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Declaración de Roma: la UE pasa al ataque en la agenda de seguridad

Europa se declara “dispuesta a asumir más responsabilidades” e incluso capaz de “promover la estabilidad en su vecindario”, según el borrador del texto

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker (izquierda), conversa con Donald Tusk.
El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker (izquierda), conversa con Donald Tusk. EFE

Europa presumía de poder blando —no envía tanques, sino legislación—, pero los tiempos están cambiando. Los líderes preparan una declaración solemne para el 60º aniversario del club en la que la UE pasa literalmente al ataque. Las políticas de seguridad y defensa son ya, claramente, la prioridad. El giro retórico es radical: Europa se declara “dispuesta a asumir más responsabilidades”, “orgullosa de proteger sus valores y a su gente”, e incluso capaz de “promover la estabilidad en su vecindario”, según el borrador del texto, al que ha tenido acceso EL PAÍS.

El Brexit fue el último clavo en el ataúd de una “unión cada vez más estrecha”. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha encendido las alarmas en asuntos tan medulares como el comercio o las relaciones con la OTAN y Rusia. La minicumbre de Versalles, a principios de semana, dio un impulso que se antoja definitivo a la Europa de “distintas velocidades”, a la carta, con cooperaciones reforzadas, geometrías variables, círculos concéntricos o como quiera llamarse a la consagración del método intergubernamental. Y Roma, con el 60º aniversario de la UE, será en apenas un par de semanas el acta de nacimiento de la Europa a 27, ya sin Reino Unido.

Los líderes debatirán en la cumbre de hoy y mañana, en Bruselas, los retos más inminentes y la declaración que llevarán a la capital italiana. Esa declaración muestra una Europa con ganas de pasar al ataque. Literalmente: la prioridad es avanzar en la Europa de la seguridad y de la defensa, “con distintos ritmos e intensidades cuando sea necesario” —guiño a la Europa de las múltiples velocidades consagrada en Versalles entre Francia, Alemania, Italia y España—, y poner fin a la era del poder blando.

“Europa tiene valores e intereses”, solían decir los líderes. La policrisis de los últimos tiempos ha alterado el orden en esa frase: el texto que se prepara para Roma seguirá teniendo el tono declarativo de la “Unión Europea próspera y sostenible”, la pátina keynesiana de la economía social de mercado y las habituales referencias a los valores europeos, que tanto se echan de menos últimamente en algunas agendas. Pero todo eso pasa a un segundo plano. La prioridad es ahora una UE “segura”, en la que sus ciudadanos “se sientan protegidos”. Una Europa en la que “las fronteras sean seguras y donde la emigración se gestione humanamente y con efectividad”, y en la que el continente luche “contra el terrorismo y el crimen organizado”.

Las declaraciones solemnes suelen ser pasto del habitual lenguaje de madera, grandilocuente y esdrújulo de los aniversarios que se lleva el viento. Pero el borrador del texto de Roma, sujeto a cambios, muestra un giro en la narrativa de la nueva UE a 27, ya sin Reino Unido, y en lo que parece un nuevo orden internacional en el que el papel de los EE UU de Trump es menos predecible que antaño. Entre las prioridades destaca la necesidad de activar “una Unión más fuerte en el mundo”. Y a partir de ahí aparece una suerte de declaración de intenciones que habla de una Europa “dispuesta a asumir más responsabilidades, comprometida a reforzar su defensa y seguridad”. “Una Europa con una industria de defensa más integrada, que proteja un sistema multilateral basado en reglas, orgullosa de sus valores y capaz de proteger a su gente”. “Una Europa que promueva la estabilidad y la prosperidad en su vecindario y globalmente”, apunta ese borrador, marcado por una retórica que hace oblicuas referencias a la situación cada vez más complicada en el avispero de los Balcanes, a los conflictos en Ucrania, Siria y Libia y al nuevo rol de Estados Unidos en su relación con Rusia y China.

Múltiples velocidades

Reforzar la seguridad y la defensa de Europa se ha convertido casi en el único elemento que no genera controversias entre los líderes. Paradójicamente, ese modelo de cooperación en asuntos militares ejemplifica también el nuevo rumbo europeo: los avances a varias velocidades. Porque el elemento estrella de la mayor integración militar es la creación de un núcleo duro de países dispuestos a trabajar más estrechamente, con la posibilidad de que el resto se incorpore más tarde.

“No es una cuestión binaria entre avanzar juntos o por separado. Hay necesidad de unidad en muchos asuntos, pero también hay que reservar espacios para quienes quieran avanzar más. Unidad no es igual a uniformidad”, destacan fuentes diplomáticas. Con matices, casi todos los socios defienden esa vía con el argumento de que Europa lleva años avanzando así en el euro, Schengen o las políticas de justicia e interior. Los países del Este, temerosos de quedar rezagados, alertan contra el intento de convertir las múltiples velocidades en la nueva etiqueta de la UE. “Eso nos llevaría a la desintegración”, alertan.

“Los miedos del Este son lógicos, pero el tren europeo no puede avanzar a la velocidad del último vagón”, cierra un diplomático de uno de los grandes socios.

Polonia enturbia la reelección de Tusk

Polonia se dispone a sentar un precedente insólito en el nombramiento de cargos europeos. El Gobierno ultraconservador de Beata Szydlo rechazará la continuidad de Donald Tusk —el polaco de más alto rango en la esfera internacional— al frente del Consejo Europeo. Se espera que Tusk gane holgadamente porque la reelección requiere mayoría cualificada y lo más probable es que solo Polonia se oponga. Pero la ofensiva lanzada por meras razones de política interna —el Ejecutivo polaco quiere desterrar a la derecha moderada que representa el ex primer ministro Tusk— contamina el debate en la institución que representa a los países miembros.

La extensión del mandato de Tusk otros dos años y medio amenaza con enturbiar una cumbre en la que los líderes desean mostrar unidad ante el Brexit que se avecina. Varsovia aparecerá aislada, previsiblemente sin el apoyo siquiera de Hungría, el otro Gobierno que ha convertido en bandera el desafío a Bruselas. Más dudas genera la postura de la británica Theresa May, cuyo partido tory pertenece a la misma familia política que el polaco Ley y Justicia.