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El comité de Inteligencia está dividido sobre los vínculos entre Moscú y la campaña de Trump

Mientras el jefe republicano no ve pruebas, el portavoz demócrata afirma que sí hay indicios

El desfile del día de San Patricio a su por paso por la Torre Trump de Nueva York. AFP

La división que existe en la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes de Estados Unidos sobre las injerencias de Rusia en las elecciones presidenciales puede cristalizar este lunes en la primera audiencia abierta sobre el caso. El republicano Devin Nunes, presidente de este comité, aseguró este domingo en una entrevista en la cadena de televisión Fox que no ha visto pruebas de una supuesta conchabanza entre el Kremlin y la campaña de Donald Trump para favorecer su victoria. Sin embargo, el portavoz demócrata de ese mismo organismo en el Congreso, Adam Schiff, dijo en la NBC que sí hay “pruebas circunstanciales de colusión y pruebas directas de engaños”. “Es ahí donde empezamos la investigación”, añadió.

Tanto Nunes como Schiff comparecerán este lunes en la audiencia junto con el director del FBI, James Comey, y su homólogo en la Agencia Nacional de Seguridad, Michael S. Rogers. En un informe de principios de enero, tanto los servicios de inteligencia de EE UU como el FBI concluyen que Vladímir Putin orquestó toda una campaña de ciberespionaje para denigrar la candidatura de Hillary Clinton y ayudar a la llegada de Trump a la Casa Blanca. A partir de ahí, los vínculos de diferentes personas del entorno y la campaña del hoy presidente con diplomáticos o políticos rusos disparan las sospechas de una posible conchabanza.

Nunes afirmó este domingo que "el único delito" hallado hasta ahora es la filtración a la prensa del nombre de Michael Flynn, que tuvo que dimitir como asesor de Seguridad Nacional cuando se supo que había mantenido contactos con el embajador de Rusia, Sergei Kislyak, antes de la toma de posesión de Trump y que habían abordado el asunto de las sanciones impuestas por Obama a Rusia por espionaje.

La postura del presidente fue migrando de una incredulidad radical hacia los servicios de inteligencia, a los que acusó de actuar en clave partidista y haber iniciado una “caza de brujas”, a aceptar que los hackeos podían haber sido orquestados por el Kremlin, pero rechazando cualquier acuerdo ilícito con su campaña y cualquier influencia real en el voto estadounidense. Hace poco, Trump dio otra vuelta de tuerca al ya culebrón del espionaje en las elecciones estadounidenses y acusó a su predecesor, Barack Obama, de haber pinchado su teléfono en la Torre Trump de Nueva York.

El congresista republicano, Nunes, dijo que entre toda la documentación en su poder no ha hallado tampoco prueba alguna sobre semejante acusación de presidente a expresidente. Trump, aun así, se ha mantiene firme en su sospecha.

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