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El ISIS mantiene a 400.000 iraquíes encerrados en el centro de Mosul

La ONU alerta del riesgo de éxodo ante los bombardeos y la falta de agua potable y alimentos

Decenas de iraquíes que huyen de los combates entre furzas iraquíes e ISIS aguardan para entrar en un campo de desplazados en el oeste de Mosul. AP

Unos 400.000 civiles se encuentran atrapados en el casco antiguo de Mosul, bajo el control del Estado Islámico (ISIS), según ha alertado este jueves Naciones Unidas. Sin agua corriente, ni electricidad y con cada vez mayor escasez de alimentos, esa organización teme que el inminente avance de las fuerzas gubernamentales desate un gran éxodo. Sus portavoces hablan de un creciente pánico ante los bombardeos, interrumpidos durante esta jornada a causa de las condiciones meteorológicas.

“Lo peor está por venir porque 400.000 personas se encuentran atrapadas en la ciudad vieja, en tal estado de pánico y penuria [que] inevitablemente puede hacer estallar la situación en cualquier momento, enfrentándonos a una nueva oleada [de desplazados] de grandes proporciones”, ha advertido Bruno Geddo, representante en Irak del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), según un comunicado difundido por esa agencia.

Cinco meses después de que se iniciara la batalla por Mosul y con la orilla oriental del Tigris ya liberada, las fuerzas gubernamentales iraquíes han estrechado el cerco sobre el corazón de la ciudad. Los combatientes del ISIS, cuyo número es objeto de especulación, aún controlan un 40% de lo que los mosuleños llaman “la margen derecha” del río. Se trata sin embargo de la zona más densamente poblada, un abigarrado laberinto de callejuelas que dificultan el avance al impedir el paso de los carros de combate y forzar a los soldados a la lucha cuerpo a cuerpo, lo que sin duda va a alargar la ofensiva.

En una conferencia telefónica con periodistas, Geddo ha explicado que aún quedan unas 600.000 personas en los barrios del oeste de Mosul que no han sido recuperados por las fuerzas gubernamentales, pero su preocupación se centra en los 400.000 que se hallan cercados en la ciudad vieja porque sus circunstancias se han deteriorado en los últimos días.

“La gente ha empezado a quemar muebles, ropa vieja, plásticos y cualquier cosa que arda para calentarse por las noches porque todavía llueve mucho y las temperaturas bajan significativamente”, ha contado desde el centro de recepción y tránsito de Hammam el Alil, uno de los últimos abiertos por el ACNUR, 25 kilómetros al sur de Mosul. Allí, como en otros campamentos, los empleados de esa agencia de la ONU han escuchado miles de testimonios de quienes huyen de la ciudad.

Desde el inicio de la operación militar, la ONU y las ONG han venido advirtiendo del riesgo de un éxodo masivo que no se ha llegado a producir. Aun así, los preparativos han resultado insuficientes para atender con diligencia a los desplazados. En total, han sido 340.000 personas, de ellas 157.000 a partir del inicio del asalto al oeste de Mosul a finales de febrero. El ritmo se ha acelerado desde que los soldados rodean la ciudad vieja. De acuerdo con ACNUR, entre 8.000 y 12.000 personas pasan a diario por Hammam el Alil, donde las autoridades controlan su identidad para cribar posibles miembros del ISIS antes de enviarlos a alguno de los campamentos de acogida.

“La gente se encuentra entre la espada y la pared”, ha declarado Geddo. Quedarse significa arriesgarse a perecer víctima de los combates y enfrentarse a la falta de comida, agua potable y combustible para calentarse. Pero quienes deciden huir se exponen a que les disparen los yihadistas. “Hemos oído historias de gente que escapa con la protección de la niebla matinal, de noche o justo a la hora de la plegaria, cuando la vigilancia en los controles del ISIS es menor”, ha revelado.

A este respecto, Hala Jaber de la Organización Internacional de Migraciones (OIM) ha contado a Reuters que algunos padres llegan a tapar la boca con esparadrapo a los niños más pequeños e incluso a drogarles con tranquilizantes para evitar que puedan alertar a los combatientes del ISIS con sus lloros. Ser descubiertos los pondría a merced de los extremistas que han matado a sangre fría a muchos de quienes escapan y también han utilizado a civiles como escudos humanos.

Mosul, histórico cruce de caminos de la antigua Mesopotamia, llegó a alcanzar los dos millones de habitantes en vísperas de la toma del ISIS en junio de 2014, arrebatando a Basora su título de segunda ciudad de Irak. Pero la brutalidad de la férula yihadista mermó rápidamente la población. Primero huyeron las minorías (cristianos, musulmanes chiíes, yazidíes, mandeos). Poco después también los suníes encontraron insufrible la opresión de quienes se habían arrogado su defensa frente al sectarismo de Bagdad.