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Tillerson: “El futuro de El Asad lo decidirán los sirios”

El Secretario de Estado de EE UU viaja a Turquía para tratar la situación en Siria y la lucha contra el ISIS

El secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, visita el mausoleo del fundador de la moderna Turquía, Mustafa Kemal Atatürk, en Ankara.
El secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, visita el mausoleo del fundador de la moderna Turquía, Mustafa Kemal Atatürk, en Ankara. REUTERS

Estados Unidos ofreció este jueves la última prueba de que el presidente sirio, Bachar el Asad, puede salir indemne de los crímenes cometidos por su régimen durante la guerra civil que asola su país desde hace más de seis años y que se inició a raíz de las manifestaciones que exigían el fin de su Gobierno. “Creo que el estatus a largo plazo del presidente El Asad será decidido por el pueblo de Siria”, afirmó el secretario de Estado de EE UU, Rex Tillerson, en rueda de prensa en Ankara, en una de sus escasas comparecencias ante los medios desde que fue designado para el puesto.

Sus declaraciones, hechas al lado de su homólogo turco, Mevlüt Çavusoglu, son la constatación de que el régimen sirio ha ganado la guerra sobre el terreno —controla las principales vías de comunicación y ciudades del país— y de que los rebeldes apenas tienen poder excepto en algunas bolsas de resistencia y solo gracias al sostén externo. Tanto Washington como Ankara, antes empeñadas en derrocar a El Asad, parecen haber aceptado a regañadientes la continuidad de El Asad o, si Rusia consiente, una continuación del régimen con ligeras modificaciones: un asadismo sin El Asad.

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Andrés Mourenza

No solo el apoyo a los kurdos divide a dos viejos aliados como son EE UU y Turquía. El Gobierno turco reiteró a Tillerson su petición de que sea extraditado el clérigo Fethullah Gülen, que reside en Pensilvania y que es acusado de estar tras la fallida asonada militar del pasado mes de julio. “Hemos pedido que (mientras se resuelve la petición de extradición) sea arrestado de forma temporal”, dijo Çavusoglu en Ankara, pues se teme que el polémico imán turco escape a Canadá. El jefe de la diplomacia turca también transmitió sus quejas porque Mehmet Hakan Atilla, subdirector general del banco público turco Halkbank, fuese detenido esta semana en Nueva York. Atilla ha sido acusado junto al empresario turco-irani Reza Zarrab –muy cercano a la familia Erdogan y que fue detenido el pasado año en Miami- de conspirar para ayudar al régimen iraní a burlar las sanciones impuestas por EE UU. Quien lanzó esta investigación fue el fiscal jefe del distrito sur de Nueva York Preet Bharara, al que los turcos acusan de trabajar a las órdenes de Gülen y que es uno de los togados a los que el presidente Donald Trump ha obligado a dejar el cargo. Esto había hecho pensar a las autoridades turcas que el caso Zarrab sería aparcado, pero no ha sido así: el sustituto de Bharara ha continuado y profundizado las pesquisas. Cosas de la independencia judicial.

Pero el viaje de Tillerson a Turquía tenía como objetivo otras cuestiones relacionadas con la guerra de Siria: la lucha contra el Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) y cómo arrebatarle la capital de facto de su Califato, Raqa. Ankara pretendía participar en dicha ofensiva pero, del mismo modo que en la campaña de Mosul debido a la tensión que mantiene con Bagdad, en este caso también parece haber quedado fuera. Las fuerzas del régimen sirio, con apoyo ruso, y las milicias kurdas han bloqueado el camino a los turcos en Siria, que se han visto obligados a dar por terminada su Operación Escudo del Éufrates. En su encuentro de este jueves, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, recriminó a Tillerson el apoyo dado por EE UU a dichas milicias kurdas y exigió que le ponga fin –ya que están estrechamente relacionadas con el grupo armado kurdo PKK, que opera en Turquía y al que Washington considera terrorista-. Sin embargo, la Casa Blanca considera que las Unidades de Protección Popular (YPG) y el PKK son dos organizaciones separadas y no parece plausible que deje de apoyar a las milicias kurdo-sirias ya que están siendo cortejadas también por los rusos y dejarlas escapar supondría para Estados Unidos el fin de toda posibilidad de influencia en Siria.

Con todo, el secretario de Estado se comprometió a evaluar las “alternativas” y propuestas de Turquía para la toma de Raqa y garantizó que ambos países seguirán cooperando en la lucha contra el ISIS. “No hay fisuras entre Turquía y EE UU en cuanto a nuestro compromiso por derrotar al ISIS”, explicó Tillerson. Una de las cuestiones tratadas con las autoridades turcas en sus reuniones fue el establecimiento de “zonas interinas de estabilidad”, aunque durante la rueda de prensa no dio detalles sobre detalles concretos del proyecto más allá de que se trata de “garantizar la seguridad en las áreas liberadas del ISIS para que pueda regresar allí la gente que ha tenido que huir de Siria”.

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