Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Protestas pagadas, el último capricho de los empleados de Silicon Valley

Las empresas de tecnología dan tiempo libre a los trabajadores para que se manifiesten contra el presidente Trump

Protesta en Nueva York contra el decreto de Trump sobre la entrada de inmigrantes, el pasado enero
Protesta en Nueva York contra el decreto de Trump sobre la entrada de inmigrantes, el pasado enero

Lo más parecido al activismo que se conocía en Silicon Valley era una campaña en Change.org o, en el peor de los casos, una tormenta de tuits que lleguen a convertirse en trending topic. A los ciberactivistas de clic y toques de ratón se les ha apodado, con cierta razón, víctimas del slacktivism, una mezcla entre vaguería y escasa implicación para reflejar que lo que parece una candente corriente de opinión no tiene impacto más allá de las pantallas.

La llegada del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha cambiado esta costumbre. Los techies están descubriendo que necesitan pisar la calle para tener impacto y hacer que su malestar sea palpable. La primera experiencia fue durante la primera orden ejecutiva referida a la inmigración, cuando comenzaron a arremolinarse en el aeropuerto de San Francisco. No faltó Sergey Brin, cofundador de Google, que llegó a Estados Unidos con estatus de refugiado. Después, con la marcha de las mujeres del 8 de marzo.

Desde entonces, las concentraciones alrededor del Civic Center, el Ayuntamiento de San Francisco y la plaza de las Naciones Unidas es una constante. La reducción y endurecimiento del proceso para acceder al visado H1B, el más común en Silicon Valley, ha terminado por caldear los ánimos. Hay que tener en cuenta que el 36,7% de los trabajadores de la zona son extranjeros. Nadie puede sentirse ajeno, porque siempre conoce a un afectado.

El gancho para trabajar en Silicon Valley son los 'perks', o premios que reciben los empleados para evitar su fuga

Ahora, la última moda es pedir a las empresas que les dejen tiempo libre para protestar, dentro de su horario de trabajo. El dinamismo del mercado tecnológico hace que contentar a un empleado sea casi tan complicado como satisfacer a un hijo caprichoso. Uno de los temas de conversación favoritos y gancho para conseguir nuevos perfiles es, precisamente, los denominados perks, los beneficios o premios que reciben los empleados para evitar su fuga. Fauna, una startup con 13 empleados, ha decidido permitir que las manifestaciones en horario laboral no tengan penalización.

En la Misión, el barrio latino de San Francisco, y el favorito por los techies por su mezcla de buen tiempo, bohemia y hipsterismo, se reparten octavillas llamando a una gran manifestación y paro laboral el 1 de Mayo. Facebook ya ha emitido una nota en la que da permiso para ausentarse: “Tenemos el compromiso de ser un lugar de trabajo inclusivo, donde los trabajadores se sienten cómodos expresando sus opiniones y lo que es importante para ellos. Apoyamos que nuestra gente se una al Día Internacional de los Trabajadores y sus esfuerzos para hacer que se tengan en cuenta las condiciones de justas”.

Se espera que pronto Apple, Google y las grandes del Valle tomen una postura similar. Este beneficio poco tiene que ver con algunos clásicos de la zona. En Google, por ejemplo, fue famosa su barra de sushi con creación de niguiris y makis al momento. También lo es la bolera de su sede principal, situada junto la lavandería. La idea que subyace en este tipo de iniciativas, al menos inicialmente, es que si resuelven tareas cotidianas de los empleados, podrán emplear más tiempo en ser productivos en el trabajo. Por eso es normal ver trailers en la puerta de Dropbox o Airbnb que sirven de dentista o peluquería exprés.

Los masajes, las clases de yoga, las salas de juegos, los talleres de música son normales… La posibilidad de llevar al perro, siempre que no ladre y sepa comportarse con otros canes y humanos, es bastante normal. El perk más deseado, a la vez que uno de los más criticados, son las vacaciones infinitas. Daría para una cascada de comentarios y opiniones. Mientras que unos lo ven como la puerta abierta al abuso, otros se basan en datos para demostrar que se consigue un mejor rendimiento cuando se confía en profesionales responsables.

Cabe recordar que en Silicon Valley, en las empresas de reciente creación y gran crecimiento, las startups, es muy habitual dotar a los trabajadores de un buen paquete de acciones para que se involucren y sientan como suya la compañía. Asumen tanto la labor que terminan por no respetar el mínimo de vacaciones pagadas, normalmente entre dos semanas y 20 días, para competir entre ellos por todo lo contrario, contando la cantidad de días seguidos que llevan sin faltar en su puesto. Sin duda, solo en Silicon Valley.