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Hombres y mujeres desiguales hasta en las pensiones

Para recibir la misma pensión, ellas necesitan trabajar 11,5 años más que los varones en un trabajo de igual valor

Una anciana pasea por la calle.

La igualdad de género no forma parte del presente de muchas mujeres europeas, que cobran menos que sus compañeros varones, ocupan menos puestos de responsabilidad y dedican más horas de su jornada a ocuparse de la crianza de los hijos o de la casa. Y, salvo que se empiecen a tomar medidas ya, tampoco van a vivir un futuro en igualdad: una de las mayores brechas entre hombres y mujeres afecta a la última etapa de sus vidas. Las europeas cobran, de media, un 38% menos de pensión.

Hay diferencias por países: la mayor brecha la afrontan las mujeres chipriotas, con un 48,8% menos de pensión que los hombres; la menor se da en Estonia (un 3,7%), según datos del Parlamento Europeo. Sin embargo, pese a la diversidad, en todos los países la conclusión es común: ellas cobran menos y son ellas también quienes se encuentran en los grupos de quienes no tienen prestación.

Como la rumana Luminita Iacob, de Barlat, en el noreste del país y en una de las regiones más pobres, que cuenta que cobra una ayuda “miserable”. Menos de 100 euros, con los que tiene que mantenerse ella y a los dos nietos que viven en su casa desde que su hija falleció. Comenta que trabajó la tierra, que nunca tuvo un empleo considerado formal, y que con la prestación que recibe en base a las ayudas que ha peleado por obtener del  Estado (parte por el trabajo agrícola y parte por carencias económicas), apenas le da para vivir. “Si no fuese porque dos de mis hijos, que viven en Italia, me mandan dinero cuando pueden, me moriría de hambre…”, lamenta.

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La Unión Europea vive en los últimos años un debate sobre la discriminación que soportan las mujeres a lo largo de su vida laboral, que se traduce en la cuantía de las pensiones que reciben cuando se retiran. Se plantea, por ejemplo, que las pensiones no se establezcan solo mediante la capacidad contributiva de la vida laboral. La Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género del Parlamento Europeo ha presentado un proyecto de informe sobre la necesidad de que la Unión elabore una estrategia para eliminar y prevenir la brecha de género en materia de pensiones. El texto se votará este mes de marzo.

La propuesta recoge algunos datos preocupantes sobre las diferencias entre hombres y mujeres, como en la duración de la carrera laboral, más de 10 años inferior a la de los hombres. “Las mujeres cuya carrera tiene una duración inferior a 14 años son víctimas de una brecha en materia de pensiones de jubilación dos veces mayor (64%) que las mujeres cuya carrera ha sido más larga (32%)”, señala el documento. Mujeres que, por su mayor esperanza de vida, de media y para toda la jubilación, “pueden necesitar más capital que los hombres”, añade.

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La brecha de género en las pensiones es del 38% en toda la Unión Europea, según un estudio del Instituto Europeo de Igualdad de Género (EIGE) publicado en 2015 con datos de 2012. En España, siguiendo la misma metodología, era del 34%; y no había mejorado con respecto a 2010. Las bajas pensiones no solo son la herencia de sueldos menores –pese a que muchas veces desempeñan trabajos de igual valor—. Las mujeres también cobran menos prestación de jubilación porque en ellas las tasas de empleo a tiempo parcial son más elevadas, como apunta la responsable de Igualdad del sindicato español UGT Cristina Antoñanzas. También las reducciones de jornada son más frecuentes en ellas en todo el mundo.

La radiografía de las pensiones ofrece una foto fija de la realidad social española. Y de la historia. Hasta hace poco más de una década, era más frecuente que las mujeres españolas percibieran una pensión de viudedad que de jubilación, según datos históricos del Ministerio de Empleo. Hoy ya no es así, pero mientras dos millones de mujeres reciben pensión de jubilación, 1,6 millones la tienen por viudedad, es decir, relacionada con la cotización del que fue su marido, según datos de 2016.

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En España, siete de cada diez personas que reciben pensiones de jubilación por debajo de 700 euros mensuales son mujeres. En esta situación hay más de 1,5 millones. Y este es solo uno de los datos que ponen de manifiesto la magnitud de la brecha de género en las pensiones que todavía se vive en España y que, en opinión de Mercedes Ayuso, catedrática de Estadística Actuarial y doctora en Economía por la Universidad de Barcelona (UB), aún tardará en desaparecer.

Entre esas 1,5 millones de españolas está Vicenta Sanz, de 79 años, que vive de una prestación de 590 euros mensual. “Gracias a Dios no tengo que pagar el piso porque ya lo tengo pagado, si no, no sé qué haría”, comenta en una cafetería de Madrid. Sanz relata que durante décadas sólo trabajó en casa, cuidando de sus cuatro hijos –tres varones y una mujer— y del hogar. Empezó a trabajar cuando terminó su matrimonio. Y de sus contratos temporales, en ocasiones de jornadas reducidas, y alternos se deriva su baja pensión.

Su amiga Milagros, de 83 años, cabello corto y teñido de color miel, por el contrario, cobró su primera prestación hace dos años, cuando falleció su esposo. La de viudedad es la única pensión de la que dispone. Aunque como Sanz trabajó en casa, y frecuentemente ayudaba en una floristería de su pueblo, Móstoles (en Madrid). Por aquellas “horillas” nunca cotizó. “La verdad es que en esos tiempos no éramos muy conscientes… ahora sí lo habría pedido. No dejo de insistirles a mis hijas y a mis nietas para que trabajen, se busquen bien la vida y no dependan de nadie”, afirma. Dice que con la pensión de viuda le da para vivir, pero que le habría gustado obtener los frutos de su trabajo.

Sus casos son la herencia de la historia de España. porque aunque la situación ha cambiado, hubo un tiempo no muy lejano en que era mucho más frecuente para las mujeres españolas recibir una pensión de viudedad que de jubilación. Son las cifras de la herencia de la dictadura franquista (1936-1975), una época en la que estaba prohibido que las mujeres casadas trabajaran. El veto no fue eliminado hasta 1960; y solo en algunos casos y profesiones.

Es complicado ponerle fechas a la reducción de la brecha en las pensiones, pero esta experta cree que hay margen para el optimismo: “Podemos prever una reducción, teniendo en cuenta la mayor participación de las mujeres en el mercado laboral en las últimas décadas, y el alargamiento de sus carreras laborales”, asegura. En la década de 1970, cuando en España se producen los efectos de un baby boom muy acentuado con un gran incremento en las tasas de natalidad, las mujeres o no trabajaban o lo hacían solo hasta que nacían sus hijos, explica Ayuso.

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“Desde finales del siglo XX el comportamiento cambia de manera significativa. Aunque el porcentaje de población ocupada masculina sigue siendo mayor, se han reducido notablemente las diferencias por intervalos de edad en cuanto a permanencia en el mercado laboral para hombres y mujeres”, añade esta experta, miembro del grupo de investigación Riskcenter de la UB.

Los efectos de ese cambio de comportamiento ya se aprecian en las estadísticas, asegura Ayuso. Aunque si se analiza la cuantía media de las pensiones de jubilación la brecha de género parece inamovible, en realidad, y aunque muy lentamente, ha ido menguando en los últimos años. En 2015, el importe medio de las nuevas pensiones para los hombres fue de unos 1.480 euros, un 34,2% superior al de las mujeres (unos 1.103 euros). “Sin embargo, en 2006, la pensión media de las altas de jubilación para los hombres era prácticamente el doble”, subraya Ayuso, que concluye: “Aunque las mujeres siguen cobrando pensiones de jubilación significativamente inferiores, la brecha de género se ha reducido en los últimos diez años”.

En el caso de España, el único caso en el que la brecha de género juega a favor de las mujeres es en las pensiones de viudedad (683,71 euros en las altas producidas en 2015 frente a 450,05 para los hombres). Pero “no hay que olvidar el origen de dicha diferencia”, señala Ayuso, que “es consecuencia de las menores bases reguladoras asociadas a las cónyuges femeninas, derivadas de carreras laborales más cortas y/o menores salarios”. “Muchas mujeres solo cuentan actualmente con los ingresos derivados de la pensión de viudedad, aunque se espera que esto vaya cambiando”, añade.

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