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Cruz Roja advierte de que el acuerdo de paz en Colombia no bastará para acabar con la violencia

El Comité Internacional de la organización pide un mayor esfuerzo en materia humanitaria

Un grupo de guerrilleros llegan a El Diamante para el congreso de las FARC, en septiembre de 2015.

En Colombia todavía no se puede hablar de posconflicto. A pesar de la firma del acuerdo de paz, la población civil, sobre todo de las zonas más pobres e históricamente marginadas, sigue sufriendo el drama de los familiares desaparecidos, el miedo a los restos de explosivos que siguen regados por sus caminos y la violencia armada en zonas controladas por grupos irregulares. El panorama es puesto sobre la mesa por el Comité Internacional de la Cruz Roja en Colombia en su informe anual sobre la situación humanitaria en este país, en donde el durante el 2016 el organismo detectó al menos 838 infracciones al Derecho Internacional Humanitario.

Christoph Harnisch, jefe de la delegación, reconoce el momento histórico que está viviendo Colombia tras la salida de las FARC del conflicto armado, pero subraya la preocupación por otros fenómenos que obstaculizan un proceso de paz completo en el país. “La firma del acuerdo de paz no será suficiente para acabar con la violencia en Colombia”, repite al señalar que 18.671 personas fueron afectadas por el incumplimiento de normas humanitarias el año pasado. De estas, el 40% se trató de mujeres y mejores y tuvieron como escenario los departamentos que durante décadas han sido violentadas. Chocó, Antioquia, Norte de Santander y Caquetá aparecen marcadas en el mapa en rojo. Desplazamiento, violencia sexual, tortura, homicidios en personas protegidas. “Todavía no se ha visto el beneficio de la implementación del Acuerdo de Paz en varias zonas del país. Colombia debe aceptar esta realidad”, reflexiona Harnisch. Para la CICR, la reconfiguración de otros actores armados marca una geografía de violencia cambiante y llena de incertidumbres. Preocupa la muerte de líderes sindicales, que, según cifras de organizaciones no gubernamentales, supera los 74 desde el año pasado. “Nos preocupa el contexto de miedo en el que se vive en algunas zonas. Todavía no se puede hablar de paz”, dice.

Los enfrentamientos entre fuerzas estatales y grupos armados, además de las acciones de los ‘combos’ y pandillas, ponen en evidencia, dice el informe, “que mantener la promesa de la paz será un camino largo durante el 2017”. El Chocó aparece como una de las regiones que más requiere atención. Los espacios que han sido desocupados por las FARC empiezan a ser invadidos por otros grupos armados. Es una población que además vive la tragedia de estar sola, casi desamparada. Sus fuentes de agua están contaminadas por la minería, tiene pocas alternativas frente a la producción de droga, sufre de hambre, padece de enfermedades, camina por senderos contaminados de explosivos. El jefe del CICR en Colombia llama la atención sobre la importancia de no dejar esos territorios olvidados. “Lo importante no son solo las zonas veredales, a donde llegan las FARC, sino también las que dejan. ¿Qué va a pasar allí?”, pregunta.

Las cifras alertan. En 2016, 29 personas fueron registradas como desaparecidas por día (10.610 en total), pero podría ser mayor porque en muchos casos las familias no tuvieron acceso a las autoridades o el temor de denunciar las silenció. Con la campaña #Aquífaltaalguien, el organismo internacional ha acompañado a personas que buscan a sus desaparecidos. En un año fueron recuperados y entregados 17 cuerpos, 230 familias recibieron apoyo sicológico, 36 pudieron reencontrarse con parientes de los que no tenían señales, además 460 bóvedas comenzaron a utilizarse en el cementerio de Buenaventura para sepultar los cuerpos de personas no identificadas. “Aún queda mucho trabajo por delante”, advierte el CICR, que también toca el doloroso capítulo de la violencia sexual.Con el trabajo de campo constataron que hay un elevado desconocimiento entre las víctimas sobre cómo reaccionar ante una violación. “Existen pocas denuncias como consecuencia de la falta de un ambiente protector y confidencial que brinde garantías a las víctimas para buscar apoyo, pero además es un reflejo del elevado índice en materia judicial”, se lee en el informe.

La CICR insiste en que aún queda un largo camino por recorrer  y que poco se podrá avanzar si no se atiende y se pone freno  a la  constante violación de derechos humanos que persiste. “Nos preocupa la vinculación de menores de edad y la violencia sexual en zonas afectadas por la violencia armada”, reitera Christoph Harnisch.

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