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Mocoa, la tragedia sin fin de Colombia

Vivienda precaria, deforestación o la violencia son algunos de los males que asuelan la zona de la avalancha en la que murieron más de 250 personas

La tragedia de Mocoa, una localidad a los pies del Amazonas.

Mocoa es una de esas ciudades de Colombia que reúne todos los males que impiden que este país se deshaga de la etiqueta de la desigualdad crónica. La avalancha que la madrugada del sábado acabó con la vida de 250 personas es solo un capítulo más de la historia negra de esta región del Putumayo asolada por la pobreza, la violencia de más de medio siglo de conflicto y la crueldad de la naturaleza.

Los vecinos de Mocoa ponen nombre a las peores estadísticas de Colombia: la tasa de desempleo en el Putumayo, departamento al sur del país, es de las más altas. Sus pobladores, con escasas rentas, sobreviven en casas de barro, ladrillo hueco y arena dispuestas sin una planificación urbana correcta. "Las viviendas no parecían endebles, pero sí estaban en una zona altamente vulnerable", explica Christian Euscátegui, jefe de pronósticos y alertas del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam). El experto se refiere a una tierra amazónica, rodeada de altas cordilleras y ríos caudalosos que no es ajena a los efectos del cambio climático.

Desde 2010 a 2011, esta región de América Latina ha sido golpeada por el fenómeno de la Niña, fuertes lluvias que deforestaron y erosionaron muchas zonas. En el caso de Mocoa y las poblaciones aledañas, se han ido generando problemas de sedimentación que han llenado los ríos de residuos. A estos cambios de la naturaleza, se suma el factor humano. El mal uso del suelo por la ganadería y la construcción de la variante que debía unir con una carretera los municipios de San Francisco y Mocoa, también son responsable de la deforestación en esta zona.

Ante esta situación, José Antonio Castro, alcalde de Mocoa, estaba trabajando en planes de contención y prevención con representantes locales de la Unidad de Gestión de Riesgos, especializada en este tipo de catástrofes, según explicó en una entrevista con la revista Semana. "Se hicieron muchas obras de mitigación, pero cualquiera que se hubiera hecho como muros, que era lo que se había pensado hacer, no habría servido porque la avalancha tuvo unas magnitudes impresionantes de agua. Fue una tempestad que desbordó cualquier pronóstico", explicó.

La falta de infraestructuras de comunicación ha agravado la tragedia provocando limitaciones para la llegada de la ayuda humanitaria por tierra. "Los puentes quedaron destruidos, las vías hacia Huila quedaron intransitables, estamos cercados", decía el alcalde horas después de la avalancha. La región del Putumayo, aislada por años de conflicto, ha visto como sus carreteras no solo no terminaban de construirse, también eran voladas como estrategia de guerra.

Donde no había Estado, estaban las FARC y los paramilitares disputándose una salida para el negocio del narcotráfico. En estas tierras son más habituales los cultivos de coca que de otras materias primas. El 80% de la cocaína que se produce en Colombia proviene de los departamentos de Cauca, Nariño, Caquetá, Norte de Santander y Putumayo, este último con más de 20.000 hectáreas cultivadas, según un informe de la ONU.

La Fiscalía colombiana ha enviado a la zona 45 investigadores, 10 fiscales y 15 médicos desde Pasto (Nariño), Neiva (Huila) y Florencia (Caquetá). No solo ayudarán en la respuesta inmediata ante la emergencia, sino que se encargarán de averiguar que sucedió en Mocoa para entender si esta catástrofe se podría haber evitado.

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