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Europa reclama contención a Erdogan tras su ajustada victoria en el referéndum

Bruselas amaga con replantear el proceso de adhesión de Turquía a la UE

Erdogan saluda a sus simpatizantes este lunes en Estambul. En vídeo, así será la nueva Turquía de Erdogan.

Europa evita felicitar al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, por su victoria en el referéndum y le advierte de que está en juego la errática candidatura de Turquía a integrar la UE. A la inquietud por el poder casi omnímodo que la reforma constitucional garantiza a Erdogan, el club comunitario añade ahora otro motivo de recelo: las sospechas de fraude en la votación. Los líderes europeos muestran preocupación ante el creciente autoritarismo del líder turco y le urgen a dialogar con toda la sociedad ante la ajustadísima ventaja del en el resultado.

La relación de Turquía con Europa se convirtió en uno de los ejes de campaña para reclamar el respaldo a la reforma constitucional de Erdogan. Conscientes de que el resultado condicionará el entendimiento entre Ankara y Bruselas, los dirigentes comunitarios alertan. Los cambios constitucionales “serán evaluados en el marco de las obligaciones de Turquía como país candidato a la UE y como miembro del Consejo de Europa [institución ajena a la UE]”, según un comunicado del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, la jefa de la diplomacia, Federica Mogherini, y el comisario de Ampliación, Johannes Hahn. Es decir, los Estados miembros evaluarán si, con los cambios introducidos en la Constitución, el vecino del sur sigue cumpliendo los criterios para aspirar a ingresar en la UE. Pero por encima de todo, la cúpula de la UE exhorta a aplicar los cambios “con el mayor consenso posible”.

Los ministros europeos de Exteriores debatirán sobre el futuro de la relación con Turquía en un encuentro que celebrarán los próximos 28 y 29 de abril en Malta. De momento se trata de una discusión abierta, precisan fuentes cercanas a Mogherini, aunque puede acabar perfilándose alguna propuesta más concreta.

La pena de muerte como línea roja

En Bruselas existe el convencimiento de que, si se produce una ruptura con Turquía, será a iniciativa de Erdogan, no de las autoridades europeas. Aun así, hay líneas rojas que obligan a actuar. Si Erdogan concretara su amago de reimponer la pena de muerte, Bruselas tendría que rechazar a Turquía como país candidato (un estatus congelado en la práctica). El presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, lo expresó claramente en un tuit: “Estoy muy preocupado por la mención de un posible referéndum sobre la pena de muerte en Turquía. [Es una] línea roja para la UE”.

Francia aludió también a esa amenaza para pedir a Turquía “ajustarse a la convención europea de los derechos humanos, de la que Turquía es firmante, y proscribe el recurso a la pena de muerte”, aseguró el Ministerio de Exteriores en un comunicado. Y el ministro alemán Sigmar Gabriel ratificó en una entrevista al diario Bild que esa medida “supondría el fin del sueño de Europa”.

Pese a que las voces europeas que instan a romper con Turquía son cada vez más sonoras, resulta poco probable una respuesta diplomática brusca. Alemania, Francia y Grecia marcan el tono comunitario ante los excesos de Ankara. Y ninguno de los tres parece respaldar la idea de dar un portazo a Erdogan. Berlín le ha pedido a Ankara que dialogue con el bando opositor y le recuerda que sus obligaciones internacionales pasan por el respeto la democracia y a los derechos fundamentales. Esa medidísima reacción encierra un agitado mar de fondo entre Berlín y Ankara, que amenaza el tupido entramado de intereses que rige entre ambos países.

En un comunicado conjunto que firman la canciller, Angela Merkel y el titular de Exteriores, Sigmar Gabriel, el Gobierno alemán considera que el resultado ajustado demuestra la profunda división que polariza a la sociedad turca. “Eso significa una enorme responsabilidad para los líderes turcos y para el presidente Erdogan personalmente”, advierten desde Berlín. El texto pide a Erdogan que “después de un dura campaña electoral, busque un diálogo respetuoso con todas las fuerzas políticas y sociales del país”.

El nuevo desafío de Ankara se produce en un momento complicado de las relaciones entre Turquía y Alemania. Al malestar que produce en Berlín la deriva autoritaria de Erdogan se le suman los ataques directos del presidente turco al Gobierno alemán durante la campaña del referéndum. Erdogan llegó a acusar a la canciller “de actuar como los nazis”, después de prohibir el desembarco electoral de ministros turcos en Alemania. Hasta un 63% de los turcos de Alemania ha votado a favor de la reforma constitucional del presidente, según los datos de la agencia Anadolu. Unos tres millones de turcos, la mayor comunidad fuera del país, residen en Alemania.

Tampoco Estados Unidos defiende posiciones más enérgicas que animen a cambiar el paso, según los mensajes que trasladan los diplomáticos de ese país a sus homólogos europeos.

Dureza de la Eurocámara

En este reparto de papeles entre pragmáticos y enérgicos, el Parlamento Europeo busca consolidarse en el segundo grupo. Los socialistas piden abiertamente suspender el proceso de adhesión porque “Erdogan ha cerrado las puertas a la UE con este referéndum”, argumenta Gianni Pittella, líder de los socialdemócratas en la Eurocámara. El jefe de filas del Partido Popular Europeo, Manfred Weber, sugiere "una nueva aproximación amistosa como vecinos", en la que "la pertenencia de Turquía a la UE estaría fuera de la mesa”. También la izquierda minoritaria y hasta los euroescépticos británicos y polacos han expresado inquietud. La Eurocámara debatirá sobre Turquía el próximo 26 de abril.

El Parlamento Europeo ya pidió formalmente el pasado noviembre paralizar la candidatura turca a formar parte de la familia europea. Pero más allá de razones estratégicas externas e internas, la UE tiene un poderosísimo motivo para no plantear una afrenta a Turquía. El pacto migratorio firmado hace un año ha reducido casi a cero las llegadas de refugiados y migrantes desde las costas turcas a las griegas. Y ese acuerdo se desplomaría si Ankara percibe que Europa trata de humillarla.

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