravaciones fiscales y en algunos casos ayudas directas al usuario, variables según la edad. Los más ricos quedarán excluidos.

Otro aspecto sensible es la reversión de los impuestos asociados al Obamacare. Para el año que viene se pretende ponerles punto final. Todo ello con la idea de que sea el usuario quien salga en busca de su cobertura sanitaria en vez de que se la subvencione directamente el Estado. “Nuestra legislación transferirá el poder de Washington al pueblo americano”, afirmaron en un comunicado los republicanos. La demolición ha empezado.