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Dubái da nombre a un nuevo tipo de letra

El golpe publicitario destaca la vocación innovadora del emirato, pero también algunas sombras

La fuente Dubái, en un ordenador.

Dubái se ha convertido en la primera ciudad del mundo en tener su propio tipo de letra en el entorno digital, tras un acuerdo con Microsoft. La idea de crear una fuente con su nombre constituye un nuevo golpe publicitario del dinámico emirato, que es conocido por albergar el edificio más alto y el mayor centro comercial del mundo. A pesar de la fanfarria con que se ha presentado, no es la primera ciudad que recurre a esa fórmula para promocionar su imagen. Pero la pretensión de las autoridades de convertir el tipo en un símbolo de “expresión personal” ha suscitado escepticismo habida cuenta de las limitaciones a la libertad de expresión en Emiratos Árabes Unidos, la federación a la que pertenece Dubái.

La letra Dubái, que puede descargarse aquí, es obra de la especialista libanesa Nadine Chahine junto a un equipo de la agencia Monotype con la que trabaja. Está diseñada tanto para el alfabeto árabe como para el latino, por lo que servirá para escribir en 23 idiomas distintos. El objetivo del proyecto era salvar la distancia gráfica entre los textos en ambas escrituras de forma armoniosa. También intenta, según se describe en su presentación, reflejar la peculiar naturaleza de la ciudad-Estado y promover su posición global.

Ese objetivo de combinar la influencia exterior con las tradiciones propias es tanto una vocación como una necesidad dada la particular composición demográfica de Dubái, donde la población autóctona apenas llega al 10% del total, el 85% de los extranjeros son inmigrantes asiáticos y el inglés es la lingua franca entre sus habitantes. Ya en 2014, el Departamento de Turismo del emirato sorprendió con un logo que permite leer su nombre tanto en árabe como en inglés.

Está diseñada tanto para el alfabeto árabe como para el latino, y sirve para escribir en 23 idiomas distintos

“El lanzamiento del tipo Dubái para el mundo es un paso muy importante para nosotros como parte de nuestros continuos esfuerzos para ser los primeros en el mundo digital”, declaró el príncipe heredero del emirato, Hamdan Bin Mohamed al Maktum, en la presentación el pasado domingo.

En esas palabras, “en el mundo digital”, está el quid de la cuestión. “El tipo (…) está optimizado para leer en la pantalla y disponible de forma gratuita para su uso en diseño, textos de oficina e incluso en aplicaciones”, afirma la nota de prensa.

Dubái no es ni mucho menos la primera metrópolis en asociarse con un tipo de letra. La Roman, cuyo nombre deriva de Roma, es desde el siglo XV uno de las tres fuentes clásicas del alfabeto latino, luego actualizada como Times New Roman. Pero más recientemente, otras ciudades han vinculado su imagen a formas de escritura características, como Londres con la Johnston o Nueva York con la Gotham. Otras, como Estocolmo, Milán o Ammán, la capital jordana, incluso han dado su nombre a la nueva grafía, un gesto que localidades más pequeñas han imitado en un intento de aprovechar el tirón que supone.

El jeque Hamdan, que desde 2008 se prepara para un día relevar a su padre, el emir Mohamed Bin Rashid al Maktum, se ha implicado directamente en “todas las fases” de desarrollo de la letra Dubái. También ha dado instrucciones para que todos los empleados públicos del emirato empiecen a utilizarla de forma inmediata en la correspondencia oficial.

El comunicado del Gobierno de Dubái afirma que el diseño “refleja la modernidad y está inspirado por la ciudad”. Además, insiste en que es “un nuevo medio global de expresión personal” que permite compartir con el mundo “lo que eres, lo que piensas y cómo te sientes”. De hecho, la campaña de presentación del nuevo tipo en las redes sociales se ha hecho bajo la etiqueta #Expressyou (en árabe #عبّر_عن_نفسك). Sin embargo, la libertad de expresión en Emiratos está severamente controlada y las organizaciones de derechos humanos vienen denunciando en los últimos años la detención de activistas locales e incluso de residentes extranjeros que no han medido sus palabras en las redes sociales.