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Tíbet inicia la construcción de la línea eléctrica más alta del mundo

El proyecto responde al doble objetivo de mejorar la infraestructura y aprovechar el potencial hidroeléctrico de la región

Siendo Tíbet el 'techo del mundo', cualquier infraestructura que se construya en su meseta logra fácilmente el reconocimiento de ser la más alta del planeta: ha ocurrido con vías de tren o autopistas, y ahora con una nueva línea eléctrica de alta tensión. El proyecto, que se completará el año que viene, supone una compleja obra de ingeniería con el doble objetivo de reforzar la cobertura de la red eléctrica en la región y facilitar la transmisión de energía hidroeléctrica a otras partes de China.

La línea de tren entre Pekín y Lhasa, capital del Tíbet, cuyo trazado discurre a más de 4.000 metros.
La línea de tren entre Pekín y Lhasa, capital del Tíbet, cuyo trazado discurre a más de 4.000 metros.

La nueva conexión tendrá más de 2.700 kilómetros de largo, pasando por tres ciudades y diez condados del centro y sureste de Tíbet. La altitud media del recorrido es de unos 4.000 metros sobre el nivel del mar, aunque la torre más alta se situará en los 5.300 metros. El coste del proyecto asciende a 16.200 millones de yuanes, unos 2.200 millones de euros, según informó la compañía eléctrica de Tíbet (propiedad de la china State Grid) en un comunicado.

La complicada orografía del terreno provoca que solamente haya tres líneas para mover la electricidad en un territorio en el que, si bien vive poca población en comparación con otras zonas de China, tiene una superficie de 1,23 millones de kilómetros cuadrados (más de dos veces el tamaño de España). La única gran red eléctrica es la que cubre la capital, Lhasa, y sus alrededores, mientras dos más pequeñas dan servicio al este y el oeste. Sin embargo, un 20% de los condados en Tíbet siguen sin estar conectados a la red eléctrica principal.

La nueva conexión unirá la red central con la oriental con el objetivo de reforzar esta última. Además, una de sus variantes permitirá garantizar el suministro eléctrico del tren que enlazará Lhasa con Nyingchi (otra ciudad a unos 400 kilómetros al este de la capital), actualmente en construcción. La empresa asegura que la construcción es de las más complicadas que se han hecho porque parte de la conexión discurrirá por una zona de gran actividad sísmica, donde el clima cambia con frecuencia y en la que solamente es posible trabajar seis meses al año.

En las últimas décadas el Gobierno chino ha invertido miles de millones de euros en infraestructuras en Tíbet para frenar las ansias independentistas de la región. "La construcción de una red de energía a gran escala es propicia para estimular la inversión, aumentar el empleo, facilitar la calidad de vida de las personas y mantener la unidad y la estabilidad", dijo la empresa durante la presentación del proyecto.

Aunque el Gobierno tibetano en el exilio le acusa de intentar erosionar la cultura e identidad tibetana, Pekín defiende su gestión asegurando que sus inversiones y gestión han logrado mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Sin embargo, esta es muy inferior a los estándares que gozan las provincias orientales de China. Si bien la economía tibetana creció un 11,5% en 2016 (cinco puntos más que la media china), la renta per cápita disponible es de solamente 12.254 yuanes anuales (unos 1.675 euros), prácticamente la mitad que la media nacional. Si en el total de China la tasa de analfabetismo entre los mayores de 15 años era en 2015 del 5,5%, en Tíbet se dispara hasta el 37,3%. De acuerdo con los responsables del proyecto, las inversiones efectuadas desde 2011 a 2015 en redes eléctricas han dado servicio a casi medio millón de personas, mientras que con esta se beneficiarán 100.000 más.

Más allá de garantizar que sus habitantes tengan acceso a un suministro eléctrico estable, Pekín ve en Tíbet una importante fuente de energía hidroeléctrica para satisfacer la cada vez mayor demanda energética en sus provincias más desarrolladas. La meseta tibetana es el origen de los mayores ríos de Asia, entre ellos el Yangtsé, el Mekong o el Amarillo. Desde hace años empresas estatales construyen enormes presas en el curso alto de estos ríos para aprovechar su abundante caudal, algo de lo que recelan otros países porque temen un trasvase de agua que les afecte.

Según cálculos de las autoridades chinas, las reservas de energía hidroeléctrica en Tíbet podrían generar 210 millones de kilovatios, casi un 30% de la capacidad total de China. Teniendo en cuenta que gran parte de la energía en el gigante asiático sigue generándose quemando carbón (de ahí procede, en parte, la elevada contaminación atmosférica en las principales ciudades), no es extraño que estos proyectos sean una prioridad. Dos de las tres redes de transmisión de electricidad en Tíbet están ya conectadas con las de Sichuan y Qinghai, provincias limítrofes. "Se trata de mejorar la capacidad de entrega de energía limpia hacia el exterior", explica la empresa.

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