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La frontera oriental de Europa entre Bulgaria y Turquía

El país más pobre de la UE ha invertido unos 122 millones de euros en ampliar la valla fronteriza

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Bulgaria ha sido uno de los últimos países en erigir una verja contra la inmigración en la frontera oriental de Europa. Cuando, en 2012, Grecia inauguró su muro de 12 kilómetros en la lengua de tierra que le unía a territorio turco (el río Evros ejerce de separación natural los restantes 194 kilómetros), Bulgaria comenzó a recibir un flujo creciente de refugiados y migrantes; así pues las autoridades de Sofía decidieron imitar a su vecino y levantar una valla de tres metros de altura a lo largo de 33 kilómetros en la frontera con Turquía que fue completada en 2014.

La frontera oriental de Europa entre Bulgaria y Turquía

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Un año más tarde, el Gobierno anunció que la extendería otros 130 kilómetros (de los 240 que consta la frontera turco-búlgara) y posteriormente otros 60 kilómetros más. Al Estado más pobre de la Unión Europea consideró que le salía más barato pagar los 122 millones de euros que se calcula ha costado esta ampliación que el millón de euros que pagaba al mes por el millar de policías que mantenía patrullando dicha frontera.

El resultado ha sido que, en efecto, ha contenido el número de refugiados. Eso sí, a costa de que las rutas que utilizan quienes intentan penetrar en el país se hagan más peligrosas: a través de las montañas de Istranca. Las últimas víctimas fueron, el pasado 6 de enero, dos iraquíes hallados muertos a causa de la hipotermia. Unos días antes, una mujer somalí había muerto en la misma zona.

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