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La evacuación de poblaciones asediadas en Siria fuerza el desplazamiento de 30.000 civiles

El régimen y los rebeldes ponen en marcha el acuerdo alcanzado en cuatro localidades con la mediación de Irán y Qatar

Un autobús proveniente de Fua y Kafraya llega a Rashidin, al oeste de Alepo, este viernes. Reuters-Quality

Más de 30.000 civiles y decenas de combatientes están siendo evacuados este viernes en cuatro localidades de Siria, dos rebeldes y otras dos en manos del régimen, asediadas desde 2015. El acuerdo para el desplazamiento de la población fue alcanzado en marzo con la mediación de Irán, aliado del Gobierno, y de Qatar, que apoya a la oposición, aunque no ha podido ponerse en marcha hasta ahora ante la desconfianza generada entre los contendientes tras más de seis años de guerra civil.

Decenas de autobuses han salido a primera hora de la mañana de Al Fua y Kafraya, dos poblaciones chiíes controladas por las fuerzas gubernamentales en la provincia de Idlib (noroeste) y cercadas por milicias insurgentes islamistas, según informó el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, ONG que cuenta con informadores sobre el terreno. Está previsto que la mayoría de los 16.000 habitantes que suman ambas localidades se dirijan a zonas en poder del régimen en Alepo, Latakia o Damasco. La mayoría de los evacuados en los primeros convoyes son mujeres, niños y ancianos.

También al despuntar el día abandonaron la ciudad rebelde suní de Madaya –en la provincia de Damasco y cercada desde hace más de dos años por las tropas gubernamentales y por sus aliados libaneses de Hezbolá–, cientos de civiles en una caravana de autobuses que se dirigía a Idlib. Varios insurgentes, que estaban autorizados a viajar con armas ligeras, les acompañaban en los vehículos. La cercana Zabadani debía ser evacuada también bajo las mismas condiciones, aunque el Observatorio no había constatado al mediodía movimientos de población, e informó de que el traslado se había aplazado previsiblemente hasta la noche.

Naciones Unidas ha intentado llevar ayuda humanitaria a las cuatro poblaciones cercadas, pero apenas ha conseguido enviar unos pocos convoyes con alimentos y medicinas desde 2015. Los casos de desnutrición y enfermedades se han multiplicado entre los asediados y su situación fue considerada hace un mes “catastrófica” por la ONU. Unas 600.000 personas viven en zonas sitiadas por tropas enemigas y cerca de cinco millones de sirios se encuentran en zonas de difícil acceso a causa de la guerra.

El régimen del presidente Bachar el Asad ha ofrecido en los últimos meses a los rebeldes una serie de “acuerdos de reconciliación local” para que abandonen con sus fusiles —pero sin artillería– los bastiones rebeldes cercados acompañados por sus familias. A cambio de garantizarles el paso hasta los principales feudos de la insurgencia, entregan unas posiciones que obligaban al Ejército a distraer fuerzas de los principales frentes de combate. La oposición denuncia que los sitiados se ven obligados por el hambre y las privaciones a aceptar pactos que están desencadenando una “limpieza” de rebeldes suníes en zonas alauíes (rama del islamismo chií) controladas por el Gobierno.

En una entrevista publicada el jueves por France Presse, el Asad aseguró que los movimientos de población iban a ser provisionales y los residentes podrían regresar a sus ciudades una vez “limpiadas de terroristas (como el régimen denomina habitualmente a todos los insurgentes)”. Tras las evacuaciones masivas de civiles en Homs (2015) y el este de Alepo (2016) las áreas abandonadas por los insurrectos se han convertido en distritos despoblados.

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