Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Un plan Marshall musulmán

Los atentados terroristas continuarán sucediéndose mientras que Reino Unido y EE UU cierren sus fronteras

Álvaro Obregón, presidente de México (1920-1924), un asesino, por cierto, era proclive al uso de frases cargadas de un sentido del humor ciertamente muy ácido. Si hurgamos en su repertorio de ocurrencias políticas nos encontraremos con una que lo hizo famoso: “Cualquiera que esté dispuesto a dar su vida a cambio de la mía, podrá liquidarme tan pronto se lo proponga”. José de León Toral se lo propuso y lo mató, con ciertos aliados, en su carácter de presidente electo, en julio de 1928.

Pero abordando el tema que me ocupa en la presente columna, quisiera referirme al atentado terrorista que volvió a padecer Londres el miércoles, una respuesta a Reino Unido como consecuencia de su política relativa a la cancelación de la migración musulmana a ese país y a la declaración de guerra al Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) por medio de las fuerzas armadas británicas, fundamentalmente en Siria. El resentimiento islámico de carácter violento se exasperará aún más a partir del radicalismo británico. Los atentados de la misma naturaleza cometidos en París, Bruselas, Múnich y Niza fueron ejecutados, en su inmensa mayoría, por musulmanes ya nacidos en la Europa Occidental. Los criminales que destruyeron las Torres Gemelas en 2001, no eran naturales de dicho país, sino que habían sido seleccionados y capacitados por Osama Bin Laden fuera de los Estados Unidos.

Si el alcalde de Londres y el de Rotterdam son musulmanes y no se pierde de vista que en Europa existen 18 millones de personas que profesan esa religión, concluyamos, entonces, que el enemigo ya está en casa, porque una tercera parte está de acuerdo con la yihad, aun cuando no son terroristas. La inmensa mayoría musulmana que vive en Europa no está integrada por fanáticos criminales y suicidas. Sin embargo, existen muy reducidos círculos de resentidos capaces de dar su vida por el movimiento del ISIS y por congraciarse con Alá. Los atentados terroristas continuarán sucediéndose en Europa y en Estados Unidos, uno tras otro, en la misma medida en que Washington y Londres cierren sus fronteras indiscriminadamente y, además, insistan en declarar la guerra al radicalismo del ISIS. Los fanáticos musulmanes de nacionalidad británica o francesa o alemana o belga, irán surgiendo paulatinamente, mientras más se endurezcan las políticas europeas en contra de ellos.

Imposible olvidar la guerra declarada por George Bush hijo a Irak o a Afganistán, ni mucho menos pasar por alto el papel que jugó Estados Unidos en el encumbramiento y posterior derrocamiento del sha de Irán que desestabilizaron a ambos países, entre otros tantos, más víctimas de la prepotencia imperialista de Estados Unidos. El resentimiento en dichos países, como en Siria, estuvo y estará vigente por muchos años más.

De acuerdo con lo anterior, en la misma medida en que se abran las fronteras en forma selectiva a la migración musulmana, valdría la pena, en lugar de resolver los conflictos a bombazos, proponer un plan Marshall musulmán, junto con varias potencias asiáticas y del Medio Oriente, para construir escuelas, academias, universidades en aquellos países destruidos para saciar los apetitos económicos de las grandes potencias. Si el plan Marshall propuesto por los Estados Unidos al final de la Segunda Guerra Mundial implicó una ayuda para la Europa devastada por 12.000 millones de dólares, bien valdría en esta ocasión reconstruir lo dañado en esas latitudes, inyectar 10 veces más recursos entre todos, suscribir tratados comerciales y culturales y hacer todo lo posible por rehabilitar la zona para buscar una reconciliación con el mundo musulmán.

De sobra sé que lo anteriormente dicho constituye un simple conjunto de buenos deseos imposibles de materializar. Lo que también sé es que la violencia produce violencia y que a bombazos nunca se resolverán las abismales diferencias, menos aun cuando el enemigo ya está en casa y en la proporción que se desee, se encuentra dispuesto a dar su vida a cambio de alcanzar sus objetivos criminales. ¿Cómo luchar contra un enemigo si es capaz de envolver a un pequeñito con bombas de alto poder para hacerlas estallar en un templo, en una calle o en un mercado? Mejor, mucho mejor un plan Marshall musulmán.