Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Las escritoras se implantan, por fin, en la escuela francesa

Madame de Lafayette, la primera mujer que entra en el programa oficial de la opción de letras

La ministra de Educación, Najat Vallaud-Belkacem, en una escuela en el suroeste de Francia
La ministra de Educación, Najat Vallaud-Belkacem, en una escuela en el suroeste de Francia AFP

No será por falta de opciones: ahí están Marguerite Duras, George Sand, Marguerite Yourcenar, Louise d’Épinay, Colette, Madame de Sévigné o, cómo no, Simone de Beauvoir. La literatura francesa puede jactarse de contar con reconocidas y abundantes autoras femeninas que han trascendido tiempos y fronteras. Pero hay una barrera que estas mujeres aún no habían logrado superar del todo: la enseñanza francesa. Hasta ahora. Según se ha anunciado en el último “boletín oficial” de la educación nacional, el próximo curso, los alumnos que escojan la opción de humanidades en su último año de secundaria, tendrán como materia obligatoria, el estudio de “La princesa de Montpensier”, de Madame de Lafayette, junto a “Los monederos falsos” de André Gide, un habitual en estas clases.

¿Y por qué es esto noticia? Pues porque es la primera obra de una mujer que entra en el programa escolar especialmente dedicado a las letras para los jóvenes franceses. Y porque solo se ha conseguido por la insistencia de una profesora de literatura, Françoise Cahen, que el año pasado lanzó una petición online “para darle su sitio a las mujeres en los programas de literatura” de la enseñanza secundaria.

Cierto es que las obras de numerosas autoras son leídas, estudiadas y comentadas a lo largo del ciclo escolar, pero “jamás ha habido en el programa de literatura de la terminal L (la opción de letras de secundaria) una autora femenina”, criticaba Cahen en su escrito. No se trata, subrayaba, de buscar la paridad absoluta entre autores y autoras. Pero en una opción escolar en la que “la mayoría de alumnos y de los profesores de literatura son mujeres, ¿qué mensaje subliminal queremos dar? ¿La imposibilidad de convertirse en artista (para las mujeres)? ¿Que estamos aquí solo para estudiar y admirar a los autores masculinos?”, se preguntaba.

“Marguerite Duras, Madame de Lafayette, Annie Ernaux, Marguerite Yourcenar, Nathalie Sarraute, Simone de Beauvoir, George Sand, Louise Labé y las otras no son especialmente interesantes solo porque sean mujeres, sino que ameritan ser estudiadas por lo que han aportado a la literatura y a la sociedad”, reclamó.

Su queja de un “exceso de testosterona” en la especialización literaria de los alumnos logró reunir casi 20.000 firmas, suficientes para que la ministra de Educación, Najat Vallaud-Belkacem, la primera mujer que ocupa esta cartera en Francia, respondiera anunciando el cambio en el programa oficial y celebrando que, por fin, las mujeres empiezan a tener “el lugar que se merecen” en la educación francesa.

Es un paso importante para “la igualdad entre hombres y mujeres”, se felicitó también Vallaud-Belkacem en las redes sociales.

Tanto la ministra como la profesora han valorado la elección Madame de Lafayette (1634-1693) como primera autora de lectura obligatoria. Pero, acotó Cahen en declaraciones a Le Parisien, “esta victoria no debe ocultar todo el camino que resta por recorrer”.

Y ese camino es aún largo. Según un estudio publicado a finales de 2013 por el centro Hubertine-Auclert, que trabaja por la igualdad entre hombres y mujeres, en los libros de texto de los cursos de secundaria y de formación profesional “las mujeres son ampliamente invisibles en todos los campos (la literatura, las artes, la filosofía, el periodismo y también en tanto que figuras históricas)”. El informe destacaba que en estos manuales, la presencia de mujeres es de 6,1%, frente al 93,9% de hombres. Especialmente bajo: el número de referencias a mujeres filósofas (0,7%), escritoras (3,7%) y artistas (6,7%).

La selección de Madame de Lafayette contiene su propia dosis de justicia poética. Fue precisamente en su época, en 1689, cuando la Academia Francesa, otra de las instituciones con una marcada ausencia femenina, masculinizó los términos “autora, poetisa, pintora, filósofa y médica” habituales en ese tiempo.