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Ahorro: seis letras que pueden mejorar los números de las economías latinoamericanas

La región vuelve a la senda del crecimiento después de seis años de desaceleración e incluso dos años de contracción de su economía

Trabajadores en una fábrica.
Trabajadores en una fábrica.

Quien ha atravesado épocas de vacas flacas sabe muy bien que cuando el viento es a favor, lo más sensato es ahorrar una parte de los ingresos. Ese colchón puede servir de ayuda para que el bolsillo no se resienta ante un cambio laboral, la llegada de un hijo o cualquier otra eventualidad que atente contra la economía familiar.

Para las economías de los países de América Latina se podría aplicar la misma teoría popular: acumular en las épocas buenas ayuda a superar las malas.

Esto es lo que los expertos llaman políticas contracíclicas: ahorrar en épocas prósperas para poder gastar en momentos cuando el cinturón aprieta. Ese es el mensaje principal del nuevo reporte del equipo del economista jefe del Banco Mundial para América Latina, Carlos Végh: "Contra viento y marea: Política fiscal en América Latina y el Caribe en una perspectiva histórica".

Luego de una desaceleración que duró seis años (incluidos dos años consecutivos de crecimiento negativo en 2015 y 2016), se espera que la región de América Latina y el Caribe crezca, en promedio, alrededor del 1,5% en 2017, seguido de un crecimiento aún más vigoroso en 2018 de 2,5%. Esto se debe principalmente a la recuperación de Argentina y Brasil (con 3% y 0,7% de crecimiento previsto para 2017, respectivamente) seguido de México (1,4%), Centroamérica y algunos países del Caribe.

Este largo proceso de desaceleración económica ha afectado las cuentas fiscales de muchos países de la región. De hecho, para 2016, 29 de 32 países afrontaron déficits fiscales, principalmente debido a gastos más altos, alcanzando una media de deuda bruta del 50% del PIB para la región como un todo. Por supuesto, esta delicada situación fiscal ata de manos a los gobiernos a la hora de establecer sus políticas públicas y macroeconómicas.

Según el informe, aunque las cifras de crecimiento son modestas en comparación con la bonanza de comienzos de los años 2000, la buena noticia es que desde la crisis financiera de 2008, la mayoría de países de la región están aplicando políticas contracíclicas. Esto representa un cambio significativo ya que, en el pasado, se aplicaron políticas de mucho gasto sin ahorro, lo que aumentaba el riesgo de un sobrecalentamiento económico durante los tiempos de auge y agudizaba las recesiones en los periodos de menores ingresos.

Adoptar estas medidas no es fácil para los países que aún no han avanzado en políticas fiscales contracíclicas, especialmente en el contexto actual mundial. "En medio de un ambiente externo caracterizado por frecuentes choques y mucha volatilidad, dicha prudencia les permitirá hacer de la política pública un instrumento que los ayude a superar la próxima desaceleración y conservar las conquistas sociales", dijo el economista jefe Végh.

María Victoria Ojea es productora online del Banco Mundial.