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El sospechoso del ataque contra el Dortmund actuó por motivos económicos

El supuesto autor, que ha sido detenido, especulaba con una caída del precio de la acción del club, según la Fiscalía

Así quedó el autobús del Dortmund el pasado 11 de abril. Vídeo: ATLAS. Foto: Martin Meissner

Avaricia. Ese fue presuntamente el móvil del ataque contra el autobús en el que viajaban los jugadores del Borussia de Dortmund (BVB), cuya investigación ha dado un quiebro tan inesperado como macabro. Diez días después de la triple explosión que hirió a Marc Bartra y a un policía, la fiscalía federal alemana ha informado de que hay un nuevo detenido. Se trata de un hombre de 28 años ruso-alemán, que soñaba con hacerse millonario haciendo saltar por los aires a los jugadores del equipo alemán y desplomando la cotización del club en bolsa. Las nuevas revelaciones descartan la motivación terrorista, como barajaron los investigadores en un principio.

El acusado se alojó en el hotel de los jugadores el mismo día que ellos, ocupando una habitación en el piso superior. Desde allí especuló con las acciones del club y allí cenó con asombrosa frialdad, poco después de que los artefactos explosionaran, según el relato que reconstruyen la Fiscalía y la prensa alemana.

Fuerzas especiales de la policía irrumpían poco antes de las seis de la mañana en una vivienda en Rotemburgo del Néckar, al suroeste de Alemania. Allí detuvieron a Sergei W., un electricista al que se le acusa de intento de asesinato, querer atentar con explosivos y de causar lesiones graves.

La Fiscalía detalla en un comunicado cómo el detenido compró el día del ataque 15.000 derechos de venta de acciones a futuro del BVB el 11 de abril de este año y planeaba especular con sofisticados instrumentos financieros, los llamados derivados, aprovechándose de un previsible desplome del precio de las acciones del club tras el atentado. Sergei W. creía que contaba con información privilegiada.

El sospechoso compró tres derechos de venta, el paquete más importante a través de la dirección de IP del hotel L´Arrivée, el mismo en el que se alojaban los futbolistas y del que partieron minutos antes de las explosiones. El relato de la Fiscalía indica que Sergei W. habría contraído un crédito el 3 de abril pasado con el que financió la compra del derecho de venta a un precio determinado y en un plazo máximo fijado para el 17 de junio próximo. El crédito contraído ascendería a 40.000 euros, según publica Der Spiegel, que detalla también que la policía vigilaba desde hacía una semana al sospechoso, que además había recibido instrucción militar en el pasado. El sospechoso pensó que tras el ataque, el valor del club se desplomaría y él se enriquecería tras haber asegurado la venta de sus títulos a un precio fijado anteriormente. Cuanto más bajaran las acciones del BVB, más dinero ganaría el criminal, que tenía asegurado un cierto precio de venta de antemano. Según los cálculos del diario Bild, Sergei W. podría haberse embolsado unos 3,9 millones de euros.

La prensa alemana detalla que realizó el sospechoso, trabajador de una central termica, realizó la transacción a través del banco Comdirect, que alertó a la policía de movimientos sospechosos en una cuenta. Contactado por este diario, el banco alemán explica que por razones legales no puede confirmar la alerta, pero sí explican que informan a la policía cuando tienen sospechas de que se encuentran ante un caso de lavado de dinero o de terrorismo. Las sospechas pueden levantarse por ejemplo, cuando hay una transacción muy elevada.

Un filete

La frialdad con la que actuó el supuesto autor del ataque es espeluznante. El sospechoso había reservado en marzo una habitación en el hotel de los jugadores para dos periodos. Uno, del 9 al 13 de abril y otro del 16 al 20 de abril, ya que en el momento de la reserva, no estaba clara la fecha de celebración del partido de la Champions que enfrentó al Borussia contra el Mónaco y que tuvo que ser aplazado durante 24 horas por el ataque. En el hotel, habría insistido en que quería una habitación con vistas al lugar del atentado, según publica Bild. El mismo diario asegura que el sospechoso llamó la atención de los empleados del hotel tras la explosión. Mientras el resto de huéspedes corrían asustados, Sergei W entró en el restaurante y se pidió un filete.

El comunicado de la Fiscalía detalla además que los tres explosivos fueron colocados a lo largo de 12 metros en la carretera por la que pasó el autobús. El segundo artefacto sin embargo, quedó situado un metro por encima del resto y esa elevación evitó que la metralla impactara de lleno en el autobús. Los investigadores han encontrado metralla a 250 metros de distancia del lugar del ataque. Todavía se desconoce el tipo de explosivo utilizado. De momento, no hay indicios de que el acusado contara con cómplices para el ataque, según ha indicado Frauke Koehler, portavoz de la Fiscalía.

El ataque contra el Borussia ha dado pie a numerosas especulaciones sobre la posible autoría en los últimos días. En el lugar de las explosiones, los agentes hallaron tres cartas idénticas con una supuesta reivindicación islamista. Los expertos en terrorismo islámico en seguida dudaron de la autenticidad de las misivas. Aún así, la pista islamista fue la que cobró fuerza durante los primeros días, en los que se detuvo a un joven iraquí, exmiembro del Estado Islámico y vecino de Wuppertal, localidad cercana a Dortmund. Los investigadores barajaron asimismo la posibilidad de que se tratara de un hooligan o un neonazi. “Las cartas fueron analizadas por expertos islamistas. Existen dudas considerables sobre un origen islamista”, indica el comunicado de la Fiscalía.

El ataque al Borussia de Dortmund, que en Alemania es casi una religión más que un club, se produce en un momento en que de creciente sentimiento de vulnerabilidad entre los ciudadanos ante posibles ataques terroristas. El pasado diciembre, un conductor suicida atropelló y mató a 12 personas en un mercado navideño en Berlín. La seguridad se ha convertido además, en uno de los temas de la precampaña de las próximas elecciones alemanas previstas para finales de septiembre. Es también una de las preocupaciones que planea sobre las elecciones regionales de mayo en Renania del Norte-Westfalia, el Estado donde se encuentra Dortmund.

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